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EDUCACIÓN FEMINISTA

“La revolución será feminista o no será.”
Ayer fue el Día Internacional contra la Violencia de género y quería aprovechar la ocasión para hablar de qué podemos hacer los adultos, padres y educadores para ayudar a combatir esta lacra que cada año sufren tantas mujeres y niñas.
Todos deberíamos ser feministas. Porque o eres feminista o eres machista. No hay más. Parece una obviedad pero todavía hoy hay que explicarle a muchísimas personas que si crees en la igualdad es que eres feminista.
Partiendo de esa base, podemos empezar a hablar de educar en feminismo. Porque el gobierno invierte dinero, no todo el que debería pero ese es otro tema, en aplicar medidas necesarias pero insuficientes para las víctimas. Teléfonos para denunciar, órdenes de alejamiento y demás medidas directas que aunque dejan mucho que desear, pueden ayudar pero no solucionan el problema. Salvando las distancias, es como cuando un niño pega y le castigamos. De nada sirve solo fijarnos en la conducta y querer acabar con ella. Tenemos que ir más allá y entender por qué los hombres nos están matando. Ellos a nosotras. Por ser mujeres. Solo así podremos erradicar el problema. Yendo al fondo de la cuestión.
Y la raíz de este problema no es más que una sociedad machista que desde que nacemos nos educa a las niñas a ser sumisas y a los hombres a dominar. Cuando un hombre mata a una mujer es la punta de un iceberg, pero debajo hay todo un sistema que lo sostiene basado en cosas como publicidad machista, humor machista, micromachismos y también la educación que recibimos. Entonces, sí, hay que tomar medidas para ayudar a las víctimas pero es urgente que también se comience a trabajar desde la base del iceberg para que algún día no tengamos que salir a la calle a decir NI UNA MENOS.
Los que tenemos hijos o trabajamos con niños tenemos una gran responsabilidad. En nuestras manos está el futuro de nuestra sociedad y tenemos mucho poder para cambiar las cosas. Ya escribí “Como educar a un niño y a una niña en un mundo machista.”, pero hoy quiero ir un paso más allá y dar ideas de cosas que podemos hacer en nuestro día a día.
Primero revisarnos. Dar ejemplo. Tanto hombres como mujeres venimos de una educación machista, por lo tanto seguramente repitamos roles y tengamos trabajo por hacer. Cosas tan sutiles como criticar a las mujeres o hablar de sus cuerpos y su apariencia física cosifican a la mujer. Los roles que les mostramos en casa, la forma, las palabras con las que nos dirigimos a niños y a niñas es diferente. Deberíamos hacer un ejercicio de reflexión sobre esto. Frases como, qué fuerte estás, que guapa eres, se repiten demasiadas veces en diferentes contextos.
También es importante como educadores darles a los niños referentes. En las aulas el discurso, los libros de texto, la historia es machista. Por tanto, es tarea nuestra buscar escritoras, artistas, deportistas… y que los niños puedan tener una visión más justa e igualitaria del mundo.
Pero si hay que hacer algo urgentemente para educar en feminismo es hablar. Tenemos que hablar con los niños y adolescentes. A veces creemos que los más pequeños no pueden entendernos y quizá es así en parte, pero hay que explicarles las cosas, como que las tiendas tienen separados los juguetes y la ropa en dos colores y que eso es una tontería. Si no se lo decimos lo estamos normalizando. El tiempo se encargará de que lo entiendan.
Hay que hablar, según la edad, de machismo, de sexo, del porno, del amor romántico, de los roles de genéro… cada cosa a su edad pero tienen que saberlo. No se trata de prohibirles el reggaetón o jugar con barbies, eso solo les manda el mensaje de que sus gustos no son válidos y sentirán que les juzgamos por ello. Se trata de aprovechar eso para hablar de las letras de las canciones, de la sexualización de las muñecas, de lo que vemos en la televisión… Insisto, si no se habla estamos dejando que la sociedad sea quien los eduque y no será en feminismo, eso seguro.
Por suerte, si algo bueno han traído las nuevas tecnologías, es entre otras cosas, la posibilidad de tener el conomiento en la palma de nuestra mano. Creo y quizá estoy siendo optimista, que la juventud gracias a esto, está más informada que nunca, que el feminismo viene fuerte y es imparable pero aun así creo que nos queda muchísimo camino por recorrer, sería bueno que los niños pudieran hacerlo de nuestra mano y no seentirse así tan desprotegidos en esto como seguramente nos sentimos en su día todos nosotros.
 

