LOS RINCONES


“La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle” M. Montessori

Carlota tiene 6 años y le encantan los cuentos, las letras, escribir palabras. Cuando llega el momento de jugar por rincones ella siempre quiere ir al rincón de biblioteca, pero hay cinco rincones, y cinco días en una semana. Ya fue el lunes así que hasta el lunes próximo no le tocará volver. En cambio Raúl y Marcos tienes que ir hoy a ese rincón y no les interesa nada, por lo que empiezan a lanzar los cuentos y tengo que intervenir. Me dicen que se aburren, ellos quieren ir al rincón de los coches. Carlota no quiere ir al cole.

La metodología por rincones es de las que más se están utilizando ahora mismo en educación infantil. Para el que no la conozca, se trata de dividir el aula en espacios en los que se realizan diferentes actividades. Suelen estar la biblioteca, el matemático, arte, juego simbólico. El origen, entre otros, viene de María Montessori y sus diferentes áreas de aprendizaje. Tiene muchos aspectos positivos, como la autonomía y la posibilidad de realizar actividades diferentes simultáneamente pero el problema está en que no se ha entendido bien el propósito y al final no deja de ser una actividad dirigida más. Si al final yo llevo el control para que todos los niños pasen por todos los rincones a lo largo de la semana, ¿dónde está la autonomía?, ¿para eso no sería más cómodo hacer todos lo mismo a la vez?. No tiene ningún sentido.

No deja de ser lo mismo de siempre disfrazado de algo más libre y alternativo (aunque tenga 100 años de antigüedad) . La base del trabajo por rincones es buena. Delimitar los espacios y que haya diferentes actividades es enriquecedor y acaba con la imposición de que todos los niños tengan que hacer lo mismo y a la vez, entendiendo que es antinatural que todos tengan los mismos intereses en el mismo momento. Pero en cuanto obligamos a los niños a ir al rincón que nosotros queremos que vayan, porque entendemos que nosotros somos los que mejor sabemos lo que necesitan, cometemos el error de estropear lo que en un principio era una buena propuesta.

Esto ocurre otra vez por el miedo. Tenemos miedo de que los niños no aprendan lo que se supone tiene que saber un niño de seis años. Miedo a que si siempre quiere estar viendo cuentos, quizá nunca aprenda los números. Y eso no va a pasar. Cada niño tiene unas cualidades, unos intereses, unos gustos, y unas ganas. Hay niños que con cuatro años quieren aprender las letras y hay otros que solo quieren jugar, es normal y bueno que no todos seamos iguales. Eso no quiere decir que nunca le interese escribir, pero no es su momento y hay que respetarlo. Ya querrá. Un niño no quiere ser analfabeto, eso seguro.

Una vez leí una frase que decía “Cometemos el error de que cuando nuestro hijo es excelente en pintura pero va mal en matemáticas, le apuntamos a clases de matemáticas en vez de a las de pintura”. Luego nos sorprendemos porque somos un país en el que no se fomenta la excelencia, donde los genios pasan desapercibidos (y creo que todos somos genios en algo) y en el que si destacas en algo se te ignora porque al final lo que importa es que pases por el mismo aro que pasan todos y aprendas lo mismo y a la vez que todos los demás. No vaya a ser que te salgas del redil.

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