EL BAILE DE FIN DE CURSO



“Y si nos estimulasen el pensamiento en vez de decirnos lo que tenemos que hacer.”

Sara tiene cuatro años y es una niña muy especial. No le gustan muchos las multitudes ni ser el centro de atención. Llevamos quince días ensayando el baile para el festival de fin de curso pero en el momento en el que ha empezado a sonar la música, Sara se ha visto ahí arriba del escenario, con tanta gente mirando que se ha puesto a llorar y ha venido hacia mí que estaba abajo intentando marcar los pasos para que los niños me siguieran. La he cogido, se ha calmado y se la he dado a sus padres. La música seguía sonando, pero como yo he dejado de hacer los movimientos, los niños se han perdido. Ha sido un desastre. Los padres aplauden igual. Les hace mucha ilusión este tipo de cosas. Yo estoy cabreada. Todo esto me parece ridículo. Esto es una fiesta donde los que deberían disfrutar son los niños, no solo los padres y no estoy segura de que todos los niños de cuatro de años disfruten con esto. Sara llevaba quince días que no quería venir al cole.

Hace quince días nos dieron los horarios de ensayo para bajar con los niños a practicar el baile al salón de actos.

Primer día:

"Chicos vamos a preparar un baile para los papás. Da igual que no os guste la canción, que no os guste bailar, que os de vergüenza, que no os apetezca, que no queráis. Vamos a hacerlo."

14 días posteriores:

"Julia ponte aquí. Pedro tú aquí. No te muevas Lucas. He dicho que ahí quietos hasta que suene la música. Raquel agárrate a tu compañero. Ahora vuelta, ahora saltamos, ahora cambiamos de lado. ¿Sonia qué haces? Tienes que ir para el otro lado. Luis no es momento de jugar, estamos ensayando. Sofía un paso atrás. ¿No te acuerdas? Venga, muy bien. ¡Raúl vale ya! Como sigas así te quedas sin bailar. Lidia fenomenal, es la única que se sabe los pasos. Venga, yo voy a estar debajo y tenéis que mirarme por si se os olvida. ¿Sara no quieres bailar? Tus papás quieren verte, si no se pondrán tristes. ¡Andrea para! ¡Carlota basta! ¡SILENCIOOOOO!"

Que queréis que os diga. A mí no me compensa y creo que a ellos tampoco. Es cierto que luego queda muy bonito y muy vistoso. Es cierto que a los papás les encanta, pero mi experiencia me dice que la mayoría de niños de cuatro años no disfrutan con esto. A muchos no les gusta bailar, muchos no están preparados para seguir tantas órdenes, muchos no aguantan tanto tiempo haciendo la misma actividad, muchos no quieren hacerlo, muchos prefieren bailar a su ritmo, muchos no están maduros para entender los pasos, muchos prefieren jugar a ensayar, muchos se aburren soberanamente y yo me siento totalmente frustrada porque no deseo hacer esto, porque para conseguirlo tengo que pelearme con ellos y no quiero. Tengo que obligarles y no quiero. Tengo que gritar y no quiero. Pero no pasa nada, los papás aplaudirán y harán muchas fotos e incluso vendrán a felicitarme y eso debe ser que es lo único que importa.

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