DEJAD DE REGAÑAR

“No busques culpables, busca soluciones.”

Parece que casi todos tenemos bastante claro que pegar a un niño está mal, muchos sabemos que gritar y castigar también, pero hay algo que se hace continuamente, que me desagrada muchísimo y que no sirve para nada bueno, regañar.

¿A qué me refiero con regañar? A sermonear, a reprender el comportamiento de alguien. Lo hacemos no solo con los niños, también en relaciones de adultos y me parece horrible y que está demasiado normalizado.

¿Significa entonces que no hay que decir nunca nada a los niños, ni cuando creemos que se están equivocando? No es eso. Me refiero a las formas. No es lo mismo decir: “Se te ha caído el agua, mira cógelo así con las dos manos”, que decir: “Ya has tirado el agua otra vez, ten cuidado”. Es muy muy diferente. Que el vaso se haya caído ya es suficiente muestra de que nos hemos equivocado. Nadie se equivoca queriendo. A nadie le gusta que le hagan sentir mal por un error.

Vamos a hacer un ejercicio de empatía para ponernos en el lugar de un niño al que le regañan. Imaginad que en el trabajo te regaña tu jefe por algo que has hecho, te echa una charla, o que tu pareja en casa te regaña porque has dejado algo fuera de lugar. Y te dicen: “María, que desastre el trabajo que te pedí ayer” o ¨Luis te he dicho cien veces que no dejes eso ahí.” ¿Cómo te sientes cuando alguien te habla así? ¿Crees que eso te hace mejorar?

Cuando alguien te regaña no está buscando soluciones sino culpables. Está lanzando su odio hacia ti, no intenta mejorar la relación ni que mejores tú, solo quiere sentirse mejor haciéndote sentir mal.

Como decía al principio, no sirve para nada bueno. Decirle a un niño: “No se insulta, no se pega, no se hace eso… ” sabemos que no sirve. Lo sabemos porque los niños siguen pegando, insultando o haciendo eso que nos molesta. Habrá que ver por qué hacen lo que hacen. Si tu frase empieza por “No se…” estás regañando. (Odio ese “SE” impersonal que usamos con los niños).

Para lo que sirve es para que el que ha sido regañado se sienta atacado y quiera defenderse. Acordaros del jefe. Nos regaña, ¿acaso pensaremos en hacer mejor nuestro trabajo? o pensaremos: “Le odio”. Trabajaremos con presión y con miedo la próxima vez. Eso no nos hará mejores desde luego.

Si un niño me dice tonta, no sirve de nada que le diga eso no se dice. Lo primero es que el niño lo ha aprendido de los mayores, usan muy bien las palabras en el momento adecuado, igual que nosotros. Así que regañarle por algo que le hemos enseñado nosotros es cuanto menos, incoherente. Y lo segundo es que es su forma de decirnos que está enfadado. Enfadarme yo con él porque me ha dicho tonta es ponerme a su altura en una posición infantil. ¿De verdad tiene importancia que me diga tonta? ¿Me hace daño? ¿Qué tal decirle “veo que estás muy enfadado conmigo”? El respeto se gana respetando. Si es mayor podemos preguntarle ¿por qué me dices eso? por ejemplo, sin juzgar.

A lo que voy es que nos pasamos el día regañando, corrigiendo, desgastándonos y que eso hace que los niños se sientan peor. Y ya sabemos que un niño que se siente mal no se porta bien. Regañamos pensando que así se portarán mejor y conseguimos todo lo contrario. Si me equivoco y alguien me dice: “no te preocupes, nos pasa a todos” me anima a hacerlo mejor.

Cambiemos la forma en que nos relacionamos con los niños y ellos cambiarán. Y sí, ya sé que alguien pensará: ¡Qué locura, que un niño te llame tonta y no decirle nada! No me hagáis caso, decirle: Eso no se dice. Pero ya os lo digo, no os servirá de nada.

