LOS CUENTOS

"La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz." Jorge Luis Borges

Vega tiene 6 años y ha sido alumna mía desde los 3. Siempre le han encantado los cuentos como a casi todos los niños, pero lleva un tiempo en el que durante la asamblea, cuando leemos algún cuento ella se quiere ir a jugar así que empieza a hablar con una amiga, se distrae, molesta... Yo le digo que es la hora del cuento y que hay que atender, pero eso a Vega le da igual. Vega hay días que tampoco quiere ir al cole.

La gran mayoría de niños adora los cuentos. Desde que tienen un añito, incluso antes, les encantan que les cuenten historias y ver los dibujos. Es una actividad placentera y debería serlo durante toda la vida.

En el mismo momento en el que obligamos a un niño que no quiere a ver un cuento, a leer u libro, a escuchar una historia, nos estamos cargando de un plumazo el placer que conlleva. "Se puede obligar a prestar atención pero no a mostrar interés." Una frase que me encanta y que todo maestro debería grabarse a fuego. ¿Cuál es el fin último de leerle un cuento a un niño? ¿Qué estamos fomentando? ¿Qué queremos cultivar en ellos?

Según los niños se van haciendo mayores la cosa se complica. Al principio, cuando son muy pequeños, les interesa casi cualquier historia, los cuentos para las primeras edades les llaman mucho la atención y no suele haber problema, pero cuando van creciendo todas las historias ya no les interesan a todos o quizá no en ese momento porque están interesados haciendo otra cosa.

Además hay un punto clave en esto y es cuando pasamos de leerles cuentos por el mero hecho de disfrutar, a cuando queremos conseguir objetivos "pedagógicos" con ello, y entonces los cuentos nos sirven para introducir cosas que queremos que aprendan y lo hacemos por obligación. Y ellos, como es lógico, lo notan y rechazan.

Después en primaria la cosa continúa y es aún peor. Deben leer cuentos y hacer dibujos o resúmenes, para acabar en secundaria leyendo el Quijote. Y todo esto se hace en teoría como fomento de la lectura.

¿Y entonces no les leemos cuentos? Claro que podemos leer cuentos, pero lo respetuoso para todos, para el que escucha y para el que lee, sería leer cuentos para aquellos que quieran escuchar. No hace falta que todos los niños hagan lo mismo en el mismo momento, no es normal que todos los niños quieran hacer lo mismo a la vez, es imposible y solo sirve para que nos enfademos y tengamos que andar peleándonos con ellos.

No tengamos miedo, el niño que no escucha el cuento, no se está perdiendo nada imprescindible. Algo entretenido en todo caso, pero tendrá sus razones. Si no quiere oírlo será porque algo mucho más interesante para él querrá hacer y eso es mucho más importante. Forzarle a ello solo hará que le cree más rechazo.

La lectura no se puede imponer ni forzar, y esto hay que tenerlo claro para empezar a actuar en consecuencia desde que los niños son muy pequeños. Después nos preocuparemos por esos adolescentes que no quieren coger un libro, y huyen de todo lo que tenga más de 140 caracteres, y no sabremos exactamente qué hemos hecho mal.


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