Categoría: Feminismo

41+5

“Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer.” Michel Odent

Creo que no me olvidaré de esa cifra nunca. De 41 semanas y cinco días estaba cuando me provocaron el parto.

Hace unos días, en Oviedo, una mujer era llevada a la fuerza por la policía al hospital para inducirle un parto en contra de su voluntad porque estaba de 42 semanas de embarazo. Los medios, bastante desinformados por cierto, han hecho de la noticia un circo y a mi me ha revuelto las tripas y traído malos recuerdos. Casi dos años después me dispongo a contar mi parto.

Si había algo que me atormentaba durante el embarazo, era justo lo que ocurrió. Pasarme de la semana 41 y que me tuvieran que inducir el parto. Tenía mi plan preparado de hace tiempo. Quería un parto lo más natural posible, no por hippie, no por moda, no porque me creía más fuerte que nadie (como mucha gente cree), simplemente porque es lo mejor para la madre y para el bebé, a todos los niveles. Esto no es una opinión, son las recomendaciones de la OMS.

Sabía que si me pasaba de fecha todo mi plan se iría al carajo. Los partos inducidos suelen ser partos complicados que llevan incluídos lo que se conoce como “cascada de intervenciones”, porque una lleva a la otra. Yo me las llevé casi todas, prostaglandinas que me provocaron horas de contracciones pero no hicieron que dilatara absolutamente nada, maniobra de Hamilton (tengo que agradecer que me consultaran, se hace muchas veces sin consentimiento), rotura de bolsa para ver si se aceleraba algo, oxitocina sintética que provoca unas contracciones inaguantables que hicieron que tuviera que ponerme la epidural, lo que conllevó a que no pudiera moverme, que hizo que tuviera que permanecer en la postura clásica y “antinatural” que hace que al bebé le cueste más salir, lo que hizo que junto a mi cansancio extremo después de 24 horas de sufrimiento finalmente tuviera que venir una ginecóloga con una ventosa a sacar a Mia. Me faltó la cesárea para el completo.

Todo esto ocurrió porque yo estaba de 41 semanas y 5 días y no se podía esperar más. Eran las recomendaciones “oficiales”, en el hospital me dieron un folleto horrible que no te daba pie a dudar, según ellos era peligrosísimo esperar un día más. Había acudido con 41+3 y ya querían inducirme, les pedí dos días más para ver si conseguía ponerme de parto pero esto no ocurrió y no tuve otra opción.

Hoy sé que podía haber esperado más sin aumentar los riesgos. Hoy tengo información más actualizada y me da pena no haber podido tener el parto que quería y haber tenido que pasar lo que pasé debido al miedo. Si hoy estuviera de 41+5 quizá me hubiera vuelto a mi casa a seguir esperando y quién sabe si hubiera venido la policía a buscarme. Aunque creo que lo más seguro es que no, ¿sabéis por qué?, porque yo no había decidido parir en casa, como en el caso de la mujer de Oviedo.

Por cierto, parir en casa es legal, es un derecho, es seguro y no tiene más riesgos que hacerlo en un hospital. #NosotrasParimosNosotrasDecidimos

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STOP VIENTRES DE ALQUILER

“En un mundo desigual como el nuestro, la frase “que cada uno haga lo que quiera” que tanto defienden los liberales es más bien un “déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo” Barbijaputa

El 8M fue un éxito. Hubo muchas pancartas que hablaban del cuerpo de las mujeres. Próximamente tenemos elecciones y el tema de los vientres de alquiler que ahora quieren llamar “gestación subrogada” porque suena mejor, está en el aire.

El feminismo radical (radical por ir a la raiz no por ser violento como algunos piensan) se posiciona en contra de la prostitución y de los vientres de alquiler. Los que lo defienden lo hacen en nombre de la libertad. Pero es una falsa libertad la que una mujer tiene cuando no tienen otra opción. Porque casualmente en el 99 por ciento de los casos son pobres cediendo sus cuerpos para los ricos. ¿Dónde queda aquí la libertad?