NO PASA NADA

“Cuando empezamos a ser más conscientes de aquello que nos pasa a nosotros, nos es más fácil entender y conectar con el otro. Cuando comprendemos más al otro, también le podemos amar más.” Yvonne Laborda

No pasa nada, les decimos a los niños muchas, muchas veces. Cuando se caen, si se les rompe algo, si lloran por alguna cosa. Lo hacemos con la mejor intención, para restarle importancia, porque pensamos que así pasará antes pero sucede justamente al revés.
Imagina que te das en la pierna con el pico de la mesa y pegas un grito. ¿Qué te hace sentir mejor que te digan: oye no grites que eso no es nada o que te dgan: uff eso duele como te entiendo? Ahora imagina que has roto con tu pareja y estás llorando, ¿prefieres que te digan, ya pasó, ya está, vale ya de llorar, no es nada o que te abracen y te digan: llora lo que quieras, entiendo tu dolor, debes sentirte fatal?
Los niños como los adultos necesitan comprensión. El primer paso para ayudarles a desarrollar sanamente su mundo emocional es dejarles que sientan, y no juzgar ni ignorar sus emociones. Cuando nos reímos de sus miedos, nos enfadamos por sus llantos o ignoramos su tristeza, les estamos diciendo que sentirse así está mal. Decir que no pasa nada cuando para ellos sí que pasa es negar lo que están sintiendo.
A nosotros nos puede parecer una tontería el motivo de por qué lloran, pero lo que a nosotros nos parezca da igual. Para ellos es importante, están tristes y quieren que se les entienda. Además un niño que es comprendido saldrá mucho antes de su estado que uno que no. Si me pongo a llorar porque se me ha roto un juguete y mi mamá se ríe, me ignora o le resta importancia, eso no me ayudará a estar mejor. Porque encima de que estoy triste por mi muñeca rota, se suma que mi madre se ríe de mi o me ignora, lo que hará que me sienta aún peor.

Esto no quiere decir que tengamos que asustarle sé más o hacer un drama donde no lo hay, si un niño se cae y nos ve una cara de espanto será peor, pero eso no significa que debamos quitarle importancia a su dolor. Además con niños muy pequeños a veces sí que nos tocará distraerlos porque no pueden entender los límites o porqué no pueden tocar eso o abrir ese cajón.

En definitiva, acompañemos las emociones de los niños, pongámosle nombre y demos importancia a lo que les pasa. Porque no es lo mismo decir: no te pongas así, te he dicho mil veces que no te voy a comprar más chuches, que decir: entiendo que estés enfadado, sé que te encantan las chuches pero no puedo comprártelas porque no son buenas para ti. Es muy diferente. Su reacción también lo será. No dejarán de llorar de inmediato porque les comprendamos,eso está claro, pero os aseguro que no se sentirán igual. Probadlo y me contáis.

¿POR QUÉ MI HIJA NO VA A LA ESCUELA INFANTIL?

“Es antinatural que los niños vayan a la guardería y sus padres les vean solo dos o tres horas al día” Carlos González

