LA SIESTA



“Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo” Albert Einstein

Clara tiene 4 años y es puro nervio. Es de esas niñas que no pueden parar. Va a nivel 4, los más pequeños del segundo ciclo de educación infantil, por lo que todavía tienen siesta después de comer. En los dos niveles siguientes ya no hay, y los niños salen al patio después de comer. Mientras que alguno de la clase de cinco años se duerme tirado en el suelo del patio, Clara se pasa dos horas en una colchoneta sin poderse mover y sin quererse dormir. Clara es el martirio de todos los cuidadores de siestas. Gritos, castigos y amenazas para que se esté quieta y callada y no despierte al resto, pero Clara no se ha dormido ni un solo día durante todo el curso básicamente porque no tiene sueño. Algo no se está gestionando bien y Clara no quiere ir al cole.

El sueño como el hambre no se pueden forzar. Obligar a un niño a dormir, como obligarlo a comer, son dos grandes errores que cometemos como adultos.

Que cada niño es único parece que lo entendemos todos y lo repetimos mucho en el ámbito educativo. Pero nuestras respuestas a estas diferencias no suelen ir acordes a lo que predicamos.

Cuando trabajaba en el cole de Clara, propuse abrir un aula para que los niños que no tuvieran sueño pudieran jugar. Nadie me escuchó. Era una locura. Los niños de 4 años necesitan siesta. Mentira.

Habrá niños que sí, quizá la mayoría. Pero habrá muchos que no. O no todos los días y es algo que deberíamos respetar. Porque tener a una niña en una colchoneta a oscuras quieta y callada durante dos horas creo que es una tortura, no solo para una niña de cuatro años sino para cualquiera.

Por el contrario hay niños más mayores que necesitan descansar. Que se duermen en el suelo del patio. Que se duermen en la alfombra de clase. Porque madrugan mucho, porque pasaron mala noche, porque están enfermos…

Con los bebés pasa algo parecido. En el aula de bebés duermen siesta de mañana. En la clase de 1 a 2 años ya no. Nadie piensa que hay niños de esa clase que nacieron solo un día mas tarde que los de la clase de bebés y solo por eso se les niega la posibilidad de descansar por las mañanas si lo necesitan.

Tenemos rincones de matemáticas, de lectura, de juego simbólico y no se nos ocurre tener una colchoneta para ofrecerle a un niño que quiera descansar.

Es nuestro deber como maestras permitir que un niño tenga cubierta sus necesidades básicas. Y el sueño por si se nos ha olvidado, es una de ellas.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Cómo tú, también pienso que deberíamos dar todas las opciones posibles y ayudar a cubrir las necesidades de cada persona única.

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    1. Así es Marcos. Dar opciones es mucho más fácil de lo que pensamos. Solo hay que querer.

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  2. Ay, qué terrible es. Sí que estamos conectadas, por un motivo tremendo pero por una causa que merece mucho la pena. Voy a compartirte. Es importante que esto se sepa, que reflexionemos, que no se normalice. Muchas gracias por escribirme para que pudiera leerlo. Un abrazo fuerte. Yo no pierdo la esperanza.

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  3. Gracias por mostrarlo tal como es. Es un dolor ver a niños que no quieren dormir y les obligan. Que no tienen hambre en ese momento pero es LA HORA de comer. Incluso del agua. Y cuando están con el control de esfínteres, la tortura de dejarles sobre el orinal sentados hasta que hagan un poco de pis. Por favor, no se puede poner horas a los actos naturales. He estado de prácticas en dos escuelas infantiles (pública y privada) y era igual en ambas.
    Duele mucho y no puedes hacer nada porque eres la de prácticas. Tienen cosas buenas, claro, pero las rutinas lo llevaba fatal porque no son respetuosas con los horarios individuales de cada niño, pero claro...con todos los niños que hay en el aula, lo tienen que justificar de alguna manera.

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    1. Hola, así es. Tal cual lo cuentas. Y da igual que tipo de escuela sea, lo he visto en todas. Privadas y públicas. Justo escribí sobre el control de esfínter. Se hacen auténticas barbaridades. Y cuando estás de prácticas te horroriza porque vas con toda la ilusión y te encuentras de bruces con la realidad. Lo más peligroso es normalizarlo y acabar haciéndolo como me pasó a mí, porque todo el mundo lo hacía. Un saludo!

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