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LAS EMOCIONES

“Enfadarse con un niño enfadado, gritarle a un niño que grita, y pegarle a un niño que pega, es como embarrarle de lodo porque se ha ensuciado y esperar que así se limpie.” L. R. Knost
Hugo tiene cinco años y está pasando el momento más difícil de lo que lleva de vida. Acaba de tener una hermanita y está muy celoso. Su forma de expresarlo es con potentes rabietas y contestando mal a cualquier adulto que intente hablar con él. Su profe cada vez que se pone así porque algo no sale como él quiere, le castiga y se enfada diciéndole que hasta que no se calme no le va a hacer caso y que esas no son formas de ponerse. No soporta verle fuera de sus casillas. Hugo no quiere ir al cole.
Las emociones están de moda. Se habla de inteligencia emocional, tenemos en las aulas cuentos sobre las emociones, hablamos de ellas y hacemos actividades para desarrollarlas porque nos han dicho que eso hará de los niños mejores personas. La intención es buena, pero lo estamos enfocando mal. Las emociones no se educan, se viven.
Los niños sienten, mucho y muy intensamente, y lo que los adultos solemos hacer es reprimir sus emociones en vez de acompañarlas. Tendemos a pensar que hay emociones positivas y negativas y esto no es cierto. Las emociones son todas buenas y necesarias, otra cosa es que sean más o menos agradables.
Cuando un niño está triste, enfadado o siente miedo nos suele molestar, probablemente porque es lo mismo que hicieron con nosotros, porque huimos de esas emociones, porque no nos dejaron vivirlas y queremos librar a los niños de ello cuanto antes. Por eso, cuando un niño llora ledecimos que deje de hacerlo, cuando se enfada y tiene una rabieta nos solemos enfadar con ellos y cuando tienen miedo, o bien menospreciamos su sentimientos diciendo que no pasa nada o incluso nos reímos de ellos. Y esto nada tiene que ver con acompañar las emociones de los niños y ayudarles a entenderlas y así poder vivirlas, sino que reprime algo que existe por una razón y que si no es expresado, esa rabia, miedo o tristeza se quedará dentro y es entonces cuando vendrá el problema.

Para acompañar las emociones de los niños basta con ponernos a su altura y decirles que entendemos lo que están sintiendo, podemos decir “veo que estás muy enfadado porque Fulanito te ha quitado el juguete”, “veo que estás triste porque echas de menos a mamá” o “entiendo que te de miedo entrar ahí”. Poniendo nombre a sus emociones los niños sienten que está bien llorar o enfadarse y entonces podrán salir de ahí gracias a que han podido vivirlo. Si un niño se enfada y nos enfadamos con él, más enfadado estará, porque se sumará a su razón inicial que el adulto no le permite sentirse como quiere, por lo que entenderá que hay algo malo en él y que está mal sentir lo que se siente.
Todos queremos niños empáticos, que se conviertan en adolescentes que nos cuenten lo que les pasa y como se sienten, pero desde que son pequeñitos no hacemos más que negarles lo que está pasando, ninguneándolos no dando importancia a sus pequeñas frustraciones que para ellos son terribles. Los cuentos y actividades pueden estar muy bien pero si queremos tener niños sanos emocionalmente empecemos por el principio y dejemos de reprimir y comencemos a dejarles vivir.

LAS RABIETAS

“La etapa de las rabietas es buena. Y pobre del niño que no la pase, porque eso quiere decir que no tiene ideas propias o que le han machacado tanto que ya ha dejado de defenderlas.” Rosa Jové

Imagina que estás muy enfadado por algo, porque alguien te ha hecho algo que no te ha gustado. Mientras esperas que los demás empaticen contigo, lo que recibes es que se enfadan por haberte puesto así, o te ignoran y te hacen sentir mal por tu reacción, dicen que exageras y que no es para tanto. Eso claramente no te ayudará a estar mejor. Pues a los niños tampoco.