Lo primero porque puedo y porque quiero. Esto lo quiero dejar claro porque respeto profundamente a los que no quieren quedarse en casa cuidando de un niño pequeño porque necesitan realizarse fuera en sus trabajos. Y obviamente soy consciente de que hay muchas personas que quieren y no pueden cuidar a sus bebés porque tienen que volver a trabajar para no ser despedidas, para llegar a fin de mes o por razones varias.
Yo he elegido quedarme con mi hija porque puedo. Como contaba en el post de: Yo tampoco quería ir al cole, al entrar en el mundo de la educación alternativa y de la crianza respetuosa cambió mi vida. No solo a nivel profesional sino también en lo personal. Hubo en cambio de consciencia respecto a muchos aspectos sobre como vivimos y a la forma de consumo que tenemos que me hizo cambiar y aprender a vivir con menos y necesitar muy poco. Y este cambio es, entre otras cosas, lo que me permite poder estar en casa con Mia.
Y lo he elegido porque quiero. Soy maestra de infantil y Madre de Día, con lo cual, me dedico a cuidar niños. Me gusta, me realiza y por tanto disfruto y obviamente prefiero estar con ella que con los hijos de otros aunque sea duro y cansado y nadie te pague por ello, pero ese es otro tema…
Pero además lo hago porque estoy convencida de que es lo mejor para ella. Al sistema le interesa que te pongas pronto a trabajar, a los cuatro meses exactamente. Cuando aún ni tu cuerpo ni tu mente están preparados para separarte del bebé. No lo digo yo, lo dice la evidencia científica. Criando no produces. Y entonces el sistema te ofrece las escuelas infantiles y te dice que son lo mejor. Hablan de conciliación y los partidos supuestamente más modernos hacen propuestas para hacer escuelas públicas desde los 4 meses. Conciliar no es dejar a tu bebé ocho o más horas en una escuela. Pero ese tampoco es el tema…
El tema es que nos hacen creer que lo mejor para el bebé es la escuela. Porque se inmuniza, porque socializa, porque le estimulan, porque así espabila, que sepa que no es el centro de atención… y demás cosas que he oído tantas veces ya que se acaban aceptando como verdades. Pero no son ciertas.
Los bebés tienen un sistema inmunitario que se está desarrollando. Exponerlos a un espacio cerrado lleno de virus es malo para su salud. Que un niño caiga enfermo cada quince días, con su respectivo antibiótico o medicamento no le hace más fuerte, sino todo lo contrario.
Si has estudiado algo sobre el desarrollo del niño de 0-3, sabrás que los niños más o menos hasta esa edad no socializan, no hacen juego simbólico, sino en paralelo. Es cierto que disfrutan de estar con niños, cosa que se puede lograr en parques y con la familia. Pero un niño que no ha ido a la escuela infantil no tiene problemas de socialización porque allí lo que hará será pelearse por un juguete, morderse, tirarse del pelo… no pueden hacer otra cosa. Además ¿es realmente socializadora la escuela? Otro día hablaré de ello…
Un niño que va a la escuela infantil no está más espabilado ni más estimulado que uno que no. Creo que se confunde estar espabilado con que un aula de 1-2 años con 20 niños que quieren lo mismo y falta de manos para atenderlos correctamente puede convertirse en la jungla y entonces prima la ley del más fuerte. Pero eso nada tiene que ver con estar espabilado. La estimulación es post para otro día también. De antemano digo: a los niños, a no ser que tengan problemas, no hay que estimularlos. Yo no hago nada para que mi hija aprenda, solo dejándoles material adecuado y libertad lo aprenderá todo sola.
Y si eres profe de infantil, también sabrás que es normal y saludable que el niño se sienta el centro de atención. No puede ser de otra forma, es madurativo. Hasta alrededor de los tres años no puede entender las necesidades del otro. Está en una etapa egocéntrica. Cree que el mundo gira en torno a él y necesita que así sea para desarrollarse, por eso es una locura que una persona esté sola para atender física y emocionalmente a veinte niños. No puede.
Y antes de acabar, repito que soy profe de infantil. Que me parece una profesión preciosa y necesaria. Que las maestras hacen una labor muy dura y muy poco reconocida. Que al final vivimos en un mundo en el que existen las escuelas, porque no todas las familias tienen las mismas necesidades ni las mismas opciones y me parece bien. Si les llevas como si no. Pero al menos, creo que ayuda mucho saber que no es una necesidad del niño, que no le hará más listo, ni más sociable ni más espabilado. Y teniendo esto claro, si decides escolarizar,  será más fácil encontrar una escuela que responda a sus necesidades de la mejor manera. Porque no, no todas las escuelas son iguales. Pero como os imagináis… eso también es otro tema y os lo cuento otro día.

LAS MANUALIDADES

“Todo niño es un artista, porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.” Ken Robinson

