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SÍ SE PEGA

“Atreverse a establecer límites se trata de tener el valor de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a otros.” Brene de Brown
Carlos tiene 3 años y pega mucho. Cuando le quitan un juguete pega, cuando no le dejan montar en un columpio pega, y cuando alguien le pega responde pegando. Su madre vino a hablar conmigo, porque dice que a ella y a su hermano bebé también les pega. Todos le regañamos cada vez que lo hace y le decimos que no se pega. Los niños que pegan mucho no nos gustan a nadie. El caso es que Carlos lo sigue haciendo así que le seguimos castigandopor ello. Carlos no quiere ir al cole.
No nos gustan los niños que pegan porque creemos que tiene que ver con la violencia y la violencia está mal. Creemos que si no paramos eso, si no les enseñamos y les repetimos una y mil veces que no se pega, los niños van a ir solucionando los problemas a tortas por la vida. Pero cuando un niño pega normalmente no es violencia sino agresividad natural. Algo que es bueno y necesario. ¿Estoy diciendo con esto que hay que dejar que los niños se peguen? Obviamente que no. Voy a intentar explicarlo.
Si vas por la calle y alguien te quiere robar o violar, ¿lo correcto qué sería?. ¿Quedarte quieta?, ¿decirle educadamente que no te robe o te toque?. Evidentemente que no. Lo correcto es defenderse. Así que en esta situación sí se pega. Partiendo de esta premisa, y si entendemos que el niño cuando pega se está defendiendo, no está siendo violento porque sí, podremos comenzar a verlo de otra forma. Porque defenderse está bien. Porque nadie quiere que los niños se conviertan en adultos que no sepan poner límites y que se dejen pisar. Y para eso no podemos enseñarles a no defenderse, a quedarse quietos cuando algo es injusto, a no luchar por lo que es suyo.
¿Y esto cómo se hace?, ¿cómo ayudo a los niños a no perder su capacidad de defenderse sin que se maten unos a otros? Lo primero comprendiendo. Comprendiendo que el niño se está defendiendo, no está siendo violento. Se defiende porque se siente atacado, bien porque le han quitado su juguete, porque ha llegado un hermanito que le ha quitado su sitio, porque alguien está intentando abusar de él y no le dejan por ejemplo subir al tobogán. Cuando en estos casos el niño va a ir a pegar a otro tendremos que intentar evitarlo, no vamos a dejar que haga daño a otros. Porque una cosa es entender que defenderse está bien y otra olvidarnos que hay otro niño al que proteger. Por tanto, intentar evitar siempre que se hagan daño, poniéndonos delante, como un límite físico.

Por otro lado, sobran las palabras, decir que no se pega además de que no sirve para nada, les manda un mensaje incorrecto, porque ya hemos visto que sí se pega, a veces. Podemos en todo caso hablar de sus emociones, ponerles nombre, decirles que vemos que están enfadados por lo ocurrido. Tienen derecho a ello. Si son mayores podemos hablarles de intentar llegar a acuerdos.

Si en algún caso vemos a un niño al que le están quitando sus juguetes o abusando de él debemos animarle a que se defienda, a que vaya a por su cubo si se siente mal porque se lo han quitado. Y lo que está claro es que la mayoría de las veces no vamos a llegar antes de que los niños se peguen y no hay que preocuparse. Esas peleas forman parte del desarrollo infantil y tenemos que dejar de tenerles tanto miedo. Los conflictos forman parte de la vida y si no les damos la oportunidad nunca aprenderán a resolverlos por ellos mismos. No estaremos siempre ahí para separarlos.

SI MI HIJA FUERA AL COLE

“Podemos ayudar mejor a los niños a aprender haciendo que el mundo, en la medida de lo posible, les resulte accesible, prestando mucha atención a lo que hacen, respondiendo a su pregunta (si la tienen) y ayudándoles a explorar las cosas que más les interesan.” John Holt

Sé que muchos habéis estado buscando cole para el año que viene y yendo a jornadas de puertas abiertas últimamente. Me llegan muchas preguntas de qué sería para mi lo fundamental a la hora de buscar cole y hoy os lo cuento.

