Search results: "DEPENDENCIA"

DEPENDENCIA/INDEPENDENCIA

“¡Todos queremos hijos independientes! Que se levanten y se acuesten cuando les dé la gana, que sólo hagan los deberes si les apetece, que decidan por sí mismos si quieren ir a la escuela, que se pongan la ropa que más les guste y que coman lo que quieran… ¡Ah, no! No ese tipo de independencia. Queremos que nuestros hijos sean independientes, pero que hagan exactamente lo que les digamos.” Carlos González
Criar niños independientes está de moda pero hay mucha confusión. Cuando decimos que queremos que sean independientes, en realidad lo que queremos decir es que sean autónomos, que sepan valerse por sí mismos, que se vistan, que coman solos… pero eso nada tiene que ver con la independencia que les estamos imponiendo.
Todos somos seres interdependientes y necesitamos de los demás para vivir pero un bebé muchísimo más. Un bebé es un ser completamente dependiente y pretender que no lo sea es pedirle peras al olmo, es algo imposible. Dejándole dormir solo llorando o no cogiéndole cuando lo pide, no genera independencia. Es cierto, el niño dejará de llamar a mamá, pero no porque no la necesite sino porque sabe que no va a venir. Es muy diferente y muy triste.
La autonomía, como pasa con muchas otras cosas en la educación, no se enseña, se adquiere por madurez. Lo único que tenemos que hacer es dejarles. Dejarles comer solos, aunque manchen, dejarles jugar solos y no dirigir su juego ni intervenir constantemente. Les imponemos cosas para las que no están preparados pero luego no les dejamos que tomen decisiones o que hagan cosas que quieren porque creemos que nosotros las hacemos mejor, vestirles, darles de comer o no dejarles trepar o subirse a ciertos sitios porque nos da miedo. 
Pero es que mi hijo ya sabe hacerlo y aun así hay veces que no quiere. Bueno claro, como nos pasa a todos. Yo también se hacerme la cena, pero a veces estoy cansada y me gusta que me la hagan. Autonomía sí, pero con alegría. No se trata de obligar a que hagan cosas sino darles la oportunidad de que aprendan. Los niños pequeños quieren ponerse los zapatos, limpiar, cocinar y no les dejamos y años más tarde pretendemos que quieran hacerlo.
Pero volviendo a la dependencia. Existe un miedo. A que si respondo a todas las necesidades del niño, si le cojo mucho en brazos, si respondo cada vez que llora, será siempre un ser dependiente. Y no, lo cierto es que es todo lo contrario. Un niño que se siente querido y que es atendido se muestra más independiente porque sabe que si lo necesita su figura de apego va a estar ahí. Por el contrario, el que no ha tenido sus necesidades afectivas cubiertas, podrá parecer de primeras que es muy independiente, pero en realidad lo que le pasa es que ha desistido de pedir y por lo tanto, siempre será un ser más dependiente, de cariño, de contacto, de atención… demandando siempre aquello que no tuvo.
En conclusión, a los bebés, todo lo que nos pidan, brazos, consuelo, cariño, como la teta, a demanda. Y cuando empiecen a mostrar signos de autonomía, querer vestirse, querer comer solos, querer trepar, tomar decisiones… dejémosles, acompañémosles y nos estaremos asegurando una persona libre y autónoma. Porque la autonomía se aprende ejerciéndola.

QUIERO QUE MI HIJO RECOJA LOS JUGUETES

“No se puede obligar a nadie a hacer algo que no le nace de corazón.”

A próposito de una reflexión que puse hace unos días, en la que decía que igual que no está bien decirle a tu pareja que hasta que no recoja los platos no vais al cine, tampoco lo está decírselo al niño con los juguetes, me llegaron varios mensajes de papás preocupados porque sus hijos sean responsables. “Tendrán que recoger lo que han sacado ¿no? Yo quiero que sea responsable”, decían.

La responsabilidad, la empatía, compartir, dar un beso, pedir perdón, la autonomía, la independencia… todas estas cosas relacionadas con la educación salen de dentro, no se pueden forzar. He hablado de ellas en muchos artículos anteriores porque es un tema que se repite y me doy cuenta de que existe una idea equivocada y generalizada de que podemos hacer que otra persona sienta lo que no siente.