Erik tiene tres años y ayer, que fue el día de la familia, tuvo que dejar su juego a desgana para que le pusiera pintura en los pies y los plantara en un folio. El mes pasado tuvo que pegar unas orejas, con mi ayuda, a uno de los 24 conejos que había hecho para Pascua. Mañana pintará con pintura de dedos una flor para la fiesta de la primavera y para Navidad haremos tarjetas en las que pegará papelitos verdes dentro de un arbolito dibujado por mí. Yo odio este tipo de actividades, Erik también. Creo que a los únicos a los que les gustan es a sus papás. Erik hay días que no quiere ir cole.
Como contaba en el artículo de el baile  de fin de curso, en la escuela infantil, y en primaria también ocurre mucho, se hacen un montón de cosas absurdas que además de gastar energía y tiempo tanto para los niños como para las profes, creo que no sirven para nada, e incluso que son perjudiciales.
Para fomentar la creatividad, la capacidad para crear e inventar, algo de lo que tanto se habla ahora en educación, quizá este tipo de actividades sea lo peor que hay para ese fin. Decirle a un niño de qué color pintar eso, cómo y dónde poner esa pegatina, cómo dibujar aquello, y dónde colocar esas orejas al conejo, deja nula opción a la creatividad. Todo ya está creado por otros, solo hay que acatar órdenes.
Por otro lado, no solemos dejar a los niños opción de hacerlo o no, suelen ser actividades dirigidas e impuestas, no queremos que ningún papá se quede sin regalo, y si vemos que no hay forma de que lo haga, siempre podemos hacerlo las profes, si total, el fin es que el niño saque un regalito. ¿Porque era ese el fin no?
Porque divertirse con este tipo de actividades, los niños no se divierten. Aprender, no aprenden nada que no puedan hacer jugando o con actividades libres que ellos elijan. Y la creatividad, ya hemos visto que fomentarla no la fomentan. Entonces, ¿Por qué seguimos haciéndolas?
En el aula debe haber tijeras, pegamento, pinturas y material creativo a disposición de los niños para el que quiera utilizarlo. Deben ser libres para crear lo que quieran y libres para regalárselo a quien quieran. Porque obligar a un niño que no quiere a hacer una manualidad para dársela a alguien, es de todo menos un regalo.
Me da la sensación de que las maestras intentamos llenar muchos espacios haciendo cosas porque creemos que si no hacemos nada y los niños juegan todo el rato, están perdiendo el tiempo, cuando es justo lo contrario, están perdiendo el tiempo haciendo estas actividades y es mil veces más productivo para ellos el juego libre.
Un voto para dejar de lado las manualidades obligatorias, y lo siento mucho por los papás que se quedarán sin tarjeta de Navidad, pero estoy segura de que las maestras que se pasan tardes recortando orejitas y ojos de conejo de cartulina me lo agradecerán.

LAS EMOCIONES

“Enfadarse con un niño enfadado, gritarle a un niño que grita, y pegarle a un niño que pega, es como embarrarle de lodo porque se ha ensuciado y esperar que así se limpie.” L. R. Knost
Hugo tiene cinco años y está pasando el momento más difícil de lo que lleva de vida. Acaba de tener una hermanita y está muy celoso. Su forma de expresarlo es con potentes rabietas y contestando mal a cualquier adulto que intente hablar con él. Su profe cada vez que se pone así porque algo no sale como él quiere, le castiga y se enfada diciéndole que hasta que no se calme no le va a hacer caso y que esas no son formas de ponerse. No soporta verle fuera de sus casillas. Hugo no quiere ir al cole.
Las emociones están de moda. Se habla de inteligencia emocional, tenemos en las aulas cuentos sobre las emociones, hablamos de ellas y hacemos actividades para desarrollarlas porque nos han dicho que eso hará de los niños mejores personas. La intención es buena, pero lo estamos enfocando mal. Las emociones no se educan, se viven.
Los niños sienten, mucho y muy intensamente, y lo que los adultos solemos hacer es reprimir sus emociones en vez de acompañarlas. Tendemos a pensar que hay emociones positivas y negativas y esto no es cierto. Las emociones son todas buenas y necesarias, otra cosa es que sean más o menos agradables.
Cuando un niño está triste, enfadado o siente miedo nos suele molestar, probablemente porque es lo mismo que hicieron con nosotros, porque huimos de esas emociones, porque no nos dejaron vivirlas y queremos librar a los niños de ello cuanto antes. Por eso, cuando un niño llora ledecimos que deje de hacerlo, cuando se enfada y tiene una rabieta nos solemos enfadar con ellos y cuando tienen miedo, o bien menospreciamos su sentimientos diciendo que no pasa nada o incluso nos reímos de ellos. Y esto nada tiene que ver con acompañar las emociones de los niños y ayudarles a entenderlas y así poder vivirlas, sino que reprime algo que existe por una razón y que si no es expresado, esa rabia, miedo o tristeza se quedará dentro y es entonces cuando vendrá el problema.