Los niños pequeños alrededor de los dos años entran en la fase de las llamadas “rabietas”. No es casualidad, es el momento en el que empiezan a darse cuenta que son seres independientes, quieren tomar decisiones, dicen a todo que no, están creando su “yo” y quieren reafirmarse. Esto es sano y necesario para que el día de mañana puedan ser personas seguras de sí mismas y lo que os contaba en el post anterior, más empáticas también.

Su expresión de ira nos desborda. Los niños sienten así. Sus emociones son intensas y nos cuesta mucho acompañar estos momentos porque a nosotros no nos permitieron expresar el enfado cuando éramos pequeños. Queremos que acabe cuanto antes, si estamos en un lugar público más todavía. Nos incomoda muchísimo.

Pero el que tiene un cerebro inmaduro es el niño, los que debemos aprender a controlarnos ante estas situaciones somos nosotros. Decimos: “Es que se pone como un loco y no entiende a razones”, cuando nosotros estamos también perdiendo el control y encabezonados muchas veces porque hagan lo que nosotros queremos.

La mayoría de rabietas vienen provocadas por el adulto, porque no les dejamos tocar algo, porque tenemos prisa, porque queremos que hagan algo que no quieren. ¿Quién es entonces el que no entiende a razones? Otras veces es porque están cansados, estresados o se frustran por algo.

Los niños tienen derecho a enfadarse. Desde que se levantan hasta que se acuestan están prácticamente todo el rato haciendo lo que nosotros queremos. La rabieta también es la forma que tiene el niño de decir “basta, no puedo más”.

Podemos prevenirlas en la medida de lo posible, intentar que no se estresen tanto, que no se les pase su hora de dormir, que su mundo no sea muy frustrante diciéndoles a todo que no, pero la realidad es que las rabietas van a aparecer y hay que acompañarlas.

Hay que respetar que el niño se enfade, estar ahí, tranquilos. Podemos decirle que sabemos que está enfadado. No entremos en luchas de poder, no quieren molestarnos. No deberíamos intentar cogerle o tocarle si no quiere. Nada de “abrazos de contención” cuando el niño no quiere ser abrazado, eso es represivo. Tampoco ignorarles ni mucho menos regañarle.

Dejemos que expresen la emoción, lo que no sale se queda dentro. Según vayan creciendo podrán expresarlas de otra forma. Y tranquilos, no os preocupéis, es una fase, y como todas las fases, pasará.

TALLERES

PRÓXIMOS TALLERES:

EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS. NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD.

Taller para padres y educadores. Hablaremos sobre normas y límites. Premios, castigos y consecuencias. Acompañamiento emocional.

SÁBADO 22 DE JUNIO DE 2019 EN VALENCIA

DURACIÓN: 3 HORAS
HORA: DE 10.30H A 13.30H
LUGAR: Escuela Infantil Mikita
PRECIO: 25€ por persona o 40€ por pareja o familia
Los peques son bienvenidos : )

MÁS INFO Y RESERVAS:
678447157
romolla88@gmail.com

TALLERES PASADOS:

NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD PARA PADRES Y EDUCADORES

- ¿Necesitan los niños normas y límites?
- ¿Cómo es el enfoque desde un acompañamiento respetuoso?
- ¿Cómo establecemos las normas y límites?
- Educar sin premios ni castigos
- Acompañamiento de las emociones

SÁBADO 27 DE ABRIL EN LEGANÉS

DURACIÓN: 2 HORAS
PRECIO: 15€ por persona o 25€ FAMILIA

MÁS INFO Y RESERVAS:
678447157
romolla88@gmail.com

Los peques son bienvenidos : )

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RESERVA UN TALLER:

Si te interesa juntarte con un grupo de padres o profesionales para contratar una charla-taller sobre algún tema, puedes ponerte en contacto conmigo a través del mail: maestradeandarporcasa@gmail.com

TEMAS POSIBLES

  • Normas y límites
  • Control de esfínteres
  • Sueño
  • BLW
  • Resolución de conflictos
  • Rabietas

También puedes ponerte en contacto conmigo a través del formulario que encontrarás a continuación:

NO PASA NADA

“Cuando empezamos a ser más conscientes de aquello que nos pasa a nosotros, nos es más fácil entender y conectar con el otro. Cuando comprendemos más al otro, también le podemos amar más.” Yvonne Laborda

No pasa nada, les decimos a los niños muchas, muchas veces. Cuando se caen, si se les rompe algo, si lloran por alguna cosa. Lo hacemos con la mejor intención, para restarle importancia, porque pensamos que así pasará antes pero sucede justamente al revés.
Imagina que te das en la pierna con el pico de la mesa y pegas un grito. ¿Qué te hace sentir mejor que te digan: oye no grites que eso no es nada o que te dgan: uff eso duele como te entiendo? Ahora imagina que has roto con tu pareja y estás llorando, ¿prefieres que te digan, ya pasó, ya está, vale ya de llorar, no es nada o que te abracen y te digan: llora lo que quieras, entiendo tu dolor, debes sentirte fatal?
Los niños como los adultos necesitan comprensión. El primer paso para ayudarles a desarrollar sanamente su mundo emocional es dejarles que sientan, y no juzgar ni ignorar sus emociones. Cuando nos reímos de sus miedos, nos enfadamos por sus llantos o ignoramos su tristeza, les estamos diciendo que sentirse así está mal. Decir que no pasa nada cuando para ellos sí que pasa es negar lo que están sintiendo.
A nosotros nos puede parecer una tontería el motivo de por qué lloran, pero lo que a nosotros nos parezca da igual. Para ellos es importante, están tristes y quieren que se les entienda. Además un niño que es comprendido saldrá mucho antes de su estado que uno que no. Si me pongo a llorar porque se me ha roto un juguete y mi mamá se ríe, me ignora o le resta importancia, eso no me ayudará a estar mejor. Porque encima de que estoy triste por mi muñeca rota, se suma que mi madre se ríe de mi o me ignora, lo que hará que me sienta aún peor.

Esto no quiere decir que tengamos que asustarle sé más o hacer un drama donde no lo hay, si un niño se cae y nos ve una cara de espanto será peor, pero eso no significa que debamos quitarle importancia a su dolor. Además con niños muy pequeños a veces sí que nos tocará distraerlos porque no pueden entender los límites o porqué no pueden tocar eso o abrir ese cajón.

En definitiva, acompañemos las emociones de los niños, pongámosle nombre y demos importancia a lo que les pasa. Porque no es lo mismo decir: no te pongas así, te he dicho mil veces que no te voy a comprar más chuches, que decir: entiendo que estés enfadado, sé que te encantan las chuches pero no puedo comprártelas porque no son buenas para ti. Es muy diferente. Su reacción también lo será. No dejarán de llorar de inmediato porque les comprendamos,eso está claro, pero os aseguro que no se sentirán igual. Probadlo y me contáis.

SI MI HIJA FUERA AL COLE

“Podemos ayudar mejor a los niños a aprender haciendo que el mundo, en la medida de lo posible, les resulte accesible, prestando mucha atención a lo que hacen, respondiendo a su pregunta (si la tienen) y ayudándoles a explorar las cosas que más les interesan.” John Holt

Sé que muchos habéis estado buscando cole para el año que viene y yendo a jornadas de puertas abiertas últimamente. Me llegan muchas preguntas de qué sería para mi lo fundamental a la hora de buscar cole y hoy os lo cuento.

Como sabéis los que lleváis tiempo leyéndome yo siempre digo que los primeros años donde mejor está un niño es en casa, con mamá si puede ser o con una figura de referencia. Si esta opción no fuera posible optaría por un acompañante del hogar o madre de día. Y como última opción optaría por la escuela.