Cuando obligas a otro niño a hacer lo que no sale de sí mismo, no le estás enseñando nada sobre eso. Obligar a otro a compartir, forzarle a ser autónomo o a recoger no le hará ni más empático ni más independiente ni más responsable.

La responsabilidad tiene que ver con reconocer y aceptar las consecuencias de algo. Uno aprende a ser responsable a través de la propia experiencia, equivocándose y aprendiendo de los errores.

Como explicaba en el post de las consecuencias lógicas, confundimos muchas veces esto con los castigos. Si un niño no recoge sus juguetes y le dejas sin ir al parque, le estás castigando. Eso jamás le hará una persona responsable. Como mucho sumisa.

La responsabilidad se aprende cuando me dejan experimentar las consecuencias. Por ejemplo: Me llevo un juguete al cole, no estoy pendiente de él y lo pierdo, me gasto la paga el primer día y no me queda dinero, si no echo a lavar la ropa sucia no tengo ropa limpia, si insulto a ese niño no quiere jugar conmigo…

Uno se hace responsable en la medida en que puede vivir en libertad y experimentar las consecuencias. Nadie puede hacerte responsable. Nadie te puede obligar a hacer lo que no quieres. Si no nace de ti no es responsabilidad es obedicencia.

Para conseguir que un niño haga lo que no quiere hacer tienes dos opciones, obligarle a la fuerza o mediante premios, castigos, chantajes y amenzas. Las dos son una falta de respeto y un abuso de poder. Y ese no debería ser el modo correcto de relacionarnos con nadie.

Tenemos que aceptar que los niños no son siempre como nosotros queremos que sean. Podemos mostrarles valores a través de nuestro ejemplo, ser empáticos con ellos para que lo sean con los demás y respetar que no quieran hacer lo que nosotros les digamos.

Vale, y entonces ¿cómo hago para que recoja? Dependiendo de la edad puedes explicar, invitar a recoger, decirle por qué es importante recoger, que tú le ayudas, que lo haces tú hoy por él, pero sobre todo tener claro que puede elegir no hacerlo y no pasa nada (recoger para un niño no es importante ni tiene valor). Y no tener miedo, eso no hará de él un irresponsable y mejorarás enormemente tu relación con él si dejas de lado los castigos y amenazas.

¿Recogerá algún día? Quien sabe… Igual un día no encuentra algo por el desorden y decide recoger, igual le agobia el caos y decide recoger, o igual se hace mayor, se independiza, sigue pensando que no le importa el desorden y decide no recoger. Es su vida, tenemos que dejar que experimenten las consecuencias y respetar. Porque tienen derecho a no recoger.

HABLARÉ DE ESTO Y MUCHO MÁS EL 27 DE ABRIL EN EL TALLER DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD EN LEGANÉS, TENÉIS TODA LA INFO EN FACEBOOK, INSTAGRAM Y EN LA WEB. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR CUALQUIERA DE LAS TRES VÍAS. PLAZAS LIMITADAS.

Y si no queréis perderos ningún post, podéis suscribiros al blog para recibirlo en vuestro mail. Tenéis aquí abajo el cajetín.

LOS DEBERES

“Lo siento mamá, todavía nos queda al menos una hora de juego, no puedo hacer los deberes.” FRATO

Habéis sido muchos los que me pedíais que hablara del tema de los deberes. Es un tema que trae de cabeza a padres de niños de todas las edades, porque ya hasta en infantil mandan deberes. Es preocupante, algo de lo que se ha hablado y discutido mucho pero con lo que no se ha conseguido nada porque seguimos igual o peor que antes.

A pesar de que sabemos que no sirven para nada, que roban tiempo de juego y que empeoran las relaciones familiares, seguimos los profes mandándolos y los padres empeñados en que los hagan. Es urgente que ambos cambiemos el chip.

Hay numerosos estudios que demuestran esto que digo. Los países con mejor rendimiento escolar no son los que más deberes mandan. No existe relación entre deberes y mejores notas. En cambio sí hay relación entre excesivos deberes con efectos perjudiciales en el niño.