Como sabéis los que lleváis tiempo leyéndome yo siempre digo que los primeros años donde mejor está un niño es en casa, con mamá si puede ser o con una figura de referencia. Si esta opción no fuera posible optaría por un acompañante del hogar o madre de día. Y como última opción optaría por la escuela.

Aun así, para la mayoría, antes o después llega el momento de escolarizar. Y para mi la lista de cosas que miraría sería muy muy larga, sabéis que soy muy quisquillosa, pero voy a tratar de resumir:

Voy a resumir tanto que con una palabra creo que lo englobo todo. Respeto. Igual pensáis eso es lo normal, se da por hecho. Yo creo que no. El respeto en su sentido más amplio implica muchas cosas que no están ocurriendo en muchas escuelas. Sería una escuela sin gritos, sin castigos (regañar también es castigar), ni consecuencias raras, sin premios, chantajes o manipulaciones, sin humillaciones, sin etiquetas, sin juicios.

Un lugar donde se respetaran los tiempos del niño, sus intereses, sus gustos, sus necesidades, de moverse, de hablar, de jugar. Para mi es importante que tengan libre acceso al exterior por ejemplo.

Sería un espacio sin deberes, sin exámenes ni libros de texto. Donde primara el juego libre y se hicieran propuestas, sin obligaciones, pero no por ello un espacio sin valores. Rico en experiencias y oportunidades de aprendizaje.

Muy importante la figura del maestro que acompaña. No por su formación sino por la visión que tiene del niño. Que le diera importancia a crear vínculo, una persona cercana, amable, respetuosa. Que mirara al niño como a un igual y no por encima. Sin adultocentrismo ni relaciones de poder.

Que fuera un espacio donde se permitiera sentir. Sin represión emocional. Donde el enfado, el miedo o la tristeza tengan cabida. También el normal desarrollo de la sexualidad.

Sería un lugar donde se les permite a los niños resolver los conflictos pero no por ello se les deja solos o no se les pretege. Un sitio con límites de salud y seguridad y poquitas normas.

La mezcla de edades también es un plus. Y si encima la escuela no es una empresa, sino un espacio creado desde la horizontalidad, donde familias, padres y niños forman una tribu donde hay espacio para el debate, el crecimiento, la cooperación ya ni me lo pienso.

En resumen: LIBERTAD, RESPETO Y AMOR como valores fundamentales.

Sé lo que estáis pensando: Estás pidiendo demasiado. Esa escuela no existe. Lo cierto es que sí existen algunas que se le parecen pero es verdad que son pocas. Así que os invito a hacer vuestra propia lista de valores e intentar buscar dentro de lo que hay lo menos malo, lo más respetuoso. Eso ya será mucho.

OS RECUERDO QUE EL 22 DE JUNIO ESTARÉ EN VALENCIA EN LA ESCUELA INFANTIL MI KITA. DE 10:30 A 13:30 HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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SER MAESTRA DE INFANTIL

Hoy se ha convocado una huelga de educadores infantiles por un convenio justo. Las condiciones laborales de una educadora infantil son indignantes. Los sueldos no llegan a los 900 euros, las ratios son altísimas para dar una correcta atención a los más pequeños y para estar bien física y emocionalmente y la mayoría trabajan gratis muchas horas extra cada día.

Voy a aprovechar la ocasión para contaros mi experiencia trabajando de maestra de infantil en una escuela privada. Ya os conté en este post algunas cosas que me hicieron dejar la escuela infantil tradicional pero hoy quiero contaros algunas más sobre las condiciones en las que trabajaba.