Traigo este tema polémico hoy aquí para hablar del último olvidado siempre, el bebé. Porque el mundo es adultocéntrico y como ocurre con las bajas de paternidad iguales e intransferibles, se legisla poniendo los derechos de los adultos por encima de los de los niños. Total, como ellos no tienen ni voz ni voto…

Aunque partamos de que ser padre, no es un derecho es un deseo.Y tu deseo no puede estar por encima de la explotación de otras personas porque no todo se compra y se vende. Y si no lo hacemos con un riñón no se debería hacer con un bebé.

La ciencia ha demostrado que el vínculo que se genera entre bebé y madre gestante es espectacular. De ahí que ahora le demos tantísima importancia al piel con piel con la madre porque el bebé el único lugar que conoce es el cuerpo materno. Su olor, su sonido, su voz…

Pero todo esto parece que deja de tener importancia cuando hablamos de vientres de alquiler. El deseo de ser padres por encima de todo. Aunque causemos dolor intencionado al bebé. Un bebé que es arrancado de su madre al nacer siente lo mismo que si su madre hubiera fallecido en el parto. Hay un trauma generado por los que desean un bebé con sus genes.

Mucha gente defiende esta práctica diciendo que hay muchos niños huérfanos de madre y que no les pasa nada. Bueno, lo cierto es que sí les pasa pero es que esos niños huérfanos de madre no tienen opción de recuperarla. El daño ya está hecho. El problema con los vientres de alquiler es que el daño se le ha provocado al bebé intencionadamente.

El embarazo al no vivirse desde el deseo de tener ese hijo también produce efectos negativos en ese bebé. Será un bebé que desde su concepción se sentirá rechazado. Un bebé merece ser deseado y nacer y encontrarse con el cuerpo que lo gestó.

Lo que vive el bebé es solo una parte de esta aberración. Podríamos hablar de lo que sufren las madres gestantes donde las tienen recluídas, de que las obligan a abortar si el niño viene con problemas o a abandonarlo si llega a nacer y la familia no lo quiere… pero claro, todo eso no lo vemos en los programas de TV en los que sale una mujer que desde el privilegio habla de que ella lo hace altruistamente.

Cuando veamos a mujeres ricas gestando bebés altruistamente para mujeres pobres podremos hablar de libertad. Mientras tanto sigamos con la polémica de un tema que no debería generar ninguna porque está todo más claro que el agua.

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NO QUIERO QUE A MI HIJA LE PASE LO MISMO

“Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres tienen miedo de que los hombres las asesinen.” Margaret Atwood

El viernes es 8M, Día Internacional de la Mujer. He escrito varios post sobre feminismo porque los que me seguís desde hace tiempo sabéis que para mi es muy importante educar a los niños en igualdad.

Parece que está de más decirlo, pero siempre hay algún despistado por ahí que aún piensa que ya existe igualdad, que no hay por qué luchar ya o que las mujeres no sufrimos más por el hecho de ser mujeres.

Pero nada más lejos de la realidad. Ser mujer y niña significa que vivirás unas cosas solo por el hecho de serlo.

El primer recuerdo que tengo de haber vivido algo por ser mujer es de cuando tenía 8 años. (Estoy segura que me pasaron mil cosas antes). Nos disfrazamos para un baile del cole y la profe me maquilló. Un niño de mi clase me llamó puta. Me lo dijo porque yo era una niña.

Cuando tenía 12 años una profe me dijo que no podía ir con los pantalones tan cortos al colegio, que enseñaba mucho. Me lo dijo porque yo era una niña.

He tenido que escuchar cosasa como que calladita estás más guapa, que no haga eso que parezco un marimacho, que para presumir hay que sufrir, que quien bien te quiere te hará llorar…

Por ser mujer he tenido que aguantar muchas cosas que un hombre ni se imagina. Me han tocado en el metro, en la calle, me han acosado, me han perseguido, se han masturbado por la calle delante de mi, he sentido miedo yendo sola, he pensado al andar de noche que un grupo de chicos podía violarme (y cosas peores que no me apetece contar por aquí). Todo esto porque soy mujer.

Alguno podría pensar, pobre chica, le ha pasado de todo. Pero solo hace falta que preguntéis a cualquier mujer de vuestro alrededor, todas tenemos muchas historias como la mía, todas hemos sufrido alguna vez en nuestras vidas el machismo.