Esto solo, debería ser determinante para que papás y profes se negarán a continuar mandando a los niños a hacer deberes. Pero cuando hablamos de cambiar algo que llevamos haciendo años siempre aparecen las excusas o los miedos.

Es que tengo que dar el temario y si no nos da tiempo. Es que tienen que aprender hábitos de estudio. Es que tienen que ser responsables. Es que todos los hacen. Es que si no los lleva le van a castigar. Es que refuerzan lo aprendido. Vamos a desmontar esto.

Nadie te obliga como profe a que se hagan todos los ejercicios del libro. El niño pasa seis horas lectivas en el colegio, tiempo de sobra para dar el temario. No se puede usar el tiempo de juego y descanso de los niños para esto.

Respecto a la responsabilidad y los hábitos de estudio, los deberes consiguen todo lo contrario. El niño sale cansado del cole, después de ocho horas y necesita desconectar. Hacer deberes consigue que aborrezcan más aún el estudio, quieren hacerlo rápido para irse a jugar, les supone una carga que más que conseguir responsalibilidad consigue obediencia. Porque ser responsable sale de dentro, nadie te puede forzar.

Lo de que refuerzan lo aprendido ya os he comentado que hay muchos estudios que desmienten esto. Es obvio. Llega un momento en que tú cabeza necesita descansar. Seguir haciendo ejercicios no hará que mejore mi comprensión. El niño que va bien los hará bien y el que va mal los hará mal.

Y respecto a los padres aconsejo siempre lo mismo: Lo primero es pelear con quien haga falta para que se eliminen los deberes del centro (sé que es complicado a veces). Hay leyes que defienden este derecho y ciudades y ecntros que lo han conseguido.

Si esta opción no es posible yo me negaría a que mi hijo los hiciese. Le permitiría no hacerlos y le explicaría al maestro las razones. (Siempre que esto no genere problemas al niño o con el centro).

Y si no te queda más remedio siempre puedes decirle que lo haga rápido para irse cuanto antes a jugar sin darle importancia ninguna al resultado o incluso “ayudarles mucho” para que acaben cuanto antes y poder así disfrutar del poco tiempo que algunos padres tienen con sus hijos para hacer cosas interesantes, divertidas y que partan del interés del niño, con las que seguro aprenderá muchísimo más.

Los deberes no es solo que no sirvan de nada es que estropean las relaciones familiares. Son fuente de conflictos, castigos, chantajes… Entorpecen más que ayudan. Son un incordio para padres y para niños que ya con cuatro años tienen que leerse un libro cada fin de semana y hacer un dibujo. Esto hace que la dinámica familiar se tenga que amoldar a los deberes, discutir con el niño el domingo a última hora porque no lo ha hecho y lo peor de todo, consigue lo contrario de lo que pretendía. Si querían fomentar la lectura y el dibujo, han conseguido que el niño no quiera leer y odie pintar

Los deberes generan estrés en los niños. Pero no solo en los que los hacen, también en los que se escaquean y prefieren jugar pero están sufriendo por si los van a castigar o a pillar sin ellos. Un niño no debería estar jugando sintiéndose mal porque no ha hecho los deberes ni dejando de disfrutar un segundo por hacerlos. #BASTADEDEBERES

OS RECUERDO QUE EL 27 DE ABRIL HAY TALLER DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD EN LEGANÉS, TENÉIS TODA LA INFO EN FACEBOOK, INSTAGRAM Y EN LA WEB. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR CUALQUIERA DE LAS TRES VÍAS. LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

Y si no queréis perderos ningún post, podéis suscribiros al blog para que os lleguen al correo. Podeís hacerlo aquí abajo.

MONTESSORI NO PERO SÍ

“Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad.” M. Montessori

Hace unas semanas escribí un post en el que hacía una crítica de varios aspectos que no comparto de la pedagogía Montessori. Podéis leerlo aquí.

Hoy quiero hablaros de qué cosas sí me gustan y cuáles me parecen útiles para llevar al aula. Porque aunque creo que el error que se ha cometido con el método es que se ha quedado obsoleto y no se ha revisado, no puede negarse que la doctora era una genia y que hay muchas cosas de su pedagogía que a día de hoy siguen siendo muy interesantes.