Como sabéis los que me leéis desde hace tiempo no estoy a favor de que pongan escuelas gratuitas desde los cuatro meses, porque creo que ese dinero debería ir a las bajas de maternidad. También sabéis que creo que los niños pequeños donde mejor están es en casa y no en instituciones y que por eso mi hija no va a la escuela. Pero eso no tiene nada que ver con la realidad que existe, de que hay familias que no tienen otra opción y de que las educadoras se dejan la piel cada día para que sus niños estén bien a pesar de tener unas condiciones laborales deprimentes.

Las ratios de España en la etapa 0-3 son inhumanas. Cualquier persona que ha estado con un bebé sabe lo duro que es y la demanda que exige cuidarlo. ¿Os imagináis con 8? Efectivamente están desatendidos. Sobre todo emocionalmente. Porque es imposible atender las demandas de ocho bebés una sola persona.

Yo tenía 29 niños de 4 años. Y no, tampoco podía atenderlos emocionalmente a todos. Ni prevenir conflictos, ni dar a cada uno lo que necesitaba. Al estrés que esto supone se sumaban los padres que (entiendo su posición) venían después enfadados porque a su hijo le habían mordido o es que se había caído en el patio y no lo habías visto.

Como el sistema está como está, se sumaba también el papeleo que te exigen tener al día y como a los niños hay que dirigirlos en su aprendizaje todo el tiempo, también programar actividades, propuestas y un montón de cosas que si cambiáramos la mirada y les dejáramos jugar libremente nos ahorraríamos y podríamos así centrarnos más en ellos.

Pero es que lo peor de todo lo anterior es que en la gran mayoría de escuelas, todo esto se hace fuera del horario de trabajo. Y gratis claro. Yo hacía: tutorías con los padres, reuniones de ciclo, de etapa, de nivel, cursos de formación, papeleo, preparación de material, decoraciones (que ni siquiera nos dejaban guardar de un año para otro, nos hacían tirarlas), preparación de fiestas, notas… en mis tardes. Había semanas que todas las tardes terminaba a las 8 y a veces incluso hacía cosas en el descanso de la comida.

Cuando la escuela lo necesitaba era obligatorio hacer horas extras por la mañana o por la tarde. Y más de un sábado y de dos también tenías que ir a pasar el día gratis en alguna actividad.

Esta es la realidad que se vive en muchas escuelas infantiles. Muchas contratando maestras de infantil pero pagándolas como educadoras, por debajo de su nivel profesioal. (Siendo una verguenza hacerlo y pagar a las educadoras lo que se les paga).

Yo en definitiva tuve suerte. Me escribe mucha gente contándome sus experiencias de estrés, ansiedad… muchas acaban abandonando su vocación por esta razón pero muchas aunque quieren no pueden. Por todo esto hoy quería dar todo mi apoyo a la HUELGA DE EDUCADORES INFANTILES.

¡YA TENEMOS ESPACIO PARA EL PRÓXIMO TALLER EN VALENCIA! SERÁ EN LA ESCUELA INFANTIL MI KITA. EL 22 DE JUNIO DE 10:30 A 13:30 HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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MONTESSORI SÍ PERO NO

“No me sigan a mí, sigan al niño.” María Montessori

Os conté mi experiencia en la escuela tradicional aquí, mi experiencia con la pedagogía Waldorf aquí y hoy vengo con la tercera parte de la historia que muchos estabais esperando, mi historia con Montessori.

Durante la formación de Waldorf realicé un curso de iniciación a Montessori de un fin de semana. La realidad es que me cautivó, me parecía el método perfecto y quizá lo fuera para su época, su contexto y sus necesidades pero creo que cojea por muchos lados y os voy a contar por qué.

En su momento no me di cuenta, al lado de la escuela tradicional y de Waldorf, realmente era lo mejor que había escuchado, quise formarme más y realicé el curso de Asistente y al año siguiente me matriculé en el curso de Guía de Casa de Niños 3-6 años. A lo largo de esta formación ha sido cuando he descubierto que Montessori no es perfecto, (nada lo es en realidad), que existen otras cosas más respetuosas, que responden mejor a las necesidades de los niños y que estoy segura de que si María Montessori levantara la cabeza le encantarían. Pero esa es otra historia que os contaré otro día.