Las mujeres lo tenemos mucho más difícil en todo. No ocupamos cargos de poder, tenemos los peores salarios, morimos cada año asesinadas por nuestras parejas, sufrimos violencia machista, violencia institucional, violencia obstétrica, nos encargamos más de la crianza y de las tareas del hogar, sufrimos más trastornos alimentarios debido a la presión por la estética…. y podría seguir con muchísimo más. Y todo esto nos ocurre solo por ser mujeres.

Y yo, no quiero que mi hija por ser mujer tenga que pasar por nada de eso.

Por todo esto, nos vemos el viernes.

EDUCACIÓN FEMINISTA

“La revolución será feminista o no será.”
Ayer fue el Día Internacional contra la Violencia de género y quería aprovechar la ocasión para hablar de qué podemos hacer los adultos, padres y educadores para ayudar a combatir esta lacra que cada año sufren tantas mujeres y niñas.
Todos deberíamos ser feministas. Porque o eres feminista o eres machista. No hay más. Parece una obviedad pero todavía hoy hay que explicarle a muchísimas personas que si crees en la igualdad es que eres feminista.
Partiendo de esa base, podemos empezar a hablar de educar en feminismo. Porque el gobierno invierte dinero, no todo el que debería pero ese es otro tema, en aplicar medidas necesarias pero insuficientes para las víctimas. Teléfonos para denunciar, órdenes de alejamiento y demás medidas directas que aunque dejan mucho que desear, pueden ayudar pero no solucionan el problema. Salvando las distancias, es como cuando un niño pega y le castigamos. De nada sirve solo fijarnos en la conducta y querer acabar con ella. Tenemos que ir más allá y entender por qué los hombres nos están matando. Ellos a nosotras. Por ser mujeres. Solo así podremos erradicar el problema. Yendo al fondo de la cuestión.
Y la raíz de este problema no es más que una sociedad machista que desde que nacemos nos educa a las niñas a ser sumisas y a los hombres a dominar. Cuando un hombre mata a una mujer es la punta de un iceberg, pero debajo hay todo un sistema que lo sostiene basado en cosas como publicidad machista, humor machista, micromachismos y también la educación que recibimos. Entonces, sí, hay que tomar medidas para ayudar a las víctimas pero es urgente que también se comience a trabajar desde la base del iceberg para que algún día no tengamos que salir a la calle a decir NI UNA MENOS.
Los que tenemos hijos o trabajamos con niños tenemos una gran responsabilidad. En nuestras manos está el futuro de nuestra sociedad y tenemos mucho poder para cambiar las cosas. Ya escribí “Como educar a un niño y a una niña en un mundo machista.”, pero hoy quiero ir un paso más allá y dar ideas de cosas que podemos hacer en nuestro día a día.
Primero revisarnos. Dar ejemplo. Tanto hombres como mujeres venimos de una educación machista, por lo tanto seguramente repitamos roles y tengamos trabajo por hacer. Cosas tan sutiles como criticar a las mujeres o hablar de sus cuerpos y su apariencia física cosifican a la mujer. Los roles que les mostramos en casa, la forma, las palabras con las que nos dirigimos a niños y a niñas es diferente. Deberíamos hacer un ejercicio de reflexión sobre esto. Frases como, qué fuerte estás, que guapa eres, se repiten demasiadas veces en diferentes contextos.
También es importante como educadores darles a los niños referentes. En las aulas el discurso, los libros de texto, la historia es machista. Por tanto, es tarea nuestra buscar escritoras, artistas, deportistas… y que los niños puedan tener una visión más justa e igualitaria del mundo.
Pero si hay que hacer algo urgentemente para educar en feminismo es hablar. Tenemos que hablar con los niños y adolescentes. A veces creemos que los más pequeños no pueden entendernos y quizá es así en parte, pero hay que explicarles las cosas, como que las tiendas tienen separados los juguetes y la ropa en dos colores y que eso es una tontería. Si no se lo decimos lo estamos normalizando. El tiempo se encargará de que lo entiendan.
Hay que hablar, según la edad, de machismo, de sexo, del porno, del amor romántico, de los roles de genéro… cada cosa a su edad pero tienen que saberlo. No se trata de prohibirles el reggaetón o jugar con barbies, eso solo les manda el mensaje de que sus gustos no son válidos y sentirán que les juzgamos por ello. Se trata de aprovechar eso para hablar de las letras de las canciones, de la sexualización de las muñecas, de lo que vemos en la televisión… Insisto, si no se habla estamos dejando que la sociedad sea quien los eduque y no será en feminismo, eso seguro.
Por suerte, si algo bueno han traído las nuevas tecnologías, es entre otras cosas, la posibilidad de tener el conomiento en la palma de nuestra mano. Creo y quizá estoy siendo optimista, que la juventud gracias a esto, está más informada que nunca, que el feminismo viene fuerte y es imparable pero aun así creo que nos queda muchísimo camino por recorrer, sería bueno que los niños pudieran hacerlo de nuestra mano y no seentirse así tan desprotegidos en esto como seguramente nos sentimos en su día todos nosotros.
 