Aun así, para la mayoría, antes o después llega el momento de escolarizar. Y para mi la lista de cosas que miraría sería muy muy larga, sabéis que soy muy quisquillosa, pero voy a tratar de resumir:

Voy a resumir tanto que con una palabra creo que lo englobo todo. Respeto. Igual pensáis eso es lo normal, se da por hecho. Yo creo que no. El respeto en su sentido más amplio implica muchas cosas que no están ocurriendo en muchas escuelas. Sería una escuela sin gritos, sin castigos (regañar también es castigar), ni consecuencias raras, sin premios, chantajes o manipulaciones, sin humillaciones, sin etiquetas, sin juicios.

Un lugar donde se respetaran los tiempos del niño, sus intereses, sus gustos, sus necesidades, de moverse, de hablar, de jugar. Para mi es importante que tengan libre acceso al exterior por ejemplo.

Sería un espacio sin deberes, sin exámenes ni libros de texto. Donde primara el juego libre y se hicieran propuestas, sin obligaciones, pero no por ello un espacio sin valores. Rico en experiencias y oportunidades de aprendizaje.

Muy importante la figura del maestro que acompaña. No por su formación sino por la visión que tiene del niño. Que le diera importancia a crear vínculo, una persona cercana, amable, respetuosa. Que mirara al niño como a un igual y no por encima. Sin adultocentrismo ni relaciones de poder.

Que fuera un espacio donde se permitiera sentir. Sin represión emocional. Donde el enfado, el miedo o la tristeza tengan cabida. También el normal desarrollo de la sexualidad.

Sería un lugar donde se les permite a los niños resolver los conflictos pero no por ello se les deja solos o no se les pretege. Un sitio con límites de salud y seguridad y poquitas normas.

La mezcla de edades también es un plus. Y si encima la escuela no es una empresa, sino un espacio creado desde la horizontalidad, donde familias, padres y niños forman una tribu donde hay espacio para el debate, el crecimiento, la cooperación ya ni me lo pienso.

En resumen: LIBERTAD, RESPETO Y AMOR como valores fundamentales.

Sé lo que estáis pensando: Estás pidiendo demasiado. Esa escuela no existe. Lo cierto es que sí existen algunas que se le parecen pero es verdad que son pocas. Así que os invito a hacer vuestra propia lista de valores e intentar buscar dentro de lo que hay lo menos malo, lo más respetuoso. Eso ya será mucho.

OS RECUERDO QUE EL 22 DE JUNIO ESTARÉ EN VALENCIA EN LA ESCUELA INFANTIL MI KITA. DE 10:30 A 13:30 HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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LOS PRECIOSOS DOS AÑOS

“Respira, serás madre toda tu vida. Él solo será niño una vez.” Jessica Gómez

Mañana Mia cumple dos años. “Los terribles dos” dice la gente y a mi me parecen preciosos.

Muchas cosas que nos parecen horribles de la crianza no son horribles en sí. Lo que ocurre es que nuestras expectativas eran otras y nos frustra ver que las cosas no son como querríamos.

En nuestra cabeza queremos niños obedientes, sumisos, que hagan caso a la primera, que no se enfaden, que no repliquen, tranquilos… y un niño de dos años es todo menos eso y de ahí que nos parezca terrible.

Si entendemos como es un niño de dos años podemos empezar a disfrutar de lo maravilloso que es y disfrutar del momento (aunque sea duro y cansado a veces) porque no estaremos perdiendo energías tratando de que encaje en ese modelo de niño de dos años que tenemos en nuestra cabeza y porque nos podremos relajar sabiendo que es un niño normal, más que normal sano, al que no le pasa nada, que no hay que estar todo el día luchando contra él.

Un niño de dos años necesita moverse, mucho, no va a estar mucho tiempo haciendo lo mismo, es caótico. Nos agobiamos en casa con ellos, porque lo sacan todo, porque quieren subir, trepar, saltar en el sofá… es vital para ellos. Mucho parque y permitirles ese caos y ese movimiento nos ayudará a relajarnos.

Un niño de dos años está descubriendo que no es el centro del mundo, que ya no todo gira en torno a él y se frustra mucho y de forma muy intensa. Cuando son bebés es más sencillo, es más fácil darles lo que necesitan.