El gran problema de Montessori es lo que se ha hecho con su método. Ella era una genia y hay que reconocerlo. Recomiendo a todo profe de infantil que lea sus libros, deberían ser obligatorios en la carrera, son geniales y de fácil lectura. Fue una adelantada, una visionaria que se dedicó a observar, observar y observar a los niños para ir adaptando el método a ellos, a lo que creía que necesitaban. Su método para enseñar matemáticas y a leer y a escribir son realmente buenos entre muchas otras cosas de las que os hablaré en otro post.

Ella era científica y hizo del aula un laboratorio. Se caracterizó por ir cambiando continuamente el método, perfeccionándolo, viendo que cosas no funcionaban para hacer otras. Todo lo contrario de lo que se hace ahora con Montessori. Antes de fallecer dijo que no quería que siguieran a rajatabla su método sino que siguieran evolucionanado. Pero no fue así. Desde las escuelas de formación el método sigue exactamente igual que hace cien años, con lo bueno y con lo malo. Y esto creo que ha sido el gran error que se ha cometido.

Gracias a haber querido ser fieles al método cien por cien se han quedado anclados en aspectos que ahora se sabe que no son los mejores. Voy a contaros cuales son las cosas de Montessori que para mí deberían revisarse.

Montessori hablaba de tiempo de trabajo de tres horas, en ese tiempo los niños deben estar en clase utilizando el material. Es el tiempo que ellá comprobó que duraba la concentración, con un momento de fatiga en el que luego volvían a concentrarse. En muchas escuelas que siguen el método el espacio exterior no está abierto siempre, no tienen opción durante ese tiempo a moverse libremente, saltar, correr, gritar. Los niños necesitan eso, algunos más y otros menos, pero deberían tener siempre la oportunidad de salir al exterior cuando lo deseen. No todos los niños tienen las mismas necesidades de movimiento y no es lo mismo un niño de tres que uno de seis.

Otro aspecto a valorar es el de las presentaciones. Montessori hace muchísimo hincapié en como han de ser de precisos y lentos los movimientos durante la presentación de un material. Soy partidaria de que los niños exploren el material sin presentaciones. Creo que es más enriquecedor para ellos descubrir por ellos mismos. Con esto no quiero decir que no pueda explicarse nada o que no haya ciertos materiales que requieran ayuda sino que no creo que los niños necesiten esas presentacionas tan sumamente largas y exactas que restan naturalidad y una comunicación real y fluída.

En relación a esto, tampoco me gusta esa poca conversación con los niños en las aulas Montessori, en las que las guías apenas hablan con los niños y todo es demasiado estructurado y frío. Puede llegar a convertirse el aula en un espacio artficial donde no hay espontaneidad ni creatividad.

Respecto a la gestión del aula, se está utilizando en muchos espacios Montessori la Disciplina Positiva, de la que ya os hablé aquí y os conté por qué no me convence. Tampoco me gusta como acompañan los conflictos en el aula, el tema del “no se pega” por ejemplo.

Otro tema que siempre genera conflicto es el de la fantasía. Hablaré más en profundidad sobre esto en otro post. Pero igual que sí que creo que los peques de cero a tres necesitan más realidad, no creo que los niños de 3-6 no puedan disfrutar de ello.

Por último mencionar el tema del juego simbólico. Montessori decía que el niño no necesitaba “jugar a” sino hacer de verdad. No jugar a que cocinaba sino cocinar, no jugar a que limpiaba sino limpiar. Hoy sabemos que el juego simbólico es importantísimo en los niños por lo que no comparto la idea de no tener juguetes en el aula mas allá del material Montessori, creo que esto les limita. Tampoco me gusta que no les dejen utilizar el material Montessori para otro fin que no sea para el que se pensó.

