Categoría: Crianza

JUGAR CON LOS NIÑOS

“Es necesario dejar que los niños se aburran de vez en cuando… Solo así aprenden a ser creativos.” Kim Raver

Creo que nunca antes en la historia los padres han jugado tanto con los niños como ahora, a pesar de ser justo cuando menos tiempo pasamos con ellos. Y no es una casualidad. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué está ocurriendo?

No me refiero a compartir momentos, risas, cuentos… si no a ese juego simbólico que pertenece a los niños y en el que muchas veces veo que los adultos no terminan de encontrarse cómodos.

No quiero que penséis que me parece mal jugar con los niños a los muñecos o a los dinosaurios. Es solo que me interesa reflexionar por qué tienen ahora esa necesidad y nosotros intentamos cubrirla aunque no nos apetezca.

Por un lado está la socialización. Los niños más o menos alrededor de los tres años necesitan jugar con niños. Muchos niños no encuentran el tiempo ni el espacio para hacerlo. Vivimos cada vez de forma más solitaria, apenas conocemos a nuestros vecinos. Nos da miedo que nuestros hijos salgan solos a casa de un amigo, tampoco podemos o queremos llevarles. Vamos poco al parque. Y al final, un niño que necesita estar con otros niños para jugar, nos lo pide a nosotros porque no tiene otra opción.

Viviendo en comunidad esto no ocurriría. Los adultos disfrutarían de la compañía de otros adultos y los niños jugarían con niños. Todo padre sabe que cuando su hijo está rodeado de niños apenas le reclama.

Por otro lado estamos los padres, que no tenemos tiempo para estar con ellos. Los niños necesitan presencia. Eso del tiempo de calidad es un invento para lavar conciencias. Necesitan también cantidad. Como no podemos dársela, en el poquito tiempo que tenemos los niños quieren que juguemos con ellos, es una forma de aprovecharlo. No lo juzgo. No nos queda otra. Pero creo que quizá no es lo natural ni lo ideal.

Cuando digo que no es lo ideal es porque muchas veces, dirigimos su juego, lo invadimos. Como adultos y niños no estamos en el mismo plano de desarrollo, hay que tener cuidado de no acaparar su juego, que es suyo, nosotros solo somos invitados a su mundo y no deberíamos tratar de conquistarlo.

Pero si hay algo que me preocupa y que veo cada vez más, sobretodo en niños pequeños es el niño que está constantemente entretenido por sus padres o maestros (en las escuelas también pasa).

No es lo mismo entretenerse que divertirse. Divertirse sale de dentro, entretenerse proviene de fuera. Veo muchos niños adictos al entretenimiento, que no saben jugar un minuto solos, que no disfrutan si no es de que alguien esté continuamente jugando con ellos.

Los niños pequeños cuando empiezan en la etapa del suelo a moverse, necesitan nuestra compañía y presencia pero poco más. Necesitan también descubrirse a sí mismos, solos, su cuerpo, sus capacidades, descubrir el mundo a nuestro lado pero sin hacernos dueños. No saber divertirte sin que te entretengan te hace dependiente del exterior, apaga tu curiosidad y tu creatividad. Por eso, me parece importantísimo respetar el juego del niño en solitario, sin el juicio y la mirada constante y crítica del adulto, que le permita disfrutar de él mismo sin la necesidad de lo que yo llamo el adulto “animador”.

¿Y vosotros? Contadme ¿Jugáis con los niños?

LA EMPATÍA O LA TEORÍA DE LA MENTE

“Un niño criado con empatía aprenderá a tratar con empatía a las demás personas.”

Digo muchas veces que les pedimos cosas a los niños para las que aún no están preparados. Que queremos enseñarles cosas que no se enseñan, que se adquieren simplemente cuando están preparados para ello.

Queremos que los niños pequeños compartan, que no hagan daño a otros, que pidan perdón, que empaticen. Y para ello no nos queda otra que obligarles porque de ellos es algo que no puede salir. Un niño no puede empatizar si no tiene teoría de la mente.

La teoría de la mente es un proceso que comienza a adquirirse alrededor de los tres años. Permite al niño ponerse en el lugar del otro, leer su mente. Os dejo un vídeo donde podéis verlo muy bien explicado aquí.