Un niño de dos años quiere reafirmarse, sentirse válido, empieza a enteder que puede decidir y entonces dicen mucho que “no” (nosotros lo decimos más que ellos), no quieren compartir, les gusta mandarnos, dirigir, tener el control. Es normal, es sano. Si permitimos que tomen decisiones, estamos ayudando a que adquieran seguridad y autoestima. Porque nos pida que nos sentemos aquí y hagamos esto y aquello no estamos haciendo de ellos pequeños tiranos sino todo lo contrario.

Un niño de dos años quiere hacerlo todo solo, quiere tener responsabilidades, quiere colaborar y hacer lo que hacen los adultos. Permitámoslo. Que limpien, que cocinen, que nos ayuden (aunque no lo hagan perfecto). Que hagan cosas solos, aunque tarden más. Eso también les dará confianza en sí mismos.

Un niño de dos años es desobediente. O más bien diría que no puede obedecer. Y hacen muchas cosas que no nos gustan. Lanzan cosas, guarrean con la comida, hacen ruido. Hay que preguntarse: ¿es peligroso o malo para su salud? ¿No? Pues déjale. Pretender que dejen de hacerlo es peor, seguramente querrá hacerlo más. Si permitimos que esta fase pase dejarán de hacerlo. Con quince años no lanzará lentejas por los aires ni dará golpes con una pala en la pared. Os lo aseguro.

Más que ver qué está haciendo el niño, habría que observar que siento yo cuando el niño hace esas cosas. Y ahí podemos encontrar que igual a nosotros nos regañaban por jugar con la comida, no nos dejaban saltar en la cama, nos gritaban si no obedecíamos, nos retiraban el amor si hacíamos algo que no querían. Todo eso que tenemos bien metido en el cuerpo nos sale de repente cuando vemos a un niño de dos años siendo él mismo.

Un niño de dos años es maravilloso. Empieza a hablar y te hará reir con sus ocurrencias. Empezará a jugar simbólicamente y a montarse historias y no podrás creer que tu bebé se ha hecho tan mayor. Aún es pequeño y puedes disfrutar mucho todavía del contacto que te pide y de los mimos que necesita. Es divertido, es energía, te pedirá que bailes, que hagas el león, que te sientes a leerle un cuento, que seas su compañero de juego.

Que un par de rabietas no te impida disfrutarlo.

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LOS MORDISCOS

“Nadie nace malo.” Alice Miller

Hoy vengo a hablar de un tema del que me habéis hecho muchas consultas y que preocupa tanto a padres como a educadores infantiles.

Es una realidad que los niños muerden. Unos más que otros pero todos suelen hacerlo en alguna ocasión y muchas veces no sabemos como afrontar la situación, qué decir, qué hacer y como acabar con ello.

Es cierto que los niños escolarizados suelen morder mucho más, esto es normal y ocurre sencillamente porque una de las causas de que los niños muerdan es la frustración y los niños pequeños no están preparados aún para estar con tantos niños de su misma edad en un entorno en el que se originan muchos conflictos que no saben gestionar. Muchos niños queriendo el mismo juguete por ejemplo ocasiona muchas ocasiones de frustrarse. El niño ante estos sentimientos muerde para descargar su rabia.

Pueden morder también al sentirse solos, por necesidad de cariño, de atención. Decimos mucho eso de: lo hace para llamar la atención, como si fuera algo malo, y entonces les regañamos o castigamos más. Y es al revés. Si un niño está pidiendo atención hay que darle esa atención pero de forma positiva. Ocurre una cosa muy triste, y es que los niños, con tal de que les hagamos caso, son capaces de hacer cosas para que les regañemos. Así al menos se sienten atendidos.

Pueden morder también por sentirse muy limitados, en su movimiento, en sus decisiones, todo esto hace que se carguen de rabia y terminen mordiendo.

Por otro lado, a veces los niños pequeños simplemente están jugando, probando, a ver que pasa si hago esto. ¡Anda, mis padres gritan, qué divertido, voy a hacerlo otra vez!