En definitiva no me gusta la rigidez que tiene el método en ciertos aspectos y como se gestionan algunas cosas en el aula. También soy consciente de que no todas las guías trabajan igual y que no en todos los coles Montessori se sigue todo de la misma forma. De todas formas Montessori tiene muchísimas cosas buenas y creo que pueden ser muy útiles para cualquier aula de infantil. Pero eso da para mucho y os lo cuento otro día.

UNA CRÍTICA A LA DISCIPLINA POSITIVA

“La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirla no nos impida disfrutarla.”

Sé que este post no va a gustar a mucha gente, pero como ya he dicho otras veces no es mi intención gustar. Antes de empezar, me veo en la obligación de explicar que hablo desde el conocimiento. He realizado un curso y he leído un par de libros de Disciplina Positiva y como os imagináis no, en general no me gusta.

Sé que tiene cosas buenas, sé que no todo el mundo la utiliza igual y que hay gente haciendo las cosas bien. Lo digo de antemano antes de que me lluevan los ataques.

Yo de lo que quiero hablar es de lo que no me gusta de la disciplina positiva y de las cosas que se hacen en su nombre.

La Disciplina Positiva, para el que no la conozca, habla de corregir, reconducir, con un mínimo control (ya esto no me gusta nada) de una forma más amable que el modelo autoritario tradicional. Para mí disciplina y niños no pueden ir unidos. Porque aunque la disciplina se vista de seda, disciplina se queda.

En nombre de la Disciplina Positiva se hacen cosas como las de antes pero de forma más amable. Esto es peligroso, porque además de ser el mismo perro con distinto collar, es más manipulativo aun si cabe que el modelo tradicional. Pongo un ejemplo. Si un alumno me molesta en clase y yo le castigo. Al menos soy transparente. Él me va a odiar y es capaz de ver lo malo que soy. Pero si le digo que me hace sentir mal que haga eso, le estoy haciendo un chantaje emocional que además puede hacer que ni siquiera se de cuenta de que no estoy siendo respetuoso con él.

Me da la sensación que este método se está poniendo de moda, además de porque funciona, igual que los premios y los castigos, porque hay ganas de hacer las cosas de otra manera y queremos recetas que nos ayuden a seguir haciendo lo mismo y no nos damos cuenta de que lo que tenemos que cambiar no es la técnica sino los objetivos.

Si un alumno está aburrido en clase y no quiere estar ahí, se sincero con él, dile que entiendes que es un rollo la clase, intenta motivarle con lo que sea, no le obligues a escucharte si no quiere, pero no busques formas más “dulces” de que atienda si no quiere atender. Haz una reflexión de por qué molesta en clase.

Desde la Disciplina Positiva se habla de poner límites, de forma firme, expresando desaprobación sin atacar. Para mi, esto es regañar y ya escribí acerca de esto. En algunos ambientes supuestamente respetuosos, cuando un niño pega, se le dice: No se pega, eso no lo puedes hacer… todo lo que ya sabemos que hará al niño sentirse peor y por tanto portarse todavía peor. Acompañar un conflicto respetuosamente nada tiene que ver con esto. Si yo quiero poner un límite a un niño que ha roto un juguete por ejemplo y firmemente le digo que eso no se hace, estoy haciendo el mismo conductismo de siempre. Intento que la próxima vez no lo haga para evitar mi desaprobación. ¿No era la idea ver por qué ese niño lanza juguetes? Quizá tiene que descargar, necesita atención y afecto, le parece divertido… No digo que hay que dejar que lo haga, digo que no comparto juzgarle por ello. Eso no le ayuda en nada.

Pero si hay algo de la Disciplina positiva que es realmente irrespetuoso es el tema de las consecuencias lógicas que está muy de moda. Se dice que no hay que castigar que está muy mal, sino que deben aprender de las consecuencias de sus actos. Hasta ahí bien pero el problema es cuando disfrazamos de consecuencias lógicas los castigos de siempre. Ejemplo de consecuencias lógicas reales: Si a un niño se le cae el vaso de cristal de las manos, se rompe. Si pinto la pared, se mancha. Si rompo el juguete ya no sirve.