Si eres maestro de 3-6 años y quieres llevar Montessori a tu aula de una forma flexible, te recomiendo este libro Las leyes naturales del niño. El experimento de una maestra que quiso hacer Montessori en un aula pública y fue un éxito. Está muy bien explicado y aunque no comparto como hace el acompañamiento emocional de los peques, creo que merece la pena.

Ahora sí, cosas con las que me quedo del método Montessori:

-Sus materiales, son atractivos para los niños, interesantes, permiten al niño aprender sin necesidad del adulto (o con muy poca ayuda), son manipulativos, permiten aprender jugando. Tienen un orden y una secuncia lógica para aprender por ejemplo a leer o las matemáticas que facilitan al niño los aprendizajes permitiendo que sean muy amenos. Son caros, es cierto. Pero hay muchísima info en internet para hacer material Montessori casero.

-La mezcla de edades. Esto es un punto clave del método y me parece interesantísimo. Es difícil de hacer en escuelas tradicionales, (en el caso del libro la chica pidió autorización para hacerlo). Es tan antinatural meter a los niños nacidos en el mismo año en la misma clase… Todos tendrán las mismas necesidades. Los niños aprenden viendo lo que hacen los mayores, los mayores repasan lo aprendido enseñándoselo a los pequeños. Se crea el sentimiento de comunidad. Cuando todos son de la misma edad surgen más conflictos, hay más competencia y menos cooperación. En edades tempranas los niños no tienen referentes mayores por ejemplo para aprender a hablar. En una clase de 14 niños de un año, un niño escucha a 13 niños hablar igual de “mal” que él. No es muy enriquecedor…

-Educar sin premios ni castigos. Esto me fascinó cuando lo leí por primera vez. Ahora me parece una obviedad. Los niños no aprenden para recibir ninguna nota o recompensa. Tampoco se castiga el error. El error forma parte del aprendizaje. Los niños aprenden movidos por su interés. La motivación es intrínseca.

Proceso individual de aprendizaje. Esto es fundamental. Con Montessori cada niño lleva su propio ritmo de aprendizaje. Todos los niños no aprenden lo mismo a la vez entendiendo que no todos los niños tienen ni los mismos intereses ni las mismas capacidades.

-Libertad y autonomía. El niño tiene libertad de escoger qué hacer en cada momento movido por su interés. El aula está adaptada para que sean autónomos y puedan moverse, coger el material, recogerlo, sin necesidad de ayuda.

-El ambiente. Me gusta que no esté sobrecargado de colores, dibujos y cosas que distraen y sobreestimulan a los niños. Que creemos que les gustan pero que en realidad no necesitan. Un aula sencilla y cálida invita al aprendizaje.

-Y lo más importante, aunque ya dije que no es un método perfecto y que no siempre es respetuoso, es que pone el foco del aprendizaje en el niño. Que se respeta su interés, su tiempo… No se ve al niño como alguien vacío al que llenar de conocimientos sino como alguien que ya tiene todo y al que solo hay que darle un entorno adecuado y una compañía respetuosa para que despliegue todo su potencial.

“HIJITIS”

“Me pregunto si podremos dejar de usar la palabra “mamitis” para describir de manera enferma a niños emocionalmente sanos.” Candelaria Aguado

Hoy quería contaros algo de lo que apenas se habla en maternidad. Hay muchos tabués alrededor de la crianza, muchas cosas que nadie dice y muchas otras que están equivocadas.

Mia ha cumplido recientemente 18 meses. Una edad clave respecto a la separación de la madre. Biológicamente es cuando el bebé empieza a formar vínculos fuertes con otros y a separarse poquito a poco de mamá. (Es un proceso, que nadie piense que el día que los cumple ya no quiere saber nada de su madre).

Pero casualmente ha sido cuando yo también he sentido la necesidad de separarme de ella y he sentido que estaba preparada. La naturaleza es que es muy sabia. Sé que hay mamás a las que les pasa antes y a otras a las que les pasa después. Yo solo os cuento mi experiencia.