Pretender que un niño de menos de tres, cuatro años empatice con otro es una batalla perdida. No es capaz. Intentar de mil maneras diferentes que entienda que hace daño a otro, que tiene que compartir, que sienta lo que otros sienten es perder el tiempo. Porque lo va a aprender sí, pero cuando esté preparado, no necesita que forcemos nada.

Lo que si que podemos hacer para que un niño el día de mañana sea más empático es ser empáticos con él. Un niño que ha sido escuchado, al que se le ha permitido sentir y ha sido acompañado emocionalmente puede preocuparse de lo que sienten los demás.

Un niño con el que no se ha empatizado, es decir, que se le ha dejado llorar sin consolar, al que no se le ha permitido enfadarse, que su miedo ha sido ignorado será un adulto anclado en cubrir su necesidad de ser escuchado y comprendido. Obviamente que alguien así no puede preocuparse por lo que sienten los demás, si nunca antes alguien se preocupó por lo que él sentía.

La teoría de la mente además nos demuestra que es mentira el mito de que los niños nos manipulan. Cuando lloran, cuando quieren que les cojamos en brazos, no es un capricho, no pueden manipularnos, no pueden saber lo que estamos sintiendo. Lloran, nos reclaman, se quejan porque lo necesitan, porque vienen preparados para ello. Para poder manipularnos deberían saber que pasa por nuestras cabezas.

Debemos relajarnos cuando veamos que nuestro hijo no comparte, cuando pega a otro niño y no le da ninguna pena y pretendemos que le de un besito, cuando queremos incluso que empaticen con nosotros. Les estamos pidiendo demasiado. Pidámosles menos y empaticemos con ellos un poquito más.

APRENDER A ESPERAR

“Se aprende a soportar la frustración cuando uno es suficientemente fuerte y tiene suficiente amor” Yolanda González

Seguro que conocéis el experimento de las nubes de golosina. Consiste en que a unos niños de cuatro años se les pone una chuchería delante y un adulto les dice que si esperan unos minutos a que vuelva y no se la han comido les dará dos.

Con este experimento se demostró que quince años después, los niños que habían podido controlarse, los que eran menos impulsivos, eran más felices. Tenían mejores relaciones sociales, trabajos en los que disfrutaban, una vida mejor.

El experimento está genial pero sabiendo eso lo interesante sería ver qué es lo que podemos hacer los adultos para que los niños cuando lleguen a los cuatro años sepan esperar y controlen mejor sus impulsos. Es decir, qué podemos hacer para que sean más felices.

Al contrario de lo que pudiera parecer no hay que frustar a los niños desde bien pequeños haciéndoles esperar. Hablé de la frustración innecesaria aquí. Se oye muchísimo la frase de: “Es que tienen que aprender a esperar.” Y a próposito hacemos que esperen con intención de “enseñarles”.

Obviamente que a veces en la vida hay que esperar, que la comida está caliente y no se la puedo dar al bebé, que tengo 14 niños en clase y no puedo darles agua a todos a la vez y tienen que esperar, pero porque no queda otra, eso no les va a ayudar en nada. Hacerlo a propósito no tiene ningún sentido.

El niño pequeño es egocéntrico, no entiende de esperas. Son impacientes y quieren las cosas ya. Si tienen hambre, sed, quieren brazos… tenemos que atender esas necesidades. Si tardamos, cada vez se pondrán peor porque no pueden gestionarlo de otra manera.

Gracias a esto, a responder a las demandas del niño generamos una mayor seguridad en sí mismo y mayor autoestima. Un niño así, el día de mañana podrá controlar mejor sus impulsos y esperar. Es un proceso, es madurativo. No se trata de enseñarles a esperar sino de dejar que adquieran la paciencia mientras no les hacemos esperar porque sí.

Un adulto impulsivo e impaciente fue un niño pequeño al que le hicieron esperar en sus necesidades más básicas. Esto provoca que se pase toda la vida en ese estado de impaciencia en el que se encontraba. Por otro lado, un niño que tiene el contacto y la atención a demanda superará esa etapa egocéntrica, será un adulto más sano y en consecuencia con más control de su vida.

Pedimos a los niños cosas para las que no están preparados. Queremos que se controlen, que sean pacientes. Pero ¿y nosotros? ¿Somos acaso un ejemplo? ¿Tenemos paciencia con ellos?