LAS BAJAS IGUALES E INTRANSFERIBLES SON UNA MEDIDA MACHISTA

“Que la tramitación a ley de los permisos iguales e intransferibles haya sido aprobada por unanimidad total por todos los partidos del parlamento, es la prueba de que no es una medida con visos de cambiar nada fundamental, y desde luego no es en absoluto antipatriarcal ni anticapitalista” Patricia Merino
Se ha aprobado la propuesta de que la baja de paternidad sea de cuatro meses igual que la de la madre e intransferible, es decir, obligatoria. Se ha hecho en nombre de la igualdad y creo que la medida no puede ser más machista y adultocéntrica.
Porque da privilegios a los hombres y a las mujeres, que llevamos años pidiendo que aumenten la de maternidad, al menos hasta los seis meses que es lo que recomienda la OMS para las que eligen lactancia materna, no nos hacen ni caso.
Porque es meterse en la organización de cada familia a decidir lo que tienen que hacer. Otra vez diciéndoles a las madres lo que las hará libres y en nombre de la realización personal. ¿Y si a mí me realiza o me hace más libre quedarme cuidando de mi bebé que trabajando en una empresa?
Porque dicen que así las empresas contratarán igual hombres que mujeres. Eso va a seguir siendo igual, porque las que nos embarazamos, que no se olvide, somos nosotras, así que las empresas seguirán igual. Y si el problema es con las empresas, que tomen medidas hacia ellas, como incentivar que contraten mujeres embarazadas o penalizar que las echen, no contra las mamás y los bebés.
Porque dicen que eso es igualdad. Pero es que queremos equidad, no igualdad. Porque nosotras somos las que parimos y damos el pecho las que queremos y tenemos derecho a tener unas bajas dignas para hacerlo. Si se buscase la equidad, en vez de hablar de bajas de paternidad con un bebé de cuatro meses, se podría hablar por ejemplo de que el padre se cogiera esa baja en los años siguientes. La infancia es muy larga, hay que quedarse con el niño cuando está malo, llevarlo al médico, ir a reuniones escolares…
Porque se supone que todas las madres prefieren ir a trabajar que quedarse con un bebé de cuatro meses. Pues mira, habrá unas que sí y habrá otras que no. Pero legislar obligando a que te tengas que ir sí o sí, llorando y con el alma rota, es de todo menos feminista.
Porque nadie hace políticas sobre el cuidado de las personas mayores ni sobre quien limpia el baño o hace de comer y por eso nadie debería hacer política sobre quien cuida de los bebés.
Porque se está obviando completamente los derechos del bebé poniendo por encima el derecho de los adultos. El bebé tiene derecho a tomar el pecho y a estar con su figura primaria si esta así lo desea. Y aunque a muchas y muchos les pese, el bebé a quien necesita al principio es a su mamá o vínculo primario.
Porque seríamos el país de Europa con las bajas de paternidad más largas y las de maternidad más cortas. Otra vergüenza más.
Porque si fueran transferibles, como en los países más avanzados, cada familia podría decidir lo que mejor le conviene. 
Por todo esto estoy indignada. Abro debate.