Decía que hay cosas en la maternidad de las que no se habla. Y la “hijitis” es una de ellas. Igual que la “mamitis”, la “hijitis” es sana y natural, aunque la sociedad nos haga creer lo contrario, juzgando ambas como algo malo y enfermizo.

El bebé viene preparado para estar con su mamá y obviamente es dependiente. Pero es que la mamá también viene preparada para estar con su cría. No es más que la naturaleza haciendo su trabajo. Es supervivencia. A nadie se le ocurriría decir que un cachorro de perro tiene “mamitis” y que su mamá perra tiene “hijitis”.

Obviamente que no es lo mismo con cuatro meses que con un año. Como digo, es un proceso. Los primeros meses a mi me generaba ansiedad el solo hecho de salir de casa a algún sitio sin ella. Poco a poco esos tiempos han sido más largos y aunque pensaba que nunca llegaría el momento, ahora puedo irme una tarde con amigas sabiendo que ella y yo estaremos bien.

Las mamás a través del parto y la lactancia, generamos hormonas que nos hacen querer estar con nuestros bebés. No es casual las madres que se despiden llorando cuando los dejan en la escuela infantil, que están en sus trabajos deseando que llegue el momento de volverles a ver, que aunque están cansadas y necesitan separarse por momentos de las criaturas, al rato las echan de menos. Las necesitan.

Pero esto no se dice. No está bien visto. Tienes que salir, rehacer tu vida. Le vas a malacostumbrar, le estás malcriando, tienes que hacer cosas en pareja sin niños, tienes que volver a trabajar, tienes que dejarle que esté con otros. Existe una presión con esto. A quien le apetezca hacerlo, estupendo, yo no juzgo a nadie. Lo entiendo además, criar en soledad como criamos es abrumador. Pero no es para lo que estamos preparadas, ni mamás ni bebés. Una cosa es querer y otra que te lo impongan.

Obviando esta realidad, pasan cosas como lo de los permisos iguales e intransferibles. porque se está dejando de lado que madre y padre no son lo mismo, ni física ni emocionalmente después de un parto.

Las mamás recibimos presión por todos lados. Dale teta, pero no más de seis meses. Tienes que ser madre, pero en cuanto lo seas, tienes que separarte del niño. ¿A qué se le tiene tanto miedo? ¿Quizá al sistema no le interesa niños emocionalemente sanos?

Como he explicado otras veces, la dependencia bien respondida es lo que dará lugar a la independencia en un futuro, al contrario de lo que se piensa. Un niño con “mamitis” necesita una madre con “hijitis” para vincularse bien y desde ese entorno seguro podrá el día de mañana independizarse mejor.

LOS MIEDOS


“El miedo es una oportunidad para ser valiente.”
Halloween está a la vuelta de la esquina y quería aprovechar la ocasión para hablar de los miedos infantiles y qué hacer cuando aparecen.
El miedo, como cualquier otra emoción es útil y nos ayuda en la vida. Sentir miedo prepara nuestro cuerpo para huir, pelear… ante un peligro. Este puede ser real o imaginario, pero lo que está claro es que la emoción es positiva y necesaria. Sin el miedo no hubiéramos sobrevivido como especie.
Pero como solemos hacer con otras emociones que consideramos negativas, la rabia, la tristeza… intentamos reprimirlas, que desaparezcan rápidamente, muchas veces porque es lo que hicieron con nosotros y muchas otras porque creemos que así conseguiremos niños más seguros y como suele pasar, ocurre completamente al revés.
Hay varios tipos de miedos. Los reales, miedo al fuego, a los animales…, miedos patológicos que nos bloquean y no nos permiten vivir, (los cuales hay que tratar con especialistas) y los miedos que les trasmitimos nosotros a nuestros niños.

