“Las manos son el instrumento de la inteligencia.” M. Montessori
Le compré una cosa superchula y ella jugaba con el papel. Lo hemos oído todos. Es una realidad y aun así seguimos llenando a los niños de juguetes a los que sabemos que apenas harán caso. Muchas veces por cumplir, porque nos hace ilusión a nosotros, nos hubiera encantado tener ese juguete de pequeños o no sabemos qué regalar. Pero un bebé no necesita juguetes. Es un gasto inútil. Y no solo eso, sino que los juguetes para bebés pueden incluso ser contraproducentes.
Los primeros meses apenas juegan, su juguete preferido es mamá y su mejor juego estar en brazos. Pero después empezamos a colocarlos en el suelo para que comiencen a moverse y cometemos el primer error. Les colocamos bajo móviles de colores que se mueven (gimnasios) que distraen al bebé de descubrir su propio cuerpo. Se quedan mirándolos en vez de cogerse los pies, jugar con sus manos y empezar a girarse para dar la vuelta.
Más tarde, les comenzamos a poner juguetes que llamen su atención para que se muevan. Pero os voy a contar un secreto, a los bebés no les gustan mucho los juguetes, un rato sí, pero no mucho. ¿Sabéis por qué? Porque son todos iguales.
Los niños descubren el mundo a través de las manos. Tocando los objetos, mirando, chupando… Y a los juguetes de bebés les pasa una cosa: son todos de colorines, huelen, saben, suenan y se sienten igual. ¡Son un rollo! Ellos quieren comprender la vida a través de los objetos y por eso les gustan tanto las cosas de verdad. Porque los materiales reales suenan diferente al golpearlos. La madera y el metal saben distinto. Una tela y una goma tienen diferentes texturas. Además, los juguetes tienen pocas opciones, a veces lo dan todo hecho.
Muchos juguetes para bebés suelen estar llenos de colores y sonidos. Pensamos que a los niños esto les encantará. ¡Hiperestimulación! Pero ocurre una cosa. Si el juguete se mueve y suena solo o dándole a un botón. ¿Qué más puede hacer el niño con él además de mirar? No fomenta el movimiento porque el niño se quedará parado mirando, no fomenta la creatividad ni la curiosidad por ver que puede hacer con él. Convierte al bebé en un ser pasivo ante el juego. No invita a mucho.
Los bebés juegan con el papel porque se puede romper, suena al estrujarlo, se estira, tiene muchas más posibilidades. Y también porque es algo nuevo, no como lo que hay dentro del paquete, que a lo mejor se parece muchísimo a otro juguete que ya tiene. Los niños necesitan cosas diferentes que permitan hacer cosas diferentes. El juguete estrella de mi hija por ejemplo, es mi cartera: cremallera, botones, sacar tarjetas, motricidad fina, descubrimiento, imitación, error, reto… lo tiene todo.
No digo que los juguetes sean el demonio. Además hay juguetes mejores y peores. Digo que no los necesitan. Que lo mejor que podemos ofrecerles a los bebés son cosas reales no peligrosas. El cesto de los tesoros y el juego heurístico son opciones que se utilizan mucho en escuelas infantiles y se basan en esto. 
Dejarles a los bebés todo lo que se nos ocurra para jugar es la mejor forma de que desarrollen su inteligencia. Si un niño va a la escuela infantil o está en casa y encuentra cada día los mismos juguetes de plástico de colores prácticamente igual, lo que podrá aprender de ellos se verá muy limitado. Invito a padres y maestras a abrir los cajones de su casa. Hay un mundo entero ahí dentro por descubrir que les encantará. Y si eres minimalista como yo, no pasa nada, siempre puedes ir a casa de las abuelas, esas sí que están llenas de tesoros.

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