Sea cual sea el motivo por el que el niño muerde, lo que debemos hacer es más o menos lo mismo siempre. No castigar ni regañar, porque esto además de que no sirve para nada, puede empeorar el problema. Si por ejemplo el niño lo hacía porque se sentía mal, se sentirá peor. Si lo hacía para llamar tu atención y se la das así, lo seguirá haciendo. Y si lo hace como un juego para ver que pasa y tu reaccin le hace gracia también seguirá.

Con lo cual la clave no está en qué hacer cuando el niño muerde sino en prevenir para que no muerda. Que sus necesidades afectivas y emocionales estén cubiertas. Un niño que se siente querido, que es escuchado, que tiene libertad, evidentemente morderá menos. Intentar que en su día a día no se encuentre muy limitado ni frustado. Y cuando esto no es posible todo lo que nos gustaría, por el ambiente, como en una escuela, la prevención está en tener mil ojos, estar cerca de los niños que más suelen morder y evitar en la medida de lo posible que suceda, aunque no siempre vamos a llegar a tiempo. Para evitarlo no tenemos que decir nada, solo ponernos delante como un límite físico y nada más.

¿Y si ya han morido? Si ya han mordido, ni charlas ,ni no se muerde, ni mira lo que le has hecho. Un niño pequeño no puede empatizar ni entender nada y ya hemos dicho que no queremos que se sienta peor así que intentaremos darle más atención, más cariño a ese niño en la medida de lo posible, para que se encuentre mejor. Atenderemos al niño que ha sido mordido obviamente, pero no nos olvidemos del que muerde, que si ha hecho eso, seguramente tampoco se sienta bien.

¿Y cuando nos muerden a nosotros? Lo mismo, evitaremos, en la medida de lo posible tomarlo como un juego, gritar (aunque es cierto que a veces nos hacen daño de verdad), no le daremos mucha importancia y la conducta desaparecerá en poco tiempo.

Podemos poner palabras a lo que sienten: entiendo que estás enfadado por esto, veo que no te ha gustado que te quiten el juguete, por ejemplo. Eso les ayuda mucho a sentirse comprendidos y no juzgados, en definitiva a sentirse mejor, la que es sin duda la mejor prevención.

OS RECUERDO QUE EL 27 DE ABRIL HAY TALLER DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD EN LEGANÉS, TENÉIS TODA LA INFO EN FACEBOOK, INSTAGRAM Y EN LA WEB. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR CUALQUIERA DE LAS TRES VÍAS. LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

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LA EMPATÍA O LA TEORÍA DE LA MENTE

“Un niño criado con empatía aprenderá a tratar con empatía a las demás personas.”

Digo muchas veces que les pedimos cosas a los niños para las que aún no están preparados. Que queremos enseñarles cosas que no se enseñan, que se adquieren simplemente cuando están preparados para ello.

Queremos que los niños pequeños compartan, que no hagan daño a otros, que pidan perdón, que empaticen. Y para ello no nos queda otra que obligarles porque de ellos es algo que no puede salir. Un niño no puede empatizar si no tiene teoría de la mente.

La teoría de la mente es un proceso que comienza a adquirirse alrededor de los tres años. Permite al niño ponerse en el lugar del otro, leer su mente. Os dejo un vídeo donde podéis verlo muy bien explicado aquí.

Pretender que un niño de menos de tres, cuatro años empatice con otro es una batalla perdida. No es capaz. Intentar de mil maneras diferentes que entienda que hace daño a otro, que tiene que compartir, que sienta lo que otros sienten es perder el tiempo. Porque lo va a aprender sí, pero cuando esté preparado, no necesita que forcemos nada.

Lo que si que podemos hacer para que un niño el día de mañana sea más empático es ser empáticos con él. Un niño que ha sido escuchado, al que se le ha permitido sentir y ha sido acompañado emocionalmente puede preocuparse de lo que sienten los demás.