Para acompañar las emociones de los niños basta con ponernos a su altura y decirles que entendemos lo que están sintiendo, podemos decir “veo que estás muy enfadado porque Fulanito te ha quitado el juguete”, “veo que estás triste porque echas de menos a mamá” o “entiendo que te de miedo entrar ahí”. Poniendo nombre a sus emociones los niños sienten que está bien llorar o enfadarse y entonces podrán salir de ahí gracias a que han podido vivirlo. Si un niño se enfada y nos enfadamos con él, más enfadado estará, porque se sumará a su razón inicial que el adulto no le permite sentirse como quiere, por lo que entenderá que hay algo malo en él y que está mal sentir lo que se siente.
Todos queremos niños empáticos, que se conviertan en adolescentes que nos cuenten lo que les pasa y como se sienten, pero desde que son pequeñitos no hacemos más que negarles lo que está pasando, ninguneándolos no dando importancia a sus pequeñas frustraciones que para ellos son terribles. Los cuentos y actividades pueden estar muy bien pero si queremos tener niños sanos emocionalmente empecemos por el principio y dejemos de reprimir y comencemos a dejarles vivir.

HACER LAS PACES

“La libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor.” Albert Camus
Isabel tiene cinco años y está todo el día peleándose con Cristina. Se pelean por todo y acaban pegándose, gritándose y una de las dos siempre termina llorando y viniendo a mi a decirme que la otra ya no quiere ser su amiga ni jugar con ella. Yo intento resolverlo como puedo. Las animo a hacer las paces, les digo que tienen que jugar juntas, ser amigas y darse un beso. El pack completo. Ellas obedecen y a los diez minutos están igual. Esta claro que todo eso que hago no sirve para nada. Isabel hay días que no quiere ir al cole.
Imaginemos por un momento que nosotros somos Isabel. Discutimos con alguien en la calle o tenemos un conflicto con un amigo y viene alguien a decirnos que tenemos que llevarnos bien, estar juntos, ser amigos y encima nos obligan a darle un beso o un abrazo. Creo que se entiende que eso es lo que menos nos apetece cuando estamos enfadados con alguien y que no está bien obligar a los niños a hacerlo por una sencilla razón, invalida lo que sienten.
El niño puede sentirse enfadado, disgustado, triste con la otra persona y no les dejamos vivir eso cuando les imponemos que se besen, estén juntos o sean amigos cuando no es lo que les apetece. Tienen derecho a querer alejarse del otro, a estar solos y a no dar muestras de afecto cuando no les nace.
Esto nos ocurre a los adultos porque estamos muy acostumbrados a huir de los conflictos. No nos gustan, nos dan miedo y no nos damos cuenta que forman parte de la vida, que nos ayudan a crecer y a ser mejores. Los niños viven sus conflictos también intensamente y es cierto que se enfadan y a ellos solos se les pasa y normalmente enseguida están jugando otra vez como si nada, pero eso no niega que sus sentimientos sean reales y tengan derecho a vivirlos.
Intervenimos mucho en los conflictos de los niños, demasiado. Nos gusta ser jueces y determinar quien fue el culpable y ha de pedir perdón. Pero el perdón, como el compartir, como el dar un abrazo o un beso a un amigo tiene que salir de uno, no puede venir impuesto. Pedimos perdón a alguien cuando empatizamos con la persona y somos conscientes de que le hemos hecho daño. Decirle a un niño que pida perdón por algo que no entiende, es un perdón vacío, como un gracias o un por favor obligado, que no enseña nada, más que obediencia al adulto o incluso que puedo hacer lo que quiera mientras luego diga perdón.
He visto a muchos niños pequeños que muerden o pegan y acto seguido dan un beso. No tiene sentido. Eso no hace que dejen de pegar o morder ni sana el dolor del otro. Cuando sean más mayores y puedan comprender, y si han tenido modelos de disculpa en su entorno, pedirán perdón, harán las paces, y darán abrazos si lo sienten y les apetece.
Así que podemos ahorrarnos muchas charlas con los pequeños con cosas como “tenéis que ser todos amiguitos”, cosa que no es cierta, no tienen por qué serlo. “Tenéis que hacer las paces y daros un abrazo” (luego hablamos de consentimiento), y dejar los perdones para cuando a cada uno le salgan. Eso sí, como digo siempre, podemos ser su mejor ejemplo y pedirles perdón a ellos cuando nos equivoquemos, mostrándoles que todos podemos cometer errores y puede que nos perdonen y que nos dejen darles un beso o un abrazo o puede que no, y estará bien también.

