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LA TRIBU, O LA FALTA DE ELLA

“Par educar a un niño hace falta una tribu entera”. Proverbio africano.
Nunca antes en la historia las madres hemos criado tan solas. Creemos que estamos cansadas por culpa de los bebés, pero lo que cansa no es el bebé en sí, lo que cansa es cuidarlo sola, sin apoyos y tenernos que encargar no solo del bebé sino de todo lo demás.
Vivimos cada vez de una forma más individualista. Hemos pasado de vivir en tribus a no conocer ni el nombre de nuestra vecina de enfrente, que igual hasta tiene un bebé y está igual de sola que tú. Estamos solas, en nuestras casas que se vienen abajo, con un bebé que demanda toda nuestra atención y nuestra familia quizá está a cientos o miles de kilómetros.
Para cuidar hace falta que te cuiden y este sistema está montado para que nadie se ocupe de las madres. No hay apoyo económico, ni social que se encargue de la crianza, por lo que se vive desde una situación de estrés y cansancio.
Antiguamente las familias vivían juntas, cerca. Había redes de apoyo en la comunidad, en el pueblo. Todos cuidaban de todos y las abuelas, tías y vecinas se encargaban de las mamás. Cuidar a un bebé es un trabajo en sí mismo, como contaba en el post de Maternidad y feminismo y exige todo tu tiempo y atención. Si además de eso tienes que preparar la comida, poner lavadoras, comprar, atender hermanos si los hay… llega un momento que no puedes más. Es un trabajo 24 horas, sin desconexión. 

El tipo de crianza que escogemos también influye en esto. Como las madres no tienen apoyos y están cansadas, muchas veces se escogen estilos de crianza que no respetan las necesidades del bebé. Se deja llorar para que se acostumbren, no se les coge en brazos, se les tiene demasiado tiempo en tronas, hamacas y carritos. Los bebés pagan nuestra falta de tribu.
Además estar con un bebé aunque es una personita que te acompaña, no es compañía de la que necesitas. Las madres necesitan relacionarse con otras madres, estar con adultos, para compartir, para hablar, para apoyarse… porque somos seres sociales. Y estar en casa sola con un bebé 10 horas o más no es ni natural ni saludable. El bebé disfruta también de estar en tribu, de escuchar a los adultos hablar, del ambiente de comunidad. 
En la tribu mientras la mamá está dos horas con el bebé en la teta y el papá está cazando, la prima juega con el hermanito del bebé, la tía prepara la comida para todos, la abuela lava la ropa, la amiga charla con ella mientras da teta a su bebé también y después la hermana le tiene al bebé una horita para que ella pueda descansar.
Sí, lo sé, no vivimos en tribus, estaría bien para algunas cosas pero no, vivimos en la sociedad que nos ha tocado, para bien o para mal pero una puede buscarse su propia tribu, incluso aquí. La mía la encontré en las clases postparto, en los grupos de crianza, con las abuelas que cuidan a sus nietos en el parque (madres hay pocas), y hemos tejido una red que no es la tribu que soñamos pero ayuda, sostiene y hace de la crianza algo un poco menos difícil. Os animo a buscar la vuestra, a mi la mia me ha salvado.

SI MI HIJA FUERA AL COLE

“Podemos ayudar mejor a los niños a aprender haciendo que el mundo, en la medida de lo posible, les resulte accesible, prestando mucha atención a lo que hacen, respondiendo a su pregunta (si la tienen) y ayudándoles a explorar las cosas que más les interesan.” John Holt

Sé que muchos habéis estado buscando cole para el año que viene y yendo a jornadas de puertas abiertas últimamente. Me llegan muchas preguntas de qué sería para mi lo fundamental a la hora de buscar cole y hoy os lo cuento.

Como sabéis los que lleváis tiempo leyéndome yo siempre digo que los primeros años donde mejor está un niño es en casa, con mamá si puede ser o con una figura de referencia. Si esta opción no fuera posible optaría por un acompañante del hogar o madre de día. Y como última opción optaría por la escuela.