¿Y qué dice la disciplina positiva? Cosas como: Si tardas mucho en la ducha no hay dibujos. ¿Qué tiene que ver la ducha con los dibujos? Una consecuencia lógica es natural sino será un castigo. Aprender a base de las consecuencias que yo le pongo a los actos del niño no es que aprenda por las consecuencias naturales de sus acciones. Porque que tarde en la ducha no hace que no pueda ver los dibujos, eso lo estás decidiendo tú en base a x motivos.

Ayuda mucho a diferenciar analizar la intención. Si es del tipo “pagar las consecuencias” o que simplemente queremos dejar que prueben y se equivoquen. Yo te dejo que uses el vaso de cristal y no me importa que se te caiga porque así verás que el cristal se rompe, es diferente a, si se te cae lo tienes que recoger.

Otro ejemplo: El niño no quiere llevarse el abrigo al patio, ellos están dentro y no sienten frío claro. Pues no se lo llevo y así aprenderá y se lo llevará la próxima vez. Eso no es respetuoso la verdad. Llévaselo tú, que eres el adulto y dile: lo tengo aquí por si lo necesitas. Deja que cuando tenga frío te lo pida. No le castigues. La consecuencia de no ponerte el abrigo es que tienes frío. No cogerle el abrigo sabiendo que hace frío para que lo sienta es un castigo. Si un niño no quiere comer, dejarle pasar hambre hasta la próxima comida, es un castigo. La consecuencia natural de no comer no es que no puedes comer hasta dentro de cuatro horas, la consecuencia natural es tener hambre. Los horarios de comidas y su seguimiento es algo cultural, los niños no tienen hambre y a la hora sí. Hacerles pasar hambre no es aprender de un error es hacerle pagar por no comer cuando tú considerabas.

En definitiva. Ojo con las modas y con los mensajes con los que nos bombardean de educar sin gritos ni castigos y de una manera diferentes. No es oro todo lo que reluce.

DEJAR LLORAR O LA INDEFENSIÓN APRENDIDA

“Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil llorar está sufriendo su primera experiencia de sumisión.” Michel Odent
La vuelta al cole está aquí a la vuelta de la esquina y con ella llegan los terribles períodos de adaptación. Terribles para los educadores pero sobre todo terribles para los más pequeños. Para hablar de este tema voy a contaros la historia de cuando me llamaron para trabajar en una escuela infantil y duré tres días porque no lo podía soportar.
Era agosto y la escuela tenía muy poquitos niños. Había uno nuevo, era bebé, tenía solo cuatro meses. Entré el primer día y el resto estaban viendo dibujos en la pantalla digital. El bebé lloraba sin parar. Lo cogí sin preguntar. Su profe no me dijo nada pero noté que no le sentaba bien. Ella mientras, estaba sentada mirando como los demás veían los dibujos. Yo cada vez que podía le cogía. El segundo día mientras yo estaba en el aula de al lado oía al bebé llorando en la cuna, solo, en una habitación. La profe decía que se tenía que acostumbrar así a dormir. Yo no podía soportar escucharle. El tercer día cuando entré, el bebé estaba en la hamaca mudo. La profe me miró y con cierto rintintín dijo: ¡Qué bien mi chico ya está adaptado, ya no llora! Salí llorando ese día y no volví más.
Eso no es adaptarse, es resignarse. Es aprender que llorar no me va a servir de nada en este mundo cruel, porque nadie me atiende. Es enseñarle desde muy pequeñito que no se queje cuando algo le haga sentir mal. Es decirle que sus necesidades no importan. Es mostrarle que no merece ser querido y atendido. Es todo eso y mucho más.
Por eso yo no dejo llorar a mi hija ni a ningún niño solo. Porque el llanto se inventó para algo. Los niños lloran para que los atendamos. No pueden hablar y es su única manera de comunicarse con nosotros. Puedo entender que en el aula es muy difícil atenderlos a todos, prácticamente imposible muchas veces, por eso insisto en que la escuela infantil no es el mejor lugar para un niño pequeño y eso nada tiene que ver con que las maestras lo hagan lo mejor que puedan.
Me parece indignante que se esté dando por hecho que los niños tienen que llorar unos días mucho hasta que se cansen y dejen de hacerlo. Que muchos padres y profes entiendan eso como normal cuando es horrible, me parece normalizar el sufrimiento. Hay que luchar por unos períodos de adaptación más largos donde los niños puedan vincularse con un nuevo referente, que aunque prefieran estar en casa, se sientan seguros en la escuela y que sepan que si lloran alguien los va a atender.
Y si tienes 20 y todos lloran y no puedes cogerlos ni atenderlos personalmente porque estás desbordado al menos acompaña, estate presente, diles que los entiendes, no los ignores ni los dejes llorando solos pero sobre todo lucha como puedas para que esto cambie.
¿Y qué es eso de la indefensión aprendida? Justamente lo que acabo de explicar. “Condición de un ser humano o animal que ha “aprendido” a comportarse pasivamente, con la sensación subjetiva de no poder hacer nada y que no responde a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar la situación aversiva.” Ese bebé que ya no llora cuando quiere brazos será ese niño que le quitan un juguete y se queda parado, que le pegan y no se defiende. Y ese niño será el día de mañana un adulto que cuando abusen de él en el trabajo agachará la cabeza y no se quejará ante lo injusto.
Porque los niños que normalmente decimos que son muy buenos, que no pegan, que no se quejan y que obedecen a todo no son niños sanos, son los que ya han perdido toda capacidad de defensa, algo que es bastante grave y que empieza en la cuna.