LA MENTIRA DE LOS REYES MAGOS


“Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos,. La vida es de por sí bastante interesante.” Catherine Lecuyer

Hoy vengo con un tema polémico y que a muchos de vosotros incluso os sorprenderá porque ni se os había pasado por la cabeza.

Cuando entré en el mundo de Montessori y de la crianza respetuosa, una de las cosas que me llamó la atención era que muchas familias que seguían estos modelos no mentían a sus hijos con el cuento de los Reyes Magos. De primeras me sorprendió, pero enseguida y cuando entendí las razones lo vi claro también. Con el tiempo fui creando mi propia idea sobre el tema y no pretendo que nadie piense como yo, ni que tengáis que verlo ni hacerlo a mi manera. Esto es una cuestión personal y de cada familia. Sus valores, sus creencias y también sus experiencias personales harán que cada uno tenga una visión diferente, esto solo es una invitación a la reflexión.

La frase que más escucho cuando digo que no voy a mentir a mi hija con la historia de los Reyes Magos es que le voy a robar la magia y la ilusión de la Navidad. Esto me lo dicen personas adultas que por lo que veo en sus caras siguen sintiendo esa magia y esa ilusión, igual que la siento yo. Creo que es un error creer que que entren unas personas que no conozco en mi casa por la noche mientras duermo y me traigan regalos es lo que hace mágica la Navidad, porque no es eso. Es todo lo demás, la familia, el ambiente, los regalos, la comida, la música, las luces y sin la mentira de los reyes todo lo demás sigue ahí y es por eso que yo sigo despertándome cada seis de enero con la misma ilusión.

Decirle a los niños que los regalos los traen unos seres mágicos es una mentira, nos pongamos cómo nos pongamos. Diréis que es por una buena razón, pero eso lo estamos decidiendo nosotros. ¿Creemos que le hace bien a un niño creer en seres fantásticos? ¿No es acaso un abuso de su inocencia? Como si les dijéramos que existen dragones, hadas, gnomos… Yo, personalmente, no me siento cómoda con eso. Siento que le estoy engañando. A mí no me gustó cuando me entere, me sentí decepcionada y lloré. Pero esa es mi historia y cada uno tendrá la suya. Además creo que es una mentira demasiado larga. No es lo mismo decirle a un niño que vamos a ir a un sitio y luego vamos a otro para darle una sorpresa por ejemplo, que esto que juega con su imaginación, su inocencia y su confianza en nosotros.

Por otro lado están los miedos. Como digo muchas veces los miedos de los niños se los generamos nosotros y luego nos molesta que sean miedosos y no les dejamos que se metan en nuestra cama. Les dejamos ver cosas no apropiadas, les contamos cuentos de brujas y monstruos y les decimos que tres señores o un hombre grande con barba van a entrar en su casa mientras duermen. Da miedo. Y muchos niños lo pasan mal y les cuesta dormir. ¿Dónde quedaría aquí la ilusión? 

Pero entonces, ¿estoy en contra de la celebración de los Reyes Magos? Para nada. Soy consciente de que vivimos en un mundo que se llena de Papás Noeles y arbolitos por todas partes en Navidad y eso me gusta, es tradición, es cultura y es ilusión. Pero no creo que haga falta mentir. Por ejemplo los niños celebran Halloween sabiendo que es todo mentira y creo que lo disfrutan bastante. Yo con 30 años sigo diciendo que vienen los Reyes, qué te has pedido para Reyes, qué te han traído los Reyes.. Pienso que con los niños se puede hacer igual. Se puede explicar a los niños la historia, contarles por qué decimos que vienen los reyes sin mentirles. Podemos también no decirles nada y cuando ellos pregunten decirles la verdad. Decirles que existen en el mundo de la magia y dejarles que crean en lo que quieran. Conozco casos de padres que diciéndoles la verdad su hijo les ha dicho: Papá, mamá, no me engañéis, sé que no sois vosotros, son los Reyes. Pues estupendo, si el niño quiere creer genial, podemos decirle yo no creo en eso pero tú puedes creer, o decirles cuando nos pregunten: ¿Tú que crees? También hablarles de respetar que en cada casa pueden creer una cosa. Hay mil maneras de no mentirles y os aseguro que ni la magia ni la ilusión se pierden por ello. En serio ¿creéis que un niño abrirá un regalo menos ilusionado si viene de su abuelo, de su tia o de sus padres que de unos seres extraños? Yo no lo creo. Pero ya os digo, es mi opinión.

