NO




Desgastamos el NO con los niños. Decimos más noes de los que necesitan, de los que pueden comprender, de los que pueden cumplir.

Ya desde que son bebés se lo decimos mucho, queremos que aprendan que hay cosas que NO y punto. Pero los bebés no pueden entendernos.

Mucha gente me ha dicho a lo largo de mi trayectoria profesional que sí te entienden, porque cuando van a coger eso que no deberían los niños te miran, como sabiendo que les vas a regañar, como retándote. Por favor, un bebé no te reta, a un bebé como mucho le hace gracia tu reacción y entonces lo repite, o se sorprende por tu cara de enfado y quiere comprobar si la vuelves a poner.

Y lo peor es que a veces sí parece que han aprendido y dejan de tocar ese jarrón de la mesa después de que le has regañado 20 veces. Pero no por comprender que no se toca eso que es delicado (es un bebé y no da para tanto), no porque es un niño bueno y obediente, sino por miedo, para agradarnos, porque ha visto que si lo hace se enfadarán con él o le gritarán y quiere evitar eso. Y obviamente, creo que ese no es el tipo de relación que queremos tener con nuestros niños.

Yo también digo que no muchas veces a mi hija de un año y en realidad no se por qué lo hago. No pretendo que aprenda nada, se que no lo hará. Lo digo que cuando hay peligros, porque hay cosas con las que no puede jugar porque son peligrosas, pero es mi tarea no ponerlas a su alcance y si aun así llegan a sus manos, la intento distraer y siempre se me escapa un NO que no es un reproche sino casi un no para decirme a mí misma que tengo que tener más cuidado la próxima vez.

Si un niño pequeño pudiera realmente entender el NO, no pondríamos protectores de enchufe, les enseñaríamos que eso no se toca y ya está. Sabemos que van a ir ahí por mucho que se lo digamos, así que la única opción es protegerlos. Pretender que no toquen cosas que están a su alcance es agotador y desgasta mucho. Además es una pérdida de tiempo.

Cuando ya no son tan bebés, seguimos con el no en todo momento. No te subas ahí, no hagas eso, no corras, no se hace eso. Sobran la mayoría. Deberíamos guardar los NO para cuando sean absolutamente necesarios. Para que tengan valor el día que realmente los necesitemos. Los NO que valen son los que les protegen, los demás suelen estar de más. Todos conocemos a niños que a todo les dicen que no y ya les da igual, la palabra ha perdido todo su significado.

Voto por más SÍ. SÍ puedes subirte ahí, yo me quedo aquí cerca por si te escurres. SÍ puedes correr, si te caes es normal, no pasa nada. SÍ puedes comerte otro bombón, estamos de fiesta. SÍ puedes saltar en el charco, luego te cambio de ropa. SÍ podemos quedarnos un rato más en el parque, ya pondré mañana la lavadora. SÍ puedes saltar en la cama, es divertido, a mí también me encantaba cuando era pequeña (con mi hermana una vez hasta partimos una madera del somier, pero no es nada grave y compensa).

Pensadlo, cuando nuestros niños se hagan mayores y echen la vista atrás todos los noes les pesarán, en cambio serán los síes los que recordarán y les harán sonreír. 

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