EDUCAR A UN NIÑO EN UN MUNDO MACHISTA

Hijo eres un bebé fuerte, un campeón pero también eres precioso, un bombón.
Hijo, te visto de azul, de verde, de rosa y de morado. Porque no hay colores para niñas y colores para niños. Porque no hay por qué diferenciaros por lo que lleváis puesto.
Hijo puedes jugar al fútbol, a las muñecas, a ser pirata o princesa. A lo que te haga feliz.
Hijo si te gustan los coches está bien y si te gustan las barbies también.
Hijo no tienes que ser siempre fuerte y valiente. Puedes tener miedo y llorar. Ser sensible y delicado. Puedes ser como quieras. Llorar es de hombres, mujeres y niños.
Hijo, si alguien te dice que corres o pegas como una niña no te lo tomes como un insulto. Ser como una niña nunca debería serlo. Las niñas al igual que los niños son geniales. Y pueden correr y pegar incluso mejor.
Hijo puedes bailar o jugar al baloncesto, no hay actividades de niños y de niñas.
Hijo, puedes vestirte como te dé la gana, llevar el pelo largo, ponerte un vestido de princesa, pintarte las uñas, lo que te haga sentir bien.
Hijo, aunque la televisión y lo sociedad te hagan ver lo contrario, ten claro que las chicas no son solo un cuerpo. No las juzgues por su físico.
Hijo, aunque en los libros y en la tele apenas aparezcan, tienes que saber que hay mujeres increíbles que han hecho cosas maravillosas a lo largo de la historia.
Hijo, no toques nunca el cuerpo de una chica sin su permiso ni la violentes por la calle diciéndole cosas. Es desagradable y es acosarla.
Hijo, la pornografía es violenta con las mujeres y nada tiene que ver con el sexo sano. La prostitución es pagar a una mujer pobre para violarla, tenemos que luchar para acabar con ella.
Hijo, no está bien presionar, chantajear, insistir a una chica para que te bese o se acueste contigo. Y te pueden decir que sí y luego que no. Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión. Tienes que respetarlo.
Hijo, hacer humor sexualizando mujeres, reírte de ellas o no decirles nada a los amigos que lo hacen perpetúa el machismo con el que queremos acabar.
Hijo, si tienes pareja, no tienes que ayudarla con la casa y los niños. Son responsabilidad tuya igual que de ella. Implícate y asume lo tuyo.
Hijo, se aliado de las mujeres, feminista y lucha por la igualdad de hombres y mujeres. Tienes que entender que este mundo en el que vivimos es mucho más duro para ellas que para ti. No se lo pongas más difícil.

NO HAY QUE COMPARTIR

“Muy lenta y dolorosamente aprendí que cuando yo empecé a enseñar menos, los niños empezaron a aprender más.” John Holt
Rebeca tiene cuatro años, es de la clase de al lado y está harta de compartir. Cuando sale al patio y coge un triciclo siempre hay otro niño que también lo quiere. Su profe cuando ve que ya ha estado un rato, la baja aunque ella no quiere y se lo da a otro niño. Le dice, Rebeca hay que compartir. Cuando en clase coge una muñeca y otro niño la quiere y se lo dice a la profe, esta le quita la muñeca y Rebeca se queda llorando. Ella le dice que hay que compartir. Sus padres cuentan que cuando va al parque no quiere prestar sus juguetes, que la obligan a compartir, no quieren que Rebeca sea una egoísta y le dicen que si no comparte, los demás no van a compartir con ella. Rebeca hay días que no quiere ir al cole.
El tema de compartir en los niños se ha entendido mal y está mal planteado. Compartir, dice el diccionario que es, dar parte de lo que uno tiene para que otro lo disfrute. No dice en ningún sitio que compartir sea que una persona externa me quite algo de las manos y se lo de a otra. Eso es quitar, robar, pero no compartir. Compartir tiene que salir de uno. Nadie te puede obligar a compartir, como mucho te obligan a dárselo. Pero compartir no se puede enseñar. Ser generoso se adquiere viendo como los demás lo son, teniendo el ejemplo de los adultos.
Haciendo esto de quitarle a un niño algo de las manos para dárselo a otro, u obligándole y haciéndole sentir mal por ello, no vamos a conseguir que sea más generoso, nada tiene que ver una cosa con otra. Como mucho se estará llevando una lección de que uno puede quitarle a otro las cosas de las manos porque así lo considere.
Pensemos por un momento en nosotros mismos. ¿Somos generosos? ¿Cuánto? ¿Le dejaríamos nuestro móvil, nuestro coche, nuestra casa a uno que pasa por el parque? ¿A un conocido? Para los niños sus juguetes, son sus tesoros y tienen todo el derecho del mundo a no querer dejarlos, como nosotros a no querer prestar nuestro teléfono a cualquiera. Además en los primeros años están en una fase egocéntrica en la que todo gira en torno a ellos, no pueden empatizar. Poco a poco irán entendiendo que los demás tienen necesidades y podrán querer compartir, o no, y estará bien. Cada uno es libre de prestar o no lo que quiere.
Imaginemos que estamos concentrados en un libro, o haciendo una manualidad y llega alguien y nos dice, se acabó tu tiempo, le toca al siguiente, te lo quita de las manos y se lo da a otra persona. Pensaríamos que vaya falta de respeto. Pues se lo hacemos a los niños constantemente. Su juego y su concentración también son importantes.
Por esto yo siempre propongo lo siguiente. Primero dejar deintervenir tanto, y darles la oportunidad de resolverlo solos. Nos sorprenderá. Seguramente quien tenga el objeto deseado no lo querrá soltar y el otro puede que decida irse. Y si vemos que necesitan ayuda podemos explicarles y poner palabras a lo que pasa: Rebeca tiene ese triciclo, se que tú también lo quieres pero está ella ahora con él. Si lo suelta podrás cogerlo. Esto que puede parecer que solo beneficia a Rebeca, en realidad no es así. El día de mañana, su compañero podrá estar tranquilo cuando coja un triciclo o cualquier otra cosa, porque sabrá que puede disfrutar de ello todo el tiempo que quiera y que no debe preocuparse porque vaya a venir un adulto justiciero a quitarle su gran tesoro.