Pero si hay algo relacionado con los Reyes que realmente no me gusta nada es el tema del chantaje. Todos los años escucho mil veces eso de: Si no haces esto los Reyes no te traerán nada. Es horrible, manipulador, y mentira también. Usar la supuesta magia de la Navidad para conseguir que los niños hagan lo que queremos que hagan está muy feo. Frases como: Los Reyes te están viendo y te traerán carbón dan miedo, les hacen sentir mal y empeoran nuestra relación con ellos. Es una amenaza que además no vamos a cumplir y además, no te quites autoridad, si tu hijo está haciendo algo que no te gusta, hazte cargo y deja a los Reyes en paz que suficiente trabajo tienen ya los pobres.

FELIZ REYES

“HIJITIS”

“Me pregunto si podremos dejar de usar la palabra “mamitis” para describir de manera enferma a niños emocionalmente sanos.” Candelaria Aguado

Hoy quería contaros algo de lo que apenas se habla en maternidad. Hay muchos tabués alrededor de la crianza, muchas cosas que nadie dice y muchas otras que están equivocadas.

Mia ha cumplido recientemente 18 meses. Una edad clave respecto a la separación de la madre. Biológicamente es cuando el bebé empieza a formar vínculos fuertes con otros y a separarse poquito a poco de mamá. (Es un proceso, que nadie piense que el día que los cumple ya no quiere saber nada de su madre).

Pero casualmente ha sido cuando yo también he sentido la necesidad de separarme de ella y he sentido que estaba preparada. La naturaleza es que es muy sabia. Sé que hay mamás a las que les pasa antes y a otras a las que les pasa después. Yo solo os cuento mi experiencia.

Decía que hay cosas en la maternidad de las que no se habla. Y la “hijitis” es una de ellas. Igual que la “mamitis”, la “hijitis” es sana y natural, aunque la sociedad nos haga creer lo contrario, juzgando ambas como algo malo y enfermizo.

El bebé viene preparado para estar con su mamá y obviamente es dependiente. Pero es que la mamá también viene preparada para estar con su cría. No es más que la naturaleza haciendo su trabajo. Es supervivencia. A nadie se le ocurriría decir que un cachorro de perro tiene “mamitis” y que su mamá perra tiene “hijitis”.

Obviamente que no es lo mismo con cuatro meses que con un año. Como digo, es un proceso. Los primeros meses a mi me generaba ansiedad el solo hecho de salir de casa a algún sitio sin ella. Poco a poco esos tiempos han sido más largos y aunque pensaba que nunca llegaría el momento, ahora puedo irme una tarde con amigas sabiendo que ella y yo estaremos bien.

Las mamás a través del parto y la lactancia, generamos hormonas que nos hacen querer estar con nuestros bebés. No es casual las madres que se despiden llorando cuando los dejan en la escuela infantil, que están en sus trabajos deseando que llegue el momento de volverles a ver, que aunque están cansadas y necesitan separarse por momentos de las criaturas, al rato las echan de menos. Las necesitan.

Pero esto no se dice. No está bien visto. Tienes que salir, rehacer tu vida. Le vas a malacostumbrar, le estás malcriando, tienes que hacer cosas en pareja sin niños, tienes que volver a trabajar, tienes que dejarle que esté con otros. Existe una presión con esto. A quien le apetezca hacerlo, estupendo, yo no juzgo a nadie. Lo entiendo además, criar en soledad como criamos es abrumador. Pero no es para lo que estamos preparadas, ni mamás ni bebés. Una cosa es querer y otra que te lo impongan.

Obviando esta realidad, pasan cosas como lo de los permisos iguales e intransferibles. porque se está dejando de lado que madre y padre no son lo mismo, ni física ni emocionalmente después de un parto.

Las mamás recibimos presión por todos lados. Dale teta, pero no más de seis meses. Tienes que ser madre, pero en cuanto lo seas, tienes que separarte del niño. ¿A qué se le tiene tanto miedo? ¿Quizá al sistema no le interesa niños emocionalemente sanos?