Aun así, para la mayoría, antes o después llega el momento de escolarizar. Y para mi la lista de cosas que miraría sería muy muy larga, sabéis que soy muy quisquillosa, pero voy a tratar de resumir:

Voy a resumir tanto que con una palabra creo que lo englobo todo. Respeto. Igual pensáis eso es lo normal, se da por hecho. Yo creo que no. El respeto en su sentido más amplio implica muchas cosas que no están ocurriendo en muchas escuelas. Sería una escuela sin gritos, sin castigos (regañar también es castigar), ni consecuencias raras, sin premios, chantajes o manipulaciones, sin humillaciones, sin etiquetas, sin juicios.

Un lugar donde se respetaran los tiempos del niño, sus intereses, sus gustos, sus necesidades, de moverse, de hablar, de jugar. Para mi es importante que tengan libre acceso al exterior por ejemplo.

Sería un espacio sin deberes, sin exámenes ni libros de texto. Donde primara el juego libre y se hicieran propuestas, sin obligaciones, pero no por ello un espacio sin valores. Rico en experiencias y oportunidades de aprendizaje.

Muy importante la figura del maestro que acompaña. No por su formación sino por la visión que tiene del niño. Que le diera importancia a crear vínculo, una persona cercana, amable, respetuosa. Que mirara al niño como a un igual y no por encima. Sin adultocentrismo ni relaciones de poder.

Que fuera un espacio donde se permitiera sentir. Sin represión emocional. Donde el enfado, el miedo o la tristeza tengan cabida. También el normal desarrollo de la sexualidad.

Sería un lugar donde se les permite a los niños resolver los conflictos pero no por ello se les deja solos o no se les pretege. Un sitio con límites de salud y seguridad y poquitas normas.

La mezcla de edades también es un plus. Y si encima la escuela no es una empresa, sino un espacio creado desde la horizontalidad, donde familias, padres y niños forman una tribu donde hay espacio para el debate, el crecimiento, la cooperación ya ni me lo pienso.

En resumen: LIBERTAD, RESPETO Y AMOR como valores fundamentales.

Sé lo que estáis pensando: Estás pidiendo demasiado. Esa escuela no existe. Lo cierto es que sí existen algunas que se le parecen pero es verdad que son pocas. Así que os invito a hacer vuestra propia lista de valores e intentar buscar dentro de lo que hay lo menos malo, lo más respetuoso. Eso ya será mucho.

OS RECUERDO QUE EL 22 DE JUNIO ESTARÉ EN VALENCIA EN LA ESCUELA INFANTIL MI KITA. DE 10:30 A 13:30 HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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LOS PRECIOSOS DOS AÑOS

“Respira, serás madre toda tu vida. Él solo será niño una vez.” Jessica Gómez

Mañana Mia cumple dos años. “Los terribles dos” dice la gente y a mi me parecen preciosos.

Muchas cosas que nos parecen horribles de la crianza no son horribles en sí. Lo que ocurre es que nuestras expectativas eran otras y nos frustra ver que las cosas no son como querríamos.

En nuestra cabeza queremos niños obedientes, sumisos, que hagan caso a la primera, que no se enfaden, que no repliquen, tranquilos… y un niño de dos años es todo menos eso y de ahí que nos parezca terrible.

Si entendemos como es un niño de dos años podemos empezar a disfrutar de lo maravilloso que es y disfrutar del momento (aunque sea duro y cansado a veces) porque no estaremos perdiendo energías tratando de que encaje en ese modelo de niño de dos años que tenemos en nuestra cabeza y porque nos podremos relajar sabiendo que es un niño normal, más que normal sano, al que no le pasa nada, que no hay que estar todo el día luchando contra él.

Un niño de dos años necesita moverse, mucho, no va a estar mucho tiempo haciendo lo mismo, es caótico. Nos agobiamos en casa con ellos, porque lo sacan todo, porque quieren subir, trepar, saltar en el sofá… es vital para ellos. Mucho parque y permitirles ese caos y ese movimiento nos ayudará a relajarnos.

