“En la naturaleza no hay recompensas ni castigos, hay consecuencias.” Robert G. Ingersoll

En el post de la Disciplina Positiva que podéis leer aquí, ya expliqué un poco que es muy fácil caer en los castigos y disfrazarlos de consecuencias. Hoy quiero explicar mejor cúal es la diferencia y por qué creo que un niño aprende de las consecuencias naturales y no de los castigos.

En el post de los castigos, ya os conté que estos no sirven para nada más allá de empeorar nuestra relación con los niños, crear niños sumisos y obedientes y hacerles sentir mal. Pero está muy de moda hablar de consecuencias lógicas y muchas veces es más de lo mismo. “Yo no castigo dejo que experimente las consecuencias.”

Un acto tiene consecuencias y aprendemos de ellas. Y es el mejor aprendizaje que podemos tener porque es el de la experiencia propia. Siempre decimos que no hay mejor forma de aprender que vivir, que experimentar algo. En los niños pequeñitos lo vemos muy claro. Ellos aprenden todo así continuamente. Si hago esto ocurre esto otro.

Las consecuencias naturales de los actos es lo que ocurre después naturalmente. Por ejemplo: Si pinto la pared, la consecuencia natural es que queda pintada. Si no te bañas estarás sucio. Si no te pones el abrigo tienes frío.

Si un niño no quiere recoger la habitación la consecuencia natural es que estará desordenada. No hay otra. Podemos hablar con él, ayudarle, ser ejemplo de orden. Pero tendremos que respetar que no quiera. De lo contrario tendríamos que obligarle a hacerlo ya sea con amenazas, castigos o consecuencias disfrazadas.

Para que una consecuencia sea natural debe estar relacionada directamente con el acto en sí. Si le decimos a un niño que si no se pone el abrigo no salimos al patio es castigarle por no hacer lo que nosotros queremos que haga. Puedo llevarle el abrigo por si luego tiene frío y se lo quiere poner.

Decirle a un niño que si no se termina la comida no hay postre es un castigo. La consecuencia natural de no comer es tener hambre, esto nada tiene que ver con el postre.

En definitiva se trata de cambiar la mentalidad de querer que los niños hagan lo que no quieren hacer a través otra vez de la manipulación y el chantaje disfrazándolo de consecuencias cuando no lo son.

¿Y qué pasa con los límites? Un límite es algo que ponemos al niño para protegerlo y no permitimos que experimente las consecuencias de ir sin cinturón en el coche por ejemplo, jugar con un cuchillo o cruzar la calle solo. Porque los límites no se ponen para que el niño aprenda nada, se ponen para proteger. El niño aprenderá a medida que vaya creciendo que es importante usar el cinturón, tener cuidado con el cuchillo y al cruzar la calle. En cambio las consecuencias las experimentará él solo y le servirán para aprender.

Como he dicho en varias ocasiones, si tu frase empieza por “si” (si haces esto, te pasará esto) casi seguro que es un castigo, porque las consecuencias naturales no hace falta que se las digamos, ocurren sin más.

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4 Comments

  1. Hola, en primer lugar darte las gracias por compartir con el mundo tu maravillosa forma de mirar al niño.
    Pero hay veces que mi mente viciada me hace actuar de forma automática. Con respecto a las consecuencias me cuesta trabajo de asimilar el concepto. Por ejemplo, algo que me afecta ahora mismo más directamente, con el no querer comer. Se le deja sin comer nada? No se le ofrece otra opción saludable? Con no querer bañarse, no se le baña? Se le deja sucio por ejemplo para ir al cole al día siguiente? Aclaro de que mi nena tiene 17 meses, no puedo razonar mucho con ella.