Como he explicado otras veces, la dependencia bien respondida es lo que dará lugar a la independencia en un futuro, al contrario de lo que se piensa. Un niño con “mamitis” necesita una madre con “hijitis” para vincularse bien y desde ese entorno seguro podrá el día de mañana independizarse mejor.

DEJAD DE REGAÑAR

“No busques culpables, busca soluciones.”

Parece que casi todos tenemos bastante claro que pegar a un niño está mal, muchos sabemos que gritar y castigar también, pero hay algo que se hace continuamente, que me desagrada muchísimo y que no sirve para nada bueno, regañar.

¿A qué me refiero con regañar? A sermonear, a reprender el comportamiento de alguien. Lo hacemos no solo con los niños, también en relaciones de adultos y me parece horrible y que está demasiado normalizado.

¿Significa entonces que no hay que decir nunca nada a los niños, ni cuando creemos que se están equivocando? No es eso. Me refiero a las formas. No es lo mismo decir: “Se te ha caído el agua, mira cógelo así con las dos manos”, que decir: “Ya has tirado el agua otra vez, ten cuidado”. Es muy muy diferente. Que el vaso se haya caído ya es suficiente muestra de que nos hemos equivocado. Nadie se equivoca queriendo. A nadie le gusta que le hagan sentir mal por un error.

Vamos a hacer un ejercicio de empatía para ponernos en el lugar de un niño al que le regañan. Imaginad que en el trabajo te regaña tu jefe por algo que has hecho, te echa una charla, o que tu pareja en casa te regaña porque has dejado algo fuera de lugar. Y te dicen: “María, que desastre el trabajo que te pedí ayer” o ¨Luis te he dicho cien veces que no dejes eso ahí.” ¿Cómo te sientes cuando alguien te habla así? ¿Crees que eso te hace mejorar?

Cuando alguien te regaña no está buscando soluciones sino culpables. Está lanzando su odio hacia ti, no intenta mejorar la relación ni que mejores tú, solo quiere sentirse mejor haciéndote sentir mal.

Como decía al principio, no sirve para nada bueno. Decirle a un niño: “No se insulta, no se pega, no se hace eso… ” sabemos que no sirve. Lo sabemos porque los niños siguen pegando, insultando o haciendo eso que nos molesta. Habrá que ver por qué hacen lo que hacen. Si tu frase empieza por “No se…” estás regañando. (Odio ese “SE” impersonal que usamos con los niños).

Para lo que sirve es para que el que ha sido regañado se sienta atacado y quiera defenderse. Acordaros del jefe. Nos regaña, ¿acaso pensaremos en hacer mejor nuestro trabajo? o pensaremos: “Le odio”. Trabajaremos con presión y con miedo la próxima vez. Eso no nos hará mejores desde luego.

Si un niño me dice tonta, no sirve de nada que le diga eso no se dice. Lo primero es que el niño lo ha aprendido de los mayores, usan muy bien las palabras en el momento adecuado, igual que nosotros. Así que regañarle por algo que le hemos enseñado nosotros es cuanto menos, incoherente. Y lo segundo es que es su forma de decirnos que está enfadado. Enfadarme yo con él porque me ha dicho tonta es ponerme a su altura en una posición infantil. ¿De verdad tiene importancia que me diga tonta? ¿Me hace daño? ¿Qué tal decirle “veo que estás muy enfadado conmigo”? El respeto se gana respetando. Si es mayor podemos preguntarle ¿por qué me dices eso? por ejemplo, sin juzgar.

A lo que voy es que nos pasamos el día regañando, corrigiendo, desgastándonos y que eso hace que los niños se sientan peor. Y ya sabemos que un niño que se siente mal no se porta bien. Regañamos pensando que así se portarán mejor y conseguimos todo lo contrario. Si me equivoco y alguien me dice: “no te preocupes, nos pasa a todos” me anima a hacerlo mejor.

Cambiemos la forma en que nos relacionamos con los niños y ellos cambiarán. Y sí, ya sé que alguien pensará: ¡Qué locura, que un niño te llame tonta y no decirle nada! No me hagáis caso, decirle: Eso no se dice. Pero ya os lo digo, no os servirá de nada.