Un niño de dos años está descubriendo que no es el centro del mundo, que ya no todo gira en torno a él y se frustra mucho y de forma muy intensa. Cuando son bebés es más sencillo, es más fácil darles lo que necesitan.

Un niño de dos años quiere reafirmarse, sentirse válido, empieza a enteder que puede decidir y entonces dicen mucho que “no” (nosotros lo decimos más que ellos), no quieren compartir, les gusta mandarnos, dirigir, tener el control. Es normal, es sano. Si permitimos que tomen decisiones, estamos ayudando a que adquieran seguridad y autoestima. Porque nos pida que nos sentemos aquí y hagamos esto y aquello no estamos haciendo de ellos pequeños tiranos sino todo lo contrario.

Un niño de dos años quiere hacerlo todo solo, quiere tener responsabilidades, quiere colaborar y hacer lo que hacen los adultos. Permitámoslo. Que limpien, que cocinen, que nos ayuden (aunque no lo hagan perfecto). Que hagan cosas solos, aunque tarden más. Eso también les dará confianza en sí mismos.

Un niño de dos años es desobediente. O más bien diría que no puede obedecer. Y hacen muchas cosas que no nos gustan. Lanzan cosas, guarrean con la comida, hacen ruido. Hay que preguntarse: ¿es peligroso o malo para su salud? ¿No? Pues déjale. Pretender que dejen de hacerlo es peor, seguramente querrá hacerlo más. Si permitimos que esta fase pase dejarán de hacerlo. Con quince años no lanzará lentejas por los aires ni dará golpes con una pala en la pared. Os lo aseguro.

Más que ver qué está haciendo el niño, habría que observar que siento yo cuando el niño hace esas cosas. Y ahí podemos encontrar que igual a nosotros nos regañaban por jugar con la comida, no nos dejaban saltar en la cama, nos gritaban si no obedecíamos, nos retiraban el amor si hacíamos algo que no querían. Todo eso que tenemos bien metido en el cuerpo nos sale de repente cuando vemos a un niño de dos años siendo él mismo.

Un niño de dos años es maravilloso. Empieza a hablar y te hará reir con sus ocurrencias. Empezará a jugar simbólicamente y a montarse historias y no podrás creer que tu bebé se ha hecho tan mayor. Aún es pequeño y puedes disfrutar mucho todavía del contacto que te pide y de los mimos que necesita. Es divertido, es energía, te pedirá que bailes, que hagas el león, que te sientes a leerle un cuento, que seas su compañero de juego.

Que un par de rabietas no te impida disfrutarlo.

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NO SOY UNA MADRE PERFECTA

Con esto de las redes sociales ocurre una cosa. Que como normalmente mostramos nuestra mejor cara, lo bonito, lo divertido… y en mi caso además como se trata de un blog en el que se critica mucho todas esas cosas que los adultos hacemos mal con los niños, podría parecer que yo nunca me equivoco, que soy una madre perfecta. Pero nada más lejos de la realidad. Ni lo soy ni lo quiero ser.

Desde que nació Mia me he equivocado muchas veces. En cosas más y menos importantes. He cambiado mi opinión respecto a otras. He dicho que iba a hacer una cosa y he acabado haciendo otra. Y sé que me equivocaré muchísimas veces más. Porque somos personas, con nuestras mochilas y nuestra realidad y hacemos lo que podemos con lo que tenemos, (aunque esto no debería ser excusa para no querer mejorar). Igual que los niños, nosotros también estamos aprendiendo, en este caso a ser padres y aprender siempre implica cometer errores.

Cada vez que me equivoco tengo una oportunidad para mostrarle a mi hija que no hay que ser perfecta, que uno se puede equivocar y que está bien pedir perdón. El error debería servirnos para ser mejores y no para quedarnos anclados en él. Porque si hay algo con lo que cargamos los padres, las madres sobre todo, es con la culpa. A los niños les regañamos cuando se equivocan y solemos hacer lo mismo con nosotros mismos.