    Muchas gracias

    1. Hola Luisa, gracias por tu comentario. Nos pasa a todos, es normal, porque es lo que hemos recibido y lo tenemos interiorizado. Con el tema de la comida, es muy importante no forzar, obligar, insistir… puede producir rechazo y luego no quieren comer. Se puede ofrecer, igual ahora no quiere y a la media hora sí, quizá de eso no quiere y de otra cosa saludable sí… Si no quiere comer respetamos que no quiera. Un niño se autorregula. No hay desnutrición en niños que no tienen ningún problema. Ellos saben lo que mecesitan. Respecto al tema baño: no es bueno ni necesario bañarles todos los días así que si supone una lucha dejémoslo para cuando sea imprescindible, cada familia valora aquí lo que le parece… Mia también está ahora en fase no me quiero bañar e intentamos alargar lo máximo y cuando toca nos funciona bañarnos con ella. Viendo que su papá o mamá se baña con ella lo acepta mejor y lo disfruta. Buscar ideas e intentar ser lo más respetuosos posibles. Espero haberte ayudado. Un saludo!

  2. Hola Roció.

    En primer lugar, enhorabuena por tu blog, me gusta mucho la forma que tienes de explicar las cosas y coincido con la mayoría de ellas.
    He llegado hasta aquí a través de una publicación de Facebook sobre las consecuencias y castigos… Y la verdad es que me surgen varias dudas.

    Partimos de la base de que yo tampoco soy partidario de los castigos, ya que los considero contraproducentes, sin embargo, desde mi punto de vista, el hecho de que esas “consecuencias” (o castigos), estén colgadas en la pared, a la vista de todos los alumnos, les hace, en cierto modo responsables de sus actos ¿no?

    A ver si me explico…

    La consecuencia de robar es tener más dinero, algo que todos queremos. Pero no lo hacemos (al menos la mayoría), porque sabemos que al hacerlo podemos ir la cárcel. Lo cual es positivo, porque de otra forma esto sería un caos donde todo el mundo robaría, habría crímenes, etc.

    Si hablamos de un niño que quiere llamar la atención en clase hablando continuamente o interrumpiendo, en este ejemplo, la consecuencia para el niño sería conseguir la atención de sus compañeros o maestros, lo cual, para él, es bueno. Sin embargo, el niño sabe que si lo hace, tendrá una de esas “consecuencias”. Por lo tanto, decide no hacerlo y la clase no se convierte en un caos, con lo que sus compañeros no se ven perjudicados.

    En ambos ejemplos, las “consecuencias” evitan ese caos. O por decirlo de otra manera, evitan que muchas personas se vean perjudicadas por culpa de una sola.

    No creo que esos carteles de la fotografía sean un “horror” como he visto en algunos de los comentarios, aunque si es cierto que algunos carteles son del todo desafortunados.

    Me gustaría saber tu opinión al respecto. Muchas gracias.

    Un saludo.

    Anhela.

    1. Hola Anhela, gracias por tu comentario. voy por partes jeje Siempre que actúa un adulto es un castigo. Las consecuencias naturales de las cosas, ocurren sin más, no hay intención de enseñar nada. En este caso son castigos que pretenden que el niño no haga lo que no queremos, es para lograr obediencia. Lo importante de no robar es hacerlo por valores no por evitar el castigo. Por eso cuando nos multan (castigan) frenamos en el radar con el coche, pero luego volvemos a acelerar, porque el castigo no enseña valores. Lo que nos interesa es que los niños adquieran valores de respeto, solidaridad no obediencia, que es lo que conseiguen estas cosas. Un niño que habla e interrumpe tiene una necesidad no satisfecha que imponiéndole un castigo no va a solucionar. Si fuera tan fácil como eso, bastaría conponer un cártel de esos en cada clase y nos aseguraríamos silencio y atención. El caso es que los niños siguen hablando e interrumpiendo, bien porque se aburren, porque necesitan moverse etc… las consecuencias nunca evitarán el caos, a no ser que sean muy duros los castigos y los niños por MIEDO dejen de hacer lo que necesitan. Hablaríamos entonces de sumisión. Yo si creo que los carteles son un horror, porque confunden a mucha gente que puede creer que eso es respetuoso, y que está haciendo algo nuevo y mejor cuando es lo de siempre. Lo cierto es que es un tema complejo, espero haberme explicado bien. Gracias por dar tu opinión, me ayuda mucho a ordenar mis ideas. Un saludo

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