Con esto de las redes sociales ocurre una cosa. Que como normalmente mostramos nuestra mejor cara, lo bonito, lo divertido… y en mi caso además como se trata de un blog en el que se critica mucho todas esas cosas que los adultos hacemos mal con los niños, podría parecer que yo nunca me equivoco, que soy una madre perfecta. Pero nada más lejos de la realidad. Ni lo soy ni lo quiero ser.

Desde que nació Mia me he equivocado muchas veces. En cosas más y menos importantes. He cambiado mi opinión respecto a otras. He dicho que iba a hacer una cosa y he acabado haciendo otra. Y sé que me equivocaré muchísimas veces más. Porque somos personas, con nuestras mochilas y nuestra realidad y hacemos lo que podemos con lo que tenemos, (aunque esto no debería ser excusa para no querer mejorar). Igual que los niños, nosotros también estamos aprendiendo, en este caso a ser padres y aprender siempre implica cometer errores.

Cada vez que me equivoco tengo una oportunidad para mostrarle a mi hija que no hay que ser perfecta, que uno se puede equivocar y que está bien pedir perdón. El error debería servirnos para ser mejores y no para quedarnos anclados en él. Porque si hay algo con lo que cargamos los padres, las madres sobre todo, es con la culpa. A los niños les regañamos cuando se equivocan y solemos hacer lo mismo con nosotros mismos.

Hagas lo que hagas te sentirás culpable. Pero la culpa es un sentimiento muy malo que no aporta nada. No podemos volver atrás a reparar lo hecho. Lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre como puedo hacerlo mejor la próxima vez.

Una noche cuando Mia tenía unos tres meses, estaba agotada, llevaba una hora en la teta y me dolían muchísimo los pezones. Le puse un chupete y me sentí culpable. Yo, que sabía que podía interferir en la lactancia, que podía ser perjudicial, que sabía que no lo necesitaba y que había dicho muchas veces que no se lo pondría.

Cuando tenía un año le puse el móvil en el coche para los viajes porque no podía ir sola a ninguna parte con ella porque lloraba todo el camino. Me sentí culpable también. Yo, que me había dicho a mí misma que hasta los dos años no se acercaría a una pantalla.

Hoy miro aquello con perspectiva y lo que me parecía horrible hoy me parece que no tiene ninguna importancia. Entiendo por qué lo hice y eso es lo que importa.

Me he encontrado muchas veces diciendo cosas y repitiendo frases las cuales luego critico en numerosas ocasiones. Tenemos algunas cosas tan interiorizadas que se nos escapan y nos salen automáticamente si no lo pensamos mucho. Es normal y darse cuenta es el primer paso.

Hay momentos que no la he hablado o tratado como me gustaría, a veces no he estado todo lo presente que debería o no la he respondido todo lo rápido que necesitaba. Soy consciente de que la razón de que esto ocurriese era el cansancio, el sueño, la soledad…

Criamos en soledad, (una pareja también es criar en soledad). Porque ocuparse de un niño, o de varios, de una casa, de un trabajo sin tribu, es demasiado para una o dos personas. Criar de esta manera hace que a veces nos veamos desbordados y lamentablemente esto lo pagan los más indefensos. Los niños.

Tener esto presente es importante para tomar medidas. Si yo sé que anoche me enfadé con ella porque no se dormía porque en realidad yo estaba muy cansada, igual puedo acostarme antes y así estaré mejor al día siguiente. Si yo sé que la obligué a la fuerza a sentarse en la silla del coche porque llegábamos tarde a algún sitio, igual puedo salir con más tiempo la próxima vez y así ir más tranquilas.

Se trata de no caer en la culpa sino de utilizar esos “errores” para aprender y hacerlo mejor la próxima vez. Evidentemente que a veces no podremos descansar más tiempo, tener un relevo o salir antes de casa, pero solo el hecho de saber por qué actuamos como actuamos con ellos, es un gran paso.

Porque lo grave no está en lo que he hecho mal con el niño sino en pensar que le he regañado porque es que no para, que le he he gritado porque es un desobediente o que le he obligado a hacer algo por su bien. Solo el hecho de saber que lo que ha ocurrido es por cómo estás tú y no por lo que ha hecho el niño te coloca en una posición diferente desde la cual puedes decirle al niño: Siento haberte tratatado así. Y eso, es una de entre un millón de formas de ser una buena madre.

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