LOS MIEDOS


“El miedo es una oportunidad para ser valiente.”
Halloween está a la vuelta de la esquina y quería aprovechar la ocasión para hablar de los miedos infantiles y qué hacer cuando aparecen.
El miedo, como cualquier otra emoción es útil y nos ayuda en la vida. Sentir miedo prepara nuestro cuerpo para huir, pelear… ante un peligro. Este puede ser real o imaginario, pero lo que está claro es que la emoción es positiva y necesaria. Sin el miedo no hubiéramos sobrevivido como especie.
Pero como solemos hacer con otras emociones que consideramos negativas, la rabia, la tristeza… intentamos reprimirlas, que desaparezcan rápidamente, muchas veces porque es lo que hicieron con nosotros y muchas otras porque creemos que así conseguiremos niños más seguros y como suele pasar, ocurre completamente al revés.
Hay varios tipos de miedos. Los reales, miedo al fuego, a los animales…, miedos patológicos que nos bloquean y no nos permiten vivir, (los cuales hay que tratar con especialistas) y los miedos que les trasmitimos nosotros a nuestros niños.

Por un lado les contagiamos nuestros miedos absurdos. Si yo me tenso ante el acercamiento de un perro o de una araña, seguramente el niño hará lo mismo. Somos el reflejo donde se miran, si ven que algo nos da miedo, a nosotros, que somos los que debemos darles seguridad, ellos sentirán que eso que nos asusta ha de ser realmente peligroso. Por tanto intentemos en la medida de lo posible no transmitirles nuestros miedos.
Por otro lado somos los adultos muchas veces los culpables de generarles miedos no reales, con historias, dibujos, imágenes para las que no están preparados, diciéndoles cosas como “va a venir el señor y te va a llevar…”. Luego cuando por la noche aparecen esos miedos no les permitimos vivirlos, no los acompañamos e incluso hay quien se burla o ignora.
Sea el miedo del tipo que sea, hay que aceptarlo y darle al niño seguridad. Como con cualquier otra emoción, si no dejamos que la viva, se quedará dentro. Pretender que un niño tenga menos miedo diciéndole cosas como: “que no pasa nada”, “que eso no da miedo”, “no seas tonto”, “con lo mayor que eres”… conseguimos que el niño sienta que no está bien lo que siente, por tanto que él no está bien. Negar su emoción es negar lo que él es.
Tenemos que darles seguridad con nuestras palabras: “no te va a pasar nada, estoy aquí”, y también empalizar con su sentimiento: “entiendo que esos ruidos te asustan, veo que te da miedo ese animal”, poniendo nombre a la emoción y acogiendo a los niños siempre que lo demanden físicamente.
Muchas veces en nombre de la autonomía y la independencia, dejamos que los niños pasen miedo solos en su habitación. Esto no los hará más valientes sino más inseguros. El proceso para eliminar esos miedos es madurativo y lo vivirán de forma más saludable si sienten que tienen una base segura a la que acudir cuando aparezcan.
En fin, que disfrutéis mucho con los niños si celebráis esta fiesta, pero no olvidéis que los sustos y las bromas son para disfrutar, todos. Si un niño lo está pasando mal, no quiere hacer algo o llora, claramente no está siendo divertido. Respetemos a ellos y a sus miedo, evitemos cosas para las que no están preparados y acompañemos si aparece la emoción.
¡FELIZ HALLOWEEN!

LA AUTOESTIMA


“Amarse a si mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.” Oscar Wilde
Pensad en un bebé de un año. Si os pregunto si tiene la autoestima alta o baja ¿qué diríais? Alta ¿verdad? Porque la autoestima, aunque nos hagan creer lo contrario, no es algo que hay que crear en los niños, basta con no robársela.
Los niños nacen muy seguros de si mismos. Sin miedos absurdos, quieren comerse el mundo, se sienten el centro del universo… pero la realidad es que luego nos encontramos muchísimos niños de tres y cuatro años que han perdido todo eso, se sienten inseguros, necesitan la aprobación externa constante y decimos que tienen una baja autoestima. Es entonces, cuando queremos subírsela, animándoles, diciéndoles que son los mejores… y eso, como os imagináis, no sirve, porque de lo que se trata es de no quitársela.
La autoestima, como su nombre indica, es algo personal de cada uno. Nadie me la puede dar. Por ejemplo, si yo me siento fea, aunque vengan diez amigas a decirme que estoy preciosa, eso no hará que no me siga sintiendo fea. Porque que me sienta fea es MI autoconcepto y solo yo puedo cambiarlo. Esto no significa que no podamos ayudar a los niños a recuperar la seguridad en si mismos, sino que decirles que son geniales y los mejores no les hará sentirse así.