Un niño con el que no se ha empatizado, es decir, que se le ha dejado llorar sin consolar, al que no se le ha permitido enfadarse, que su miedo ha sido ignorado será un adulto anclado en cubrir su necesidad de ser escuchado y comprendido. Obviamente que alguien así no puede preocuparse por lo que sienten los demás, si nunca antes alguien se preocupó por lo que él sentía.

La teoría de la mente además nos demuestra que es mentira el mito de que los niños nos manipulan. Cuando lloran, cuando quieren que les cojamos en brazos, no es un capricho, no pueden manipularnos, no pueden saber lo que estamos sintiendo. Lloran, nos reclaman, se quejan porque lo necesitan, porque vienen preparados para ello. Para poder manipularnos deberían saber que pasa por nuestras cabezas.

Debemos relajarnos cuando veamos que nuestro hijo no comparte, cuando pega a otro niño y no le da ninguna pena y pretendemos que le de un besito, cuando queremos incluso que empaticen con nosotros. Les estamos pidiendo demasiado. Pidámosles menos y empaticemos con ellos un poquito más.

LOS COLES “BILINGÜES”


“Si hablas a un hombre en una lengua que entiende, el mensaje llega a su cabeza. Si le hablas en su lengua, le llega a su corazón.” Nelson Mandela

Los coles bilingües están de moda. No niego que aprender inglés pueda ser importante. Que el nivel de este país es vergonzoso es una realidad. Pero nos han dado gato con liebre con este tema. Las familias se lo han creído y empiezan a verse las consecuencias. 

El primer problema que planteo es la formación del profesorado. De un año para otro un gran número de coles han pasado a ser bilingües y es imposible que a los profes les de tiempo a adquirir un nivel tan bueno como para llamar bilingüe a un colegio. Esto da lugar a profes con un pésimo dominio de la lengua que hacen lo que pueden. Yo misma soy maestra de inglés y he ejercido en cole “bilingüe” cuando el nivel con el que salimos de la carrera es realmente vergonzoso.

Los niños de infantil por ejemplo acaban aprendiendo palabras de vocabulario, muchas veces descontextualizadas, a fuerza de repetirlas, pero para nada hablan inglés o entienden más que cuatro frases, es imposible cuando no es significativo para ellos más allá de un aula. En algunas escuelas se compagina la enseñanza de la lectura y escritura en inglés y en español con las dificultades que esto conlleva. No digo que no exista inglés en infantil, es una opción más como otra cualquiera, pero sí cuestiono el cómo se imparte la asignatura y la idea de hablar SIEMPRE en inglés a los niños.

El niño en los primeros años está formando su personalidad, se está desarrollando en muchos aspectos y es básico para ello la comunicación. Poner por encima de todo la adquisición de una lengua (aunque no se llega a adquirir como ya he dicho) antes que otras cosas más importantes me parece un grave error.

Necesitamos nuestra lengua para expresarnos, para hablar de sentimientos, de emociones. Un profe no puede conectar con un niño en una lengua que no es suya. Muchos profes se quejan de no poder usar el humor, la ironía porque en otro idioma es imposible. Se pierden muchísimas cosas cuando hablamos en inglés a los niños. Como dice Mandela cuando hablamos en otro idioma lo hacemos desde la cabeza y los niños necesitan que les hablemos desde el corazón y no solo eso, necesitan entendernos además. Esto es fundamental.

Los profes que tienen que hablar en inglés todo el rato se sienten obligados a ello por la imposición del sistema pero muchos no se sienten cómodos en esa lengua y se ven limitados en su relación con los niños. 

Otro aspecto  a considerar es el de los resultados. Está ocurriendo que los niños están obteniendo menor puntuación que antes en las asignaturas que son en inglés. Es normal. ahora se añade la dificultad del idioma. Si se te da mal inglés, fracasarás en esa y en las demás. Se está enseñando el ciclo del agua en inglés a niños que no dominan la gramática inglesa. Es como querer que multipliquen sin saber sumar. Además desconocerán los propios conocimientos en su lengua. Saberse historia o biología en inglés y desconocerlo en el propio idioma es algo que está ocurriendo. Además que como he dicho antes, exige a los profesores un trabajo extra de preparación que para muchos es casi inalcanzable.