EDUCAR A UNA NIÑA EN UN MUNDO MACHISTA

Hija, eres una bebé preciosa, un bombón, pero también eres fuerte y una campeona.
Hija, te visto de rosa, de verde, de rojo y de azul. Porque no hay colores para niñas y colores para niños. Porque no hay por qué diferenciaros por lo que lleváis puesto.
Hija, puedes jugar al fútbol, a las muñecas, a ser princesa o guerrera. A lo que te haga feliz.
Hija, si te gustan las barbies está bien, y si te gustan los coches también.
Hija, no tienes que ser delicada. Puedes ser valiente, jugar a luchar y mancharte. Ah y si un niño te pega no es porque te quiere. 
Hija, eso que haces si no es de señoritas tampoco es de señoritos. Si está mal, está mal para todos.
Hija, puedes jugar al baloncesto y odiar bailar, no hay actividades de niñas y de niños.
Hija, puedes vestirte como te de la gana, con vestido, con pantalones, con chándal, con falda…con lo que te haga sentir más cómoda.
Hija, si te apetece depilarte y usar sujetador está muy bien, pero si no quieres hacerlo también lo está. Haz lo que te haga sentir bien a ti. Que no te importe lo que piensen los demás.
Hija, no tienes que ser como esas que salen en la tele, ni estar delgada. Deberías cuidar tu alimentación y hacer ejercicio para estar sana. Tú ya eres bella como eres, que nadie te haga creer lo contrario.
Hija, no tienes por qué maquillarte ni usar tacones. Eres perfecta tal cual eres. Pero si decides usarlo está genial. Que nadie te diga lo que tienes que hacer con tu cuerpo.
Hija puedes estudiar lo que quieras, puedes ser ingeniera, futbolista, médico o directora. Que nadie te diga hasta donde puedes llegar.
Hija, no tienes por qué echarte novio. Tú ya estás completa. Pero si encuentras a alguien con quien compartir tu vida que sea alguien que no piense que es superior a ti o que eres de su propiedad. Los celos no indican amor. 
Hija, no permitas que nadie te controle tu vida, ni que te diga con quien puedes juntarte o en que gastarte tu dinero. Quien bien te quiere no te hará llorar.
Hija, puedes acostarte con quien te apetezca. Pero también puedes decir que no siempre que quieras. No tienes obligación de complacer a nadie. Tienes derecho a cambiar de opinión. Tu cuerpo es tuyo y siempre puedes decidir que hacer con él, quien puede tocarlo y quien no.
Hija, no tienes que ser madre si no te apetece. Si lo decides estará genial también. Haz con tu vida siempre lo que te diga el corazón.
Hija, si decides tener hijos edúcalos por igual si son niñas o niños pero enséñales que el mundo en el que vivimos no es igual para todos y que ser niña es mucho más difícil.
Hija, nunca dejes de luchar por un mundo más justo para todos.