NO SE GRITA

“Tus niños al crecer tal vez olviden tus palabras, pero nunca olvidarán cómo los hiciste sentir” Maya Angelou
Lucas tiene 6 años. Es un niño muy nervioso. El pobre vive castigado, porque no hace caso y pega mucho. La profe de natación habla siempre conmigo porque no sabe qué hacer con él para que obedezca. Yo no sé qué decirle. La madre de Lucas me ha escrito en la agenda para ver si pasó algo en natación el último día. La profe me cuenta que se portó mal y le dejó sin nadar. Él me cuenta que la profe le gritó muy fuerte y lloró. Su madre dice que ahora Lucas los días de pisci no quiere ir al cole.
No se grita a los niños. No está bien. No digo que no lo haya hecho. Muchas veces he perdido los nervios y he gritado. (Ese es mi problema, no de ellos. Nadie hace perder los nervios a nadie, los perdemos nosotros solos.) Pero no está bien. Después les insistimos a ellos con el “no se grita”, pero me pregunto, ¿quién gritó primero?.
Hacemos cosas a los niños que jamás haríamos a otro adulto. Quizá porque son los más débiles y no pueden defenderse, descargamos toda nuestra ira y cansancio sobre ellos. No es justo.
Gritar a un niño como obligarle a comer es violento, como pegarle o humillarle, aunque esto último nos parezca más evidente. La violencia no está justificada y la hemos normalizado en muchos ámbitos. No vale de nada hacer palomas de papel el día de la paz si luego somos violentos con ellos. Seamos coherentes con lo que decimos y hacemos.
Gritamos porque nos desbordamos, porque el trabajo es estresante, tenemos muchos niños, incluso porque creemos que si lo decimos más fuerte nos entenderán mejor. Pero gritar no muestra más que nuestras carencias y falta de recursos para solucionar los problemas. Cuando alguien nos grita a nosotros, ¿cómo nos sentimos? ¿nos ayuda en algo? ¿acaso así comprendemos mejor el mensaje?
A lo largo de mi experiencia me he encontrado muchos niños con miedo. Con miedo a dirigirse a los profes. Niños que te hablan y preguntan todo con una gran inseguridad. Hay que trabajar esa inseguridad, decía alguna compañera. ¿No somos nosotros los que deberíamos trabajarnos para dejar de gritarles y hacer que se sientan asustados?
¿Y cuando son ellos los que gritan? Ellos sí tienen derecho a gritar porque son niños. Porque están aprendiendo todavía formas de comunicarse y resolver los conflictos. No tienen tantas estrategias como nosotros. No nos lo tomemos como algo personal, sus emociones son intensas y es normal que exploten. Somos los adultos los que supuestamente deberíamos saber gestionar nuestras emocilones, no ellos. 