Entonces si los bebés nacen con una gran autoestima. ¿Por qué con los años la pierden, qué hacemos los adultos mal para quitársela? Pues básicamente no atender a sus necesidades primarias. Si yo lloro y mi madre me coge, el mensaje que recibo es que merezco amor, por tanto me quiero. Si yo lloro y mi madre no me coge, yo entiendo que no soy digno de recibir amor, por tanto no me quiero. Sencillo. Otro ejemplo, si yo me enfado y mi profe me rechaza, interiorizo que no soy una persona digna de amor, no me quieren por como soy, entonces no me quiero. Si mi padre me ignora cuando tengo una rabieta, pienso que no merezco atención, no me acepto.

Amar incondicionalmente a un niño, es lo que hará que se sienta seguro de si mismo. Saber que es digno de ser querido por como es y no por lo que hace o deja de hacer. Los castigos, insultos, humillaciones, desprecios que reciben los niños por sus comportamientos, les envían un mensaje de que si hacen eso, no se les quiere, por lo tanto ellos lo van a vivir como que algo en ellos no está bien. Esto no quiere decir que vayamos a dejarles hacer lo que quieran, se trata de quererles a pesar de que hagan cosas que no nos gusten.

La autoestima también tiene que ver con sentirnos competentes y esto tiene mucho que ver con la independencia y autonomía. Pensad en las personas que admiráis porque se muestran muy seguras, son personas que se sienten realizadas con lo que hacen, que tienen un sentido en la vida y son felices haciendo lo que hacen. Para sentirme bien conmigo mismo tengo que sentirme útil. Si no me dejan hacer nada, me lo hacen todo, toman todas las decisiones por mi, es imposible que yo me quiera.

Por tanto, si ya tenemos un niño al que le han quitado su autoestima, tenemos que quererle, quererle bien, aceptarle como es, incluso cuando se equivoque, responder a sus necesidades de atención, de tiempo de calidad, de cariño, de aceptación... y por otro lado darle responsabilidades, hacer caso a sus intereses, que encuentre cual es su sitio y pueda desplegar todo su potencial en él. Que pueda sentirse bien haciendo lo que le gusta.

Pero si queremos evitar todo eso, prevención. Si cuidamos de los bebés y no les robamos la gran autoestima que traen de serie, nos podremos ahorrar en el futuro muchos euros en terapias y libros de autoayuda, ahí lo dejo.

MIS PADRES

“Hay dos regalos que podemos dar a los hijos: raíces para crecer y alas para volar.”

Hoy cumpl0 30 años. Hace 30 años mis padres también tenían 30 y me tuvieron a mi. Yo siempre dije que quería ser mamá antes de los 30 y aquí estoy, intentándolo hacer tan bien como ellos, que sin haber leído ni un solo libro sobre crianza, sin saber ni la mitad de lo que yo se, lo hicieron realmente bien y son todo un ejemplo para mi.
Mis padres nunca se burlaron de mi, porque llorara o porque tuviera miedo. Nunca me humillaron ni me insultaron ni me hicieron sentir menos.
Mis padres nunca usaron el chantaje para conseguir que me portara bien. Nunca me etiquetaron como niña buena o niña mala.
Mis padres no usaban el castigo para corregir los comportamientos, hablaban conmigo y me explicaban las cosas.
Mis padres no le daban mucha importancia a las notas, no me premiaban ni me regañaban por eso, tampoco me exigían de más ni me agobiaban con los deberes.
Mis padres nunca me obligaron a hacer una actividad extraescolar, me dejaban elegir lo que me gustaba, me daban muchas opciones y si no quería dejaban que no fuera.
Mis padres me dejaron siempre mucha libertad, más de la que se solía dejar, no eran rígidos con la hora de volver a casa y confiaban en que fuera sola al médico o a comprar.
Mis padres han sido la llave que me ha hecho descubrir el mundo. Me han acercado al buen cine, a la buena música y me han contagiado el gusto por leer.
Mis padres han sido un ejemplo de la importancia de tener amigos y cuidarlos. De ser generoso con los demás.
Mis padres me han hecho sentir que el mundo es un lugar seguro y agradezco por eso no ser una persona desconfiada y miedosa.
Mis padres me han dejado siempre ser quien yo quería ser, en todos los aspectos y apoyándome en todas las decisiones.
Mis padres nunca me han dicho como tenía que vestir, como tenía que ser, me han aceptado tal y como soy sin querer cambiarme.
Mis padres han sido y son mis amigos, con los que nunca ha habido tabúes y he podido hablar de todo. Porque creo que la gente que dice que no se puede ser amigo de los padres es porque ellos no lo son.
Por todo esto me siento una afortunada. Se suele decir que uno está orgulloso de sus hijos, yo lo estoy de mis padres. Espero estar a su altura.
Gracias.