Por lo que parece los resultados de todo esto no están siendo muy positivos. Seguimos con bajos niveles de inglés y al final los que lo dominan son los que tienen recursos para salir fuera del país o dar clases particulares o en academias. Con lo cual para mi el “plan bilingüe” es un fracaso y si tuviera que elegir un cole creo que hay aspectos muchísimos más importantes que este a tener en cuenta a la hora de escolarizar. Pero como siempre digo, es solo mi humilde opinión. Y vosotros ¿qué opináis?

LOS MIEDOS


“El miedo es una oportunidad para ser valiente.”
Halloween está a la vuelta de la esquina y quería aprovechar la ocasión para hablar de los miedos infantiles y qué hacer cuando aparecen.
El miedo, como cualquier otra emoción es útil y nos ayuda en la vida. Sentir miedo prepara nuestro cuerpo para huir, pelear… ante un peligro. Este puede ser real o imaginario, pero lo que está claro es que la emoción es positiva y necesaria. Sin el miedo no hubiéramos sobrevivido como especie.
Pero como solemos hacer con otras emociones que consideramos negativas, la rabia, la tristeza… intentamos reprimirlas, que desaparezcan rápidamente, muchas veces porque es lo que hicieron con nosotros y muchas otras porque creemos que así conseguiremos niños más seguros y como suele pasar, ocurre completamente al revés.
Hay varios tipos de miedos. Los reales, miedo al fuego, a los animales…, miedos patológicos que nos bloquean y no nos permiten vivir, (los cuales hay que tratar con especialistas) y los miedos que les trasmitimos nosotros a nuestros niños.

Por un lado les contagiamos nuestros miedos absurdos. Si yo me tenso ante el acercamiento de un perro o de una araña, seguramente el niño hará lo mismo. Somos el reflejo donde se miran, si ven que algo nos da miedo, a nosotros, que somos los que debemos darles seguridad, ellos sentirán que eso que nos asusta ha de ser realmente peligroso. Por tanto intentemos en la medida de lo posible no transmitirles nuestros miedos.
Por otro lado somos los adultos muchas veces los culpables de generarles miedos no reales, con historias, dibujos, imágenes para las que no están preparados, diciéndoles cosas como “va a venir el señor y te va a llevar…”. Luego cuando por la noche aparecen esos miedos no les permitimos vivirlos, no los acompañamos e incluso hay quien se burla o ignora.
Sea el miedo del tipo que sea, hay que aceptarlo y darle al niño seguridad. Como con cualquier otra emoción, si no dejamos que la viva, se quedará dentro. Pretender que un niño tenga menos miedo diciéndole cosas como: “que no pasa nada”, “que eso no da miedo”, “no seas tonto”, “con lo mayor que eres”… conseguimos que el niño sienta que no está bien lo que siente, por tanto que él no está bien. Negar su emoción es negar lo que él es.
Tenemos que darles seguridad con nuestras palabras: “no te va a pasar nada, estoy aquí”, y también empalizar con su sentimiento: “entiendo que esos ruidos te asustan, veo que te da miedo ese animal”, poniendo nombre a la emoción y acogiendo a los niños siempre que lo demanden físicamente.
Muchas veces en nombre de la autonomía y la independencia, dejamos que los niños pasen miedo solos en su habitación. Esto no los hará más valientes sino más inseguros. El proceso para eliminar esos miedos es madurativo y lo vivirán de forma más saludable si sienten que tienen una base segura a la que acudir cuando aparezcan.
En fin, que disfrutéis mucho con los niños si celebráis esta fiesta, pero no olvidéis que los sustos y las bromas son para disfrutar, todos. Si un niño lo está pasando mal, no quiere hacer algo o llora, claramente no está siendo divertido. Respetemos a ellos y a sus miedo, evitemos cosas para las que no están preparados y acompañemos si aparece la emoción.
¡FELIZ HALLOWEEN!