EDUCAR A UN NIÑO EN UN MUNDO MACHISTA

Hijo eres un bebé fuerte, un campeón pero también eres precioso, un bombón.
Hijo, te visto de azul, de verde, de rosa y de morado. Porque no hay colores para niñas y colores para niños. Porque no hay por qué diferenciaros por lo que lleváis puesto.
Hijo puedes jugar al fútbol, a las muñecas, a ser pirata o princesa. A lo que te haga feliz.
Hijo si te gustan los coches está bien y si te gustan las barbies también.
Hijo no tienes que ser siempre fuerte y valiente. Puedes tener miedo y llorar. Ser sensible y delicado. Puedes ser como quieras. Llorar es de hombres, mujeres y niños.
Hijo, si alguien te dice que corres o pegas como una niña no te lo tomes como un insulto. Ser como una niña nunca debería serlo. Las niñas al igual que los niños son geniales. Y pueden correr y pegar incluso mejor.
Hijo puedes bailar o jugar al baloncesto, no hay actividades de niños y de niñas.
Hijo, puedes vestirte como te dé la gana, llevar el pelo largo, ponerte un vestido de princesa, pintarte las uñas, lo que te haga sentir bien.
Hijo, aunque la televisión y lo sociedad te hagan ver lo contrario, ten claro que las chicas no son solo un cuerpo. No las juzgues por su físico.
Hijo, aunque en los libros y en la tele apenas aparezcan, tienes que saber que hay mujeres increíbles que han hecho cosas maravillosas a lo largo de la historia.
Hijo, no toques nunca el cuerpo de una chica sin su permiso ni la violentes por la calle diciéndole cosas. Es desagradable y es acosarla.
Hijo, la pornografía es violenta con las mujeres y nada tiene que ver con el sexo sano. La prostitución es pagar a una mujer pobre para violarla, tenemos que luchar para acabar con ella.
Hijo, no está bien presionar, chantajear, insistir a una chica para que te bese o se acueste contigo. Y te pueden decir que sí y luego que no. Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión. Tienes que respetarlo.
Hijo, hacer humor sexualizando mujeres, reírte de ellas o no decirles nada a los amigos que lo hacen perpetúa el machismo con el que queremos acabar.
Hijo, si tienes pareja, no tienes que ayudarla con la casa y los niños. Son responsabilidad tuya igual que de ella. Implícate y asume lo tuyo.
Hijo, se aliado de las mujeres, feminista y lucha por la igualdad de hombres y mujeres. Tienes que entender que este mundo en el que vivimos es mucho más duro para ellas que para ti. No se lo pongas más difícil.

EDUCAR A UNA NIÑA EN UN MUNDO MACHISTA

Hija, eres una bebé preciosa, un bombón, pero también eres fuerte y una campeona.
Hija, te visto de rosa, de verde, de rojo y de azul. Porque no hay colores para niñas y colores para niños. Porque no hay por qué diferenciaros por lo que lleváis puesto.
Hija, puedes jugar al fútbol, a las muñecas, a ser princesa o guerrera. A lo que te haga feliz.
Hija, si te gustan las barbies está bien, y si te gustan los coches también.
Hija, no tienes que ser delicada. Puedes ser valiente, jugar a luchar y mancharte. Ah y si un niño te pega no es porque te quiere. 
Hija, eso que haces si no es de señoritas tampoco es de señoritos. Si está mal, está mal para todos.
Hija, puedes jugar al baloncesto y odiar bailar, no hay actividades de niñas y de niños.
Hija, puedes vestirte como te de la gana, con vestido, con pantalones, con chándal, con falda…con lo que te haga sentir más cómoda.
Hija, si te apetece depilarte y usar sujetador está muy bien, pero si no quieres hacerlo también lo está. Haz lo que te haga sentir bien a ti. Que no te importe lo que piensen los demás.
Hija, no tienes que ser como esas que salen en la tele, ni estar delgada. Deberías cuidar tu alimentación y hacer ejercicio para estar sana. Tú ya eres bella como eres, que nadie te haga creer lo contrario.
Hija, no tienes por qué maquillarte ni usar tacones. Eres perfecta tal cual eres. Pero si decides usarlo está genial. Que nadie te diga lo que tienes que hacer con tu cuerpo.
Hija puedes estudiar lo que quieras, puedes ser ingeniera, futbolista, médico o directora. Que nadie te diga hasta donde puedes llegar.
Hija, no tienes por qué echarte novio. Tú ya estás completa. Pero si encuentras a alguien con quien compartir tu vida que sea alguien que no piense que es superior a ti o que eres de su propiedad. Los celos no indican amor. 
Hija, no permitas que nadie te controle tu vida, ni que te diga con quien puedes juntarte o en que gastarte tu dinero. Quien bien te quiere no te hará llorar.
Hija, puedes acostarte con quien te apetezca. Pero también puedes decir que no siempre que quieras. No tienes obligación de complacer a nadie. Tienes derecho a cambiar de opinión. Tu cuerpo es tuyo y siempre puedes decidir que hacer con él, quien puede tocarlo y quien no.
Hija, no tienes que ser madre si no te apetece. Si lo decides estará genial también. Haz con tu vida siempre lo que te diga el corazón.
Hija, si decides tener hijos edúcalos por igual si son niñas o niños pero enséñales que el mundo en el que vivimos no es igual para todos y que ser niña es mucho más difícil.
Hija, nunca dejes de luchar por un mundo más justo para todos.