Por un lado les contagiamos nuestros miedos absurdos. Si yo me tenso ante el acercamiento de un perro o de una araña, seguramente el niño hará lo mismo. Somos el reflejo donde se miran, si ven que algo nos da miedo, a nosotros, que somos los que debemos darles seguridad, ellos sentirán que eso que nos asusta ha de ser realmente peligroso. Por tanto intentemos en la medida de lo posible no transmitirles nuestros miedos.
Por otro lado somos los adultos muchas veces los culpables de generarles miedos no reales, con historias, dibujos, imágenes para las que no están preparados, diciéndoles cosas como “va a venir el señor y te va a llevar…”. Luego cuando por la noche aparecen esos miedos no les permitimos vivirlos, no los acompañamos e incluso hay quien se burla o ignora.
Sea el miedo del tipo que sea, hay que aceptarlo y darle al niño seguridad. Como con cualquier otra emoción, si no dejamos que la viva, se quedará dentro. Pretender que un niño tenga menos miedo diciéndole cosas como: “que no pasa nada”, “que eso no da miedo”, “no seas tonto”, “con lo mayor que eres”… conseguimos que el niño sienta que no está bien lo que siente, por tanto que él no está bien. Negar su emoción es negar lo que él es.
Tenemos que darles seguridad con nuestras palabras: “no te va a pasar nada, estoy aquí”, y también empalizar con su sentimiento: “entiendo que esos ruidos te asustan, veo que te da miedo ese animal”, poniendo nombre a la emoción y acogiendo a los niños siempre que lo demanden físicamente.
Muchas veces en nombre de la autonomía y la independencia, dejamos que los niños pasen miedo solos en su habitación. Esto no los hará más valientes sino más inseguros. El proceso para eliminar esos miedos es madurativo y lo vivirán de forma más saludable si sienten que tienen una base segura a la que acudir cuando aparezcan.
En fin, que disfrutéis mucho con los niños si celebráis esta fiesta, pero no olvidéis que los sustos y las bromas son para disfrutar, todos. Si un niño lo está pasando mal, no quiere hacer algo o llora, claramente no está siendo divertido. Respetemos a ellos y a sus miedo, evitemos cosas para las que no están preparados y acompañemos si aparece la emoción.
¡FELIZ HALLOWEEN!

LA AUTOESTIMA


“Amarse a si mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.” Oscar Wilde
Pensad en un bebé de un año. Si os pregunto si tiene la autoestima alta o baja ¿qué diríais? Alta ¿verdad? Porque la autoestima, aunque nos hagan creer lo contrario, no es algo que hay que crear en los niños, basta con no robársela.
Los niños nacen muy seguros de si mismos. Sin miedos absurdos, quieren comerse el mundo, se sienten el centro del universo… pero la realidad es que luego nos encontramos muchísimos niños de tres y cuatro años que han perdido todo eso, se sienten inseguros, necesitan la aprobación externa constante y decimos que tienen una baja autoestima. Es entonces, cuando queremos subírsela, animándoles, diciéndoles que son los mejores… y eso, como os imagináis, no sirve, porque de lo que se trata es de no quitársela.
La autoestima, como su nombre indica, es algo personal de cada uno. Nadie me la puede dar. Por ejemplo, si yo me siento fea, aunque vengan diez amigas a decirme que estoy preciosa, eso no hará que no me siga sintiendo fea. Porque que me sienta fea es MI autoconcepto y solo yo puedo cambiarlo. Esto no significa que no podamos ayudar a los niños a recuperar la seguridad en si mismos, sino que decirles que son geniales y los mejores no les hará sentirse así.

Entonces si los bebés nacen con una gran autoestima. ¿Por qué con los años la pierden, qué hacemos los adultos mal para quitársela? Pues básicamente no atender a sus necesidades primarias. Si yo lloro y mi madre me coge, el mensaje que recibo es que merezco amor, por tanto me quiero. Si yo lloro y mi madre no me coge, yo entiendo que no soy digno de recibir amor, por tanto no me quiero. Sencillo. Otro ejemplo, si yo me enfado y mi profe me rechaza, interiorizo que no soy una persona digna de amor, no me quieren por como soy, entonces no me quiero. Si mi padre me ignora cuando tengo una rabieta, pienso que no merezco atención, no me acepto.

Amar incondicionalmente a un niño, es lo que hará que se sienta seguro de si mismo. Saber que es digno de ser querido por como es y no por lo que hace o deja de hacer. Los castigos, insultos, humillaciones, desprecios que reciben los niños por sus comportamientos, les envían un mensaje de que si hacen eso, no se les quiere, por lo tanto ellos lo van a vivir como que algo en ellos no está bien. Esto no quiere decir que vayamos a dejarles hacer lo que quieran, se trata de quererles a pesar de que hagan cosas que no nos gusten.