Hagas lo que hagas te sentirás culpable. Pero la culpa es un sentimiento muy malo que no aporta nada. No podemos volver atrás a reparar lo hecho. Lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre como puedo hacerlo mejor la próxima vez.

Una noche cuando Mia tenía unos tres meses, estaba agotada, llevaba una hora en la teta y me dolían muchísimo los pezones. Le puse un chupete y me sentí culpable. Yo, que sabía que podía interferir en la lactancia, que podía ser perjudicial, que sabía que no lo necesitaba y que había dicho muchas veces que no se lo pondría.

Cuando tenía un año le puse el móvil en el coche para los viajes porque no podía ir sola a ninguna parte con ella porque lloraba todo el camino. Me sentí culpable también. Yo, que me había dicho a mí misma que hasta los dos años no se acercaría a una pantalla.

Hoy miro aquello con perspectiva y lo que me parecía horrible hoy me parece que no tiene ninguna importancia. Entiendo por qué lo hice y eso es lo que importa.

Me he encontrado muchas veces diciendo cosas y repitiendo frases las cuales luego critico en numerosas ocasiones. Tenemos algunas cosas tan interiorizadas que se nos escapan y nos salen automáticamente si no lo pensamos mucho. Es normal y darse cuenta es el primer paso.

Hay momentos que no la he hablado o tratado como me gustaría, a veces no he estado todo lo presente que debería o no la he respondido todo lo rápido que necesitaba. Soy consciente de que la razón de que esto ocurriese era el cansancio, el sueño, la soledad…

Criamos en soledad, (una pareja también es criar en soledad). Porque ocuparse de un niño, o de varios, de una casa, de un trabajo sin tribu, es demasiado para una o dos personas. Criar de esta manera hace que a veces nos veamos desbordados y lamentablemente esto lo pagan los más indefensos. Los niños.

Tener esto presente es importante para tomar medidas. Si yo sé que anoche me enfadé con ella porque no se dormía porque en realidad yo estaba muy cansada, igual puedo acostarme antes y así estaré mejor al día siguiente. Si yo sé que la obligué a la fuerza a sentarse en la silla del coche porque llegábamos tarde a algún sitio, igual puedo salir con más tiempo la próxima vez y así ir más tranquilas.

Se trata de no caer en la culpa sino de utilizar esos “errores” para aprender y hacerlo mejor la próxima vez. Evidentemente que a veces no podremos descansar más tiempo, tener un relevo o salir antes de casa, pero solo el hecho de saber por qué actuamos como actuamos con ellos, es un gran paso.

Porque lo grave no está en lo que he hecho mal con el niño sino en pensar que le he regañado porque es que no para, que le he he gritado porque es un desobediente o que le he obligado a hacer algo por su bien. Solo el hecho de saber que lo que ha ocurrido es por cómo estás tú y no por lo que ha hecho el niño te coloca en una posición diferente desde la cual puedes decirle al niño: Siento haberte tratatado así. Y eso, es una de entre un millón de formas de ser una buena madre.

OS RECUERDO QUE EL 27 DE ABRIL HAY TALLER DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD EN LEGANÉS, TENÉIS TODA LA INFO EN FACEBOOK, INSTAGRAM Y EN LA WEB. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR CUALQUIERA DE LAS TRES VÍAS. LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

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“HIJITIS”

“Me pregunto si podremos dejar de usar la palabra “mamitis” para describir de manera enferma a niños emocionalmente sanos.” Candelaria Aguado

Hoy quería contaros algo de lo que apenas se habla en maternidad. Hay muchos tabués alrededor de la crianza, muchas cosas que nadie dice y muchas otras que están equivocadas.

Mia ha cumplido recientemente 18 meses. Una edad clave respecto a la separación de la madre. Biológicamente es cuando el bebé empieza a formar vínculos fuertes con otros y a separarse poquito a poco de mamá. (Es un proceso, que nadie piense que el día que los cumple ya no quiere saber nada de su madre).

