“Cuanto más idealizamos el pasado y nos negamos a reconocer nuestros sufrimientos de la infancia, más los pasamos inconscientemente a la próxima generación.” Alice Miller

El domingo fue el Día de la Madre aquí en España y las redes se llenaron de mensajes de amor, de madres perfectas y de idealización de infancias.

Esto, que por un lado es natural, que los hijos idealicen a sus padres, es por otro lado peligroso y falso. Los padres se equivocan, todos, unos más que otros pero es importante madurar, reflexionar y no quedarse estancado en cuando teníamos cinco años y pensábamos que nuestros padres eran Dios.

La mayoría de adultos de ahora venimos de crianzas y escuelas autoriatarias. Hemos vivido los castigos, las amenazas, los chantajes, los insultos, los cachetes… Muchos incluso siguen viviendo cosas de estas con sus padres a día de hoy, a pesar de ser ya adultos.

Lo que ocurre es que el niño no es capaz de odiar a sus padres por el daño que le hacen, ya sea físico o emocional. Los sigue queriendo e idolatrando (todos conocemos casos terribles de niños víctimas de violencias graves que siguen queriendo estar con sus progenitores). El niño lo que hace es dejar de quererse a sí mismo cada vez que es castigado, dañado, humillado.

Y esos niños que no reconocen ese daño se convierten en adultos que siguen creyendo que sus padres lo hicieron por su bien, que lo merecían, que eso les hizo convertirse en mejores personas, que eso les hizo fuertes, que están bien.

Mi padre me dejaba llorar y estoy bien, mi madre me pegaba y no pasa nada, mi padre me castigaba porque es que me portaba fatal, mi madre me daba con la zapatilla, ¡qué divertido!

Decimos eso, le restamos importancia y lo defendemos porque es lo más fácil, lo menos duro. Ponernos en la piel del niño que éramos e intentar sentir lo que sentíamos en ese momento duele. Reconocer que nuestros padres nos hicieron daño (porque no tenían más recursos, no porque no nos quisieran) duele.

Y entonces, así seguimos. 30 años despúes pensando que nuestros padres lo hicieron genial con nosotros. Que todo lo bueno que somos es gracias a que nos hicieron sentir mal y no gracias a todo lo demás. Y esto tristemente nos aleja mucho de ser mejores padres o educadores y de romper con ese tipo de relación para empezar a tratar a los niños con más respeto. Si creemos que nosostros lo merecíamos, pensaremos que nustros niños también, que es lo mejor para ellos.

Evidentemente que no quiero decir que tengamos que odiar a nuestros padres, podemos perdonarlos y entender que hicieron lo que podían con lo que tenían. Pero solo analizando que hubo cosas que no estuvieron bien, que te produjeron dolor, que te hacían sentir mal podrás romper con ese modelo, empezar a hacerlo de otra manera y cambiar tu propia mirada hacia la infancia. Te invito a revisar la tuya.

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