La autoestima también tiene que ver con sentirnos competentes y esto tiene mucho que ver con la independencia y autonomía. Pensad en las personas que admiráis porque se muestran muy seguras, son personas que se sienten realizadas con lo que hacen, que tienen un sentido en la vida y son felices haciendo lo que hacen. Para sentirme bien conmigo mismo tengo que sentirme útil. Si no me dejan hacer nada, me lo hacen todo, toman todas las decisiones por mi, es imposible que yo me quiera.

Por tanto, si ya tenemos un niño al que le han quitado su autoestima, tenemos que quererle, quererle bien, aceptarle como es, incluso cuando se equivoque, responder a sus necesidades de atención, de tiempo de calidad, de cariño, de aceptación... y por otro lado darle responsabilidades, hacer caso a sus intereses, que encuentre cual es su sitio y pueda desplegar todo su potencial en él. Que pueda sentirse bien haciendo lo que le gusta.

Pero si queremos evitar todo eso, prevención. Si cuidamos de los bebés y no les robamos la gran autoestima que traen de serie, nos podremos ahorrar en el futuro muchos euros en terapias y libros de autoayuda, ahí lo dejo.

9 MESES DENTRO 9 MESES FUERA O LA EXTEROGESTACIÓN

“El cuerpo de la madre es la mejor máquina jamás inventada: aporta nutrición, temperatura, glucosa, desarrollo cerebral, optimismo y salud con el mínimo coste” Nils Bergman
Mi hija ha hecho 9 meses. Los nueve meses se corresponden más o menos con la edad en que un bebé comienza a gatear y marcan un hito muy importante en el desarrollo del niño. Veamos por qué.
El bebé humano nace prematuro. Somos la única especie, en la que las crían nacen totalmente desvalidas y dependientes. No tienen nada de lenguaje, no pueden moverse ni desplazarse. Esto ocurrió gracias a que pasamos de movernos a cuatro patas a ponernos de pie lo que estrechó la pelvis de la mujer que junto a cerebros cada vez más grandes imposibilitaban un parto de un bebé más mayor.
¿Y a dónde quiero llegar con todo esto? A que los bebés necesitan para su correcto desarrollo seguir viviendo de la forma más parecida posible a la que tenían cuando estaban en el útero, ya que están inmaduros y su cerebro está terminándose de desarrollar.
¿Y cuáles son esas cualidades? Calor. Olor. Movimiento. Ruido. El bebé en el útero se encuentra siempre recogido y abrazado. Eso le da seguridad y bienestar, por eso no es capricho de los bebés querer estar en brazos. No les hemos acostumbrado a eso. No son unos listos porque reclaman eso una y otra vez. Es que lo tienen en sus genes y sirve para algo. Portear a un bebé en una mochila es la forma más cómoda para un adulto de poder ir con un bebé a cuestas. Todos los bebés se quejan cuando los dejamos en el carro y se callan cuando los cogemos en brazos. ¡No saben nada! Decimos irónicamente. Efectivamente lo saben todo.
En el útero también tienen comida a demanda. Las recomendaciones de hace años eran dar el pecho o el biberón cada tres horas e ir espaciando las tomas. Las nuevas recomendaciones hablan de darlo a demanda, es decir siempre que el niño quiera, lo más parecido a lo que sentía el bebé en la tripa.
Alrededor de los nueve meses los bebés comienzan a gatear y quieren estar menos en brazos y más tiempo descubriendo el mundo. Pueden seguir a mamá y desplazarse por sí mismos. Evidentemente esto no significa que ya no necesiten contacto, brazos, alimentación a demanda… sino que poco a poco irán hacia esa independencia que tanta prisa tenemos los adultos porque adquieran.
Podemos relajarnos, no los vamos a malacostumbrar, sino todo lo contrario. Les vamos a dar las mejores condiciones para que se sientan totalmente seguros el día de mañana y puedan volar, para que se desarrollen de la mejor forma posible. De lo contrario, estaremos consiguiendo justo lo que no queríamos, que el niño se vuelva más dependiente, que quiera compensar lo que no tuvo y se pasará el tiempo buscando ese contacto, ese calor, esos brazos que le faltaron, de todas las formas posibles y con las estrategias que tienen y que tan poco nos gustan, como llamadas de atención, rabietas y demandas constantes.
Démosles a los bebés lo que necesitan cuando son bebés y así no tendremos que preocuparnos por esos adultos que se pasen la vida buscando aquello que no tuvieron.