MATERNIDAD Y FEMINISMO

“Para mí lo realmente subversivo es la revolución amorosa que pone en el centro de la lucha feminista los cuidados y los afectos” Coral Herrara
Feminismo, por si aún queda algún despistado por ahí, es querer la igualdad para hombres y mujeres. Así que, antes que nada, todas deberíamos decir bien alto y bien claro que nos consideramos feministas.
Dentro del feminismo, como pasa en todos lados, hay diferentes posturas. Una de ellas se posiciona en contra de que las mujeres se queden en casa cuidando de los bebés. Dicen que nuestras madres lucharon para conseguir entrar en el mercado laboral y ahora nosotras volvemos a casa a ser esclavas de la crianza y la limpieza del hogar. Hablan de dar biberón para que así la mujer pueda dormir y todo se reparta al cincuenta por ciento, y de escuelas infantiles para que la mujer empiece cuanto antes a trabajar. Esa es su igualdad ideal.
De lo que se están olvidando algunos, es de que los bebés no entienden de igualdad. Entienden de estar nueve meses en un cuerpo que han olido, sentido, oído, escuchado y que es el que necesitan. Pero como suele pasar, lo que necesitan los bebés pasa a un segundo plano. Normalmente el bebé crea un vínculo con la madre, que le da el pecho o pasa más tiempo con él. No se trata de ser iguales respecto a la crianza del bebé, no es necesario, porque resulta que hay mil cosas que un hombre puede hacer para que la cosa sea igualitaria.
Mientras la mamá da el pecho, el papá puede hacer el baño. Mientras la mamá duerme al bebé el papá puede preparar la cena. Puede dar un paseo al bebé para que la mamá duerma la siesta. Pero la idea no está en maternar a partes iguales sino en ser un equipo. Que la mamá no tenga que dar el pecho, dormir al beé, hacer el baño, sacar al bebé de paseo, hacer la cena y todo esto ¡sin dormir!
Nos hemos creído que el trabajo fuera de casa nos hace libres. Y nos la han colado pero bien. Ahora trabajamos fuera de casa por unos sueldos indignos y además seguimos encargándonos más de las tareas de la casa y los niños. No lo digo yo, lo dicen todas las encuestas. Hemos pasado de ser esclavas de nuestra casa a ser esclavas de un sistema que además nos paga peor que a ellos.
Muchas mamás dejan a sus bebés llorando (los bebés y las mamás) en las escuelas infantiles porque se les acaba la baja. Algunas apenas perciben 200 euros porque el resto se va a a la escuela o a la cuidadora, casi siempre mujeres también.
En mi caso, he trabajado cuidando un bebé en una casa y me han pagado por ello, se paga a mujeres de la limpieza que vienen a tu casa a realizar las tareas. Con lo cual cuidar es trabajar.
El problema es que a las mamás que queremos quedarnos en casa cuidando de la casa y de los niños nadie nos da un duro (quien tuviera dos años de baja como en algunos países). Entonces lo que nos esclaviza no es quedarnos en casa y cuidar a los bebés que es lo que necesitan además. Lo que nos esclaviza es que nadie nos paga por ello. Hablemos claro, es cuestión de dinero. Los cuidados no son el problema, el problema es que son invisibles. Aun así yo elijo cuidar.