Pero casualmente ha sido cuando yo también he sentido la necesidad de separarme de ella y he sentido que estaba preparada. La naturaleza es que es muy sabia. Sé que hay mamás a las que les pasa antes y a otras a las que les pasa después. Yo solo os cuento mi experiencia.

Decía que hay cosas en la maternidad de las que no se habla. Y la “hijitis” es una de ellas. Igual que la “mamitis”, la “hijitis” es sana y natural, aunque la sociedad nos haga creer lo contrario, juzgando ambas como algo malo y enfermizo.

El bebé viene preparado para estar con su mamá y obviamente es dependiente. Pero es que la mamá también viene preparada para estar con su cría. No es más que la naturaleza haciendo su trabajo. Es supervivencia. A nadie se le ocurriría decir que un cachorro de perro tiene “mamitis” y que su mamá perra tiene “hijitis”.

Obviamente que no es lo mismo con cuatro meses que con un año. Como digo, es un proceso. Los primeros meses a mi me generaba ansiedad el solo hecho de salir de casa a algún sitio sin ella. Poco a poco esos tiempos han sido más largos y aunque pensaba que nunca llegaría el momento, ahora puedo irme una tarde con amigas sabiendo que ella y yo estaremos bien.

Las mamás a través del parto y la lactancia, generamos hormonas que nos hacen querer estar con nuestros bebés. No es casual las madres que se despiden llorando cuando los dejan en la escuela infantil, que están en sus trabajos deseando que llegue el momento de volverles a ver, que aunque están cansadas y necesitan separarse por momentos de las criaturas, al rato las echan de menos. Las necesitan.

Pero esto no se dice. No está bien visto. Tienes que salir, rehacer tu vida. Le vas a malacostumbrar, le estás malcriando, tienes que hacer cosas en pareja sin niños, tienes que volver a trabajar, tienes que dejarle que esté con otros. Existe una presión con esto. A quien le apetezca hacerlo, estupendo, yo no juzgo a nadie. Lo entiendo además, criar en soledad como criamos es abrumador. Pero no es para lo que estamos preparadas, ni mamás ni bebés. Una cosa es querer y otra que te lo impongan.

Obviando esta realidad, pasan cosas como lo de los permisos iguales e intransferibles. porque se está dejando de lado que madre y padre no son lo mismo, ni física ni emocionalmente después de un parto.

Las mamás recibimos presión por todos lados. Dale teta, pero no más de seis meses. Tienes que ser madre, pero en cuanto lo seas, tienes que separarte del niño. ¿A qué se le tiene tanto miedo? ¿Quizá al sistema no le interesa niños emocionalemente sanos?

Como he explicado otras veces, la dependencia bien respondida es lo que dará lugar a la independencia en un futuro, al contrario de lo que se piensa. Un niño con “mamitis” necesita una madre con “hijitis” para vincularse bien y desde ese entorno seguro podrá el día de mañana independizarse mejor.