EL ABRIGO

“Si tuviera que hacer una regla general para vivir y trabajar con niños, podría ser esta: Tenga cuidado de decir o hacer a un niño cualquier cosa que no haría a otro adulto, cuya buena opinión y afecto valora” John Holt

Nuria tiene 4 años y es de la clase de al lado. Hoy cuando he ido a salir al patio con mi clase la he visto en la puerta, quieta, mirando al infinito. Todos los niños de su clase estaban fuera jugando. Pero claro, no se puede salir al patio sin abrochar el abrigo y Nuria no se había abrochado. Después de que han salido los niños de mi clase me acerco a ella y le pregunto si quiere salir al patio. Nuria me dice que sí. Le digo que se tiene que abrochar y me dice que no sabe. Le ayudo a encajar la cremallera y ella la sube y sale corriendo. Quiero decirle a su profesora que es una insensible, pero me callo. Nuria tampoco quiere ir al cole.

Se nos olvida en el día a día de nuestro trabajo con niños que estamos con criaturas de tres, o cuatro años, que acaban de llegar al mundo. Se nos olvida, con las prisas, los papeleos, las actividades, y exigencias, que nos necesitan mucho aún. Los queremos tratar como adultos, que sean totalmente independientes, nos encanta hablar de autonomía pero no nos paramos a mirarles a los ojos y ver que necesitan.
Tenemos que frenar. Agacharnos y empatizar un poco con ellos. Preguntarles cómo están. Se supone que estamos ahí para eso. Para enseñarles a abrocharse el abrigo o abrochárselo nosotros si no son capaces aún. Lo de que aprendan los colores o los números no es tan importante.
El cole está plagado de normas absurdas que hacemos cumplir a los niños porque siempre se ha hecho así. No hay reflexión. Niños que tienen que ir en fila agarrándose al babi del de delante, mientras se tropiezan unos con otros. Niños que tienen que ir al baño con las manos en la espalda y sin hablar. Sí, lo he visto. ¿Qué les estamos queriendo enseñar con esto? A cómo comportarse en un cuartel militar. ¿Acaso nosotros nos desplazamos así en fila? ¿Acaso nos movemos por los sitios sin poder hablar? 

Niños de cuatro años que no pueden ir al baño hasta que sea la hora del recreo. Que no pueden hablar durante la hora de la comida. Que no pueden salir al patio sin abrigo.
Salir al patio abrochado, o con el abrigo, porque lo dice la profe, es un sinsentido. Es dar por hecho que un niño de cuatro o cinco años no es capaz de saber si tiene frío o calor. Es en realidad una lucha de poder. Lo haces porque lo digo yo. Me da igual que te pases todo el recreo corriendo y estés sudando. El abrigo te lo pones sí o sí.
¿Por qué no confiamos más en ellos? ¿No les pedimos luego mucha autonomía e independencia? Si a un niño le das la opción de llevarse el abrigo y ponérselo si tiene frío, lo hará. No pasará frío teniendo su abrigo a mano. Son niños, pero no son tontos.
Una vez estando con un pequeño de tres años al que cuidaba por las tardes, al salir del coche, me dijo: ¡No quiero ponerme el abrigo! Hacía un frío polar. Debía ser su lucha eterna con su madre o su profe. Le dije, vale no te lo pongas si no quieres. Te lo saco por si acaso. Me miró como si estuviera burlándome de él, se sorprendió que le dejara hacer una cosa así. Salió corriendo y feliz. A los cinco minutos vino: ¿Me lo pones, porfa? Así de fácil. Me ahorré una rabieta. Deberíamos dejar de pelearnos con ellos. En serio. No son nuestros enemigos.