DEPENDENCIA/INDEPENDENCIA

“¡Todos queremos hijos independientes! Que se levanten y se acuesten cuando les dé la gana, que sólo hagan los deberes si les apetece, que decidan por sí mismos si quieren ir a la escuela, que se pongan la ropa que más les guste y que coman lo que quieran… ¡Ah, no! No ese tipo de independencia. Queremos que nuestros hijos sean independientes, pero que hagan exactamente lo que les digamos.” Carlos González
Criar niños independientes está de moda pero hay mucha confusión. Cuando decimos que queremos que sean independientes, en realidad lo que queremos decir es que sean autónomos, que sepan valerse por sí mismos, que se vistan, que coman solos… pero eso nada tiene que ver con la independencia que les estamos imponiendo.
Todos somos seres interdependientes y necesitamos de los demás para vivir pero un bebé muchísimo más. Un bebé es un ser completamente dependiente y pretender que no lo sea es pedirle peras al olmo, es algo imposible. Dejándole dormir solo llorando o no cogiéndole cuando lo pide, no genera independencia. Es cierto, el niño dejará de llamar a mamá, pero no porque no la necesite sino porque sabe que no va a venir. Es muy diferente y muy triste.
La autonomía, como pasa con muchas otras cosas en la educación, no se enseña, se adquiere por madurez. Lo único que tenemos que hacer es dejarles. Dejarles comer solos, aunque manchen, dejarles jugar solos y no dirigir su juego ni intervenir constantemente. Les imponemos cosas para las que no están preparados pero luego no les dejamos que tomen decisiones o que hagan cosas que quieren porque creemos que nosotros las hacemos mejor, vestirles, darles de comer o no dejarles trepar o subirse a ciertos sitios porque nos da miedo. 
Pero es que mi hijo ya sabe hacerlo y aun así hay veces que no quiere. Bueno claro, como nos pasa a todos. Yo también se hacerme la cena, pero a veces estoy cansada y me gusta que me la hagan. Autonomía sí, pero con alegría. No se trata de obligar a que hagan cosas sino darles la oportunidad de que aprendan. Los niños pequeños quieren ponerse los zapatos, limpiar, cocinar y no les dejamos y años más tarde pretendemos que quieran hacerlo.
Pero volviendo a la dependencia. Existe un miedo. A que si respondo a todas las necesidades del niño, si le cojo mucho en brazos, si respondo cada vez que llora, será siempre un ser dependiente. Y no, lo cierto es que es todo lo contrario. Un niño que se siente querido y que es atendido se muestra más independiente porque sabe que si lo necesita su figura de apego va a estar ahí. Por el contrario, el que no ha tenido sus necesidades afectivas cubiertas, podrá parecer de primeras que es muy independiente, pero en realidad lo que le pasa es que ha desistido de pedir y por lo tanto, siempre será un ser más dependiente, de cariño, de contacto, de atención… demandando siempre aquello que no tuvo.
En conclusión, a los bebés, todo lo que nos pidan, brazos, consuelo, cariño, como la teta, a demanda. Y cuando empiecen a mostrar signos de autonomía, querer vestirse, querer comer solos, querer trepar, tomar decisiones… dejémosles, acompañémosles y nos estaremos asegurando una persona libre y autónoma. Porque la autonomía se aprende ejerciéndola.