LA DEVASTACIÓN DE LA ESCUELA, por Laura del blog BAJO EL SAÚCO

La industrialización, la economización de la educación es una de las plagas más monstruosas de nuestro tiempo. Le roba a los que están aprendiendo el placer, la creatividad, la libertad” André Stern, Jugar
El origen de la escuela
Hay una pregunta recurrente que suelen hacerse los niños, y es: ¿Quién narices inventó la escuela? Y la hacen de manera inocente, creyendo en el fondo que la escuela está ahí desde siempre, igual que está para ellos el agua corriente o la electricidad.
Pero no, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, en Prusia, nace el concepto actual de escuela, obligatoria, pública y gratuita. ¡Hace solo dos siglos! Y no, no pretendía facilitar la igualdad o el libre acceso al conocimiento, sino que su pretensión real era lograr la docilidad y la obediencia ante el temor a que se expandieran las revoluciones que estaban dinamitando a los monarcas absolutos desde Francia. Y su estructura era militar, basada en la disciplina y el autoritarismo.
Súbditos obedientes y mano de obra dócil para la creciente revolución industrial.
La escuela hoy
Siglo XXI, doscientos años después. La escolarización ha resultado ser una estrategia genial para preservar el orden social, para que nada cambie.
Desde arriba, alguien decide tu aprendizaje:
  1. Lo que debes estudiar, no lo que a ti te interesa o en lo que tienes talento.
  2. Con quién estudiarás: con niños de tu misma edad, separado del resto de la sociedad.
  3. Dónde estudiarás: encerrado en un recinto, separado de la comunidad.
  4. Cuánto tiempo estudiarás, nunca el que tu pasión te marque, sino el que marquen los timbres según un horario estricto.
  5. Quién hará las preguntas y dirigirá tu aprendizaje, que nunca serás tú mismo, sino unos exámenes a través de los que otros decidirán tus competencias.
  6. Para qué estudiarás: no para satisfacer tus inquietudes presentes, sino para acumular información que otros dictan será necesaria en tu futuro.
Igual que Rocío, conozco el sistema desde dentro, y lo que me extraña es que aún haya quien mantenga las ganas de aprender a pesar de la escuela. Dice sir Ken Robinson que la escuela mata la creatividad, y yo añado que mata la vida. Que nacemos con una curiosidad innata y que no hay más que observar a un niño pequeño para ver el placer que le produce cada nuevo aprendizaje. Que ese impulso es interno, caótico, diverso, único y no conoce más objetivo que el placer en sí. La neurobiología lo confirma: no hay aprendizaje duradero sin emoción. Y la emoción nunca puede ser impuesta.
La escuela nos desconecta de nosotros mismos y de nuestra fuerza vital, alimentando falsamente el ego de los adaptados a su sistema y condenando a la cárcel de creerse fracasados a aquellos que no han sabido o querido aceptarlo.
Vuelta al cole, ¿y ahora qué?
Septiembre y a empezar otra vez. Puede parecerte exagerado lo que digo, pero día a día del calendario escolar la fuerza de nuestros niños se debilita. La potente capacidad para desarrollar sus talentos se apaga.
Cada vez se extiende más el homeschooling o educación en casa en sus diferentes vertientes (Laura Mascaró es una referente en España sobre el tema) Y está bien si sientes que es vuestro camino y puedes permitírtelo.
Pero tal vez no tengas esa posibilidad, y entonces puede que te ayuden algunas de estas ideas:
  • Acompañar a los niños al margen y a pesar de la escuela.
  • Situarte de su lado.
  • Observarlos para hacer que su curiosidad se vea alimentada con los estímulos que les proporcionaremos con amor.
  • Contribuir a su desarrollo sin poner la escuela en el centro de vuestras vidas.
  • Hacer que la vida fuera de la escuela sea tan estimulante que ir a clase se convierta entonces en un mero trámite.
  • Aprovechar la vida escolar como oportunidad de crecimiento personal.
  • Desescolarizarnos nosotros, y aplicar eso que tanto se nos olvida, de que el aprendizaje está en todas partes.
Estas reflexiones no pretenden desvalorizar a las personas que trabajan para el sistema. Sé por experiencia que hay seres humanos excepcionales en todas partes, también dentro de la escuela. Son los faros que salvan a muchos niños. Pero no puedo olvidar que al final, el sistema se lo traga todo, también la voluntad y buen hacer de profesionales muy humanos, y que, como toda organización tan establecida, termina haciendo que, de manera inconsciente, cumplas con una finalidad que tú ni siquiera sospechas.
Os dejo de nuevo con André Stern:

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Desde que escribimos la historia, no ha existido ninguna generación entera sin violencia pedagógica. Y esa violencia, sin que la percibamos, está por todas partes. Lo que vivimos hoy es la continuación directa de lo que vivimos ayer. Y si nosotros, que somos conscientes de ello, no empezamos a inventar lo nuevo, entonces nadie lo hará nunca.”