Intentemos no gritarles, como intentamos no gritar a nuestra pareja o a nuestros amigos. Y si nos equivocamos, pidamos perdón. Les sorprenderá, no están acostumbrados. No hay mejor ejemplo que darle a un niño que pedirle perdón y mostrarle que todos podemos cometemos errores. Con ese gesto tan simple les estamos dando una gran lección de humildad y estarán entendiendo que gritar no está bien. Ah, y además así nos podemos ahorrar las absurdas palomas.

LAS TECNOLOGÍAS, NI PROHIBIR NI LIMITAR

“En la época de mis abuelos pensaban que los niños se quedarían tontos de tanto leer, mi padre pensaba que yo me quedaría tonta de tanto ver la tele. Yo pensaba que tú te quedarías tonta con los videojuegos y ahora vosotros pensáis que los niños se quedarán tontos de ver la tablet.” Mi madre.

Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post pero lo iba posponiendo porque sabía que traería polémica. Pero me lo habéis pedido tanto que aquí está. A muchos de los que me seguís desde hace tiempo sé que os sorprenderá porque parece que a esto de la crianza respetuosa va unida la prohibición de las pantallas pero no es mi caso y os lo voy a contar.

Como os decía en el post de No soy una madre perfecta yo tenía muy claro que no iba a utilizar las pantallas y la realidad fue que me salvaron y me salvan los viajes en coche. De pronto me vi en una situación que no sabía muy bien como abordar. ¿Qué hago con el tema pantallas? ¿Prohibir sin más? ¿Limitar? No me convencía porque creo que la prohibición aumenta el deseo y que iba a suponer muchas peleas, rabietas… Me parecía una incoherencia cuando nosotros vivimos pegados a una pantalla, negar la realidad del mundo en el que vivimos y usarlo solo cuando a mi me interesaba.

En fin, que como siempre hago cuando algo me interesa y le ando dando vueltas, me puse a investigar, tenía que haber otra manera. Hablé con familias de niños mayores educados en casa, con gente de educación libre, debatimos, leí artículos, conferencias y llegué a una conclusión, o a varias. En definitiva, que prohibir o limitar no es nunca una buena opción.

Primero, creo que hay que perder el miedo a las tecnologías, vivimos en la era tecnológica, es una herramienta genial, que sirve para aprender lo que quieras y cuando quieras, también sirve para ocio, para leer, para investigar, es un mundo y va a estar ahí, es una realidad de la que no vamos a poder escapar. Nos da miedo porque nosotros no fuimos críados con ello y es algo desconocido pero creo que ese miedo no nos deja ver más allá.

Lo segundo que hice es perder el miedo a la adicción. La tecnología no te hace adicto, como no te lo hace el alcohol, las compras o el sexo. Son los vacíos emocionales que intentamos llenar con eso los que te hacen adicto. Un niño adicto a la tablet tiene un problema que no es la tablet sino algo más profundo que habrá que tratar. Con esto no quiero decir que no sean muy atractivas, lo son y de ahí la tercera conclusión.

Los niños utilizan las tecnologías bien porque están aburridos, cansados, se están evadiendo de otras cosas o bien porque quieren disfrutar de ello un rato. Saber diferenciar cada caso es importante. Por ejemplo, un niño que va al cole, 8 horas, dos de extraescolares, cena, ducha y que quiere estar una hora o dos con la tablet. Decimos: es que no quiere hacer otra cosa. Bueno, en realidad es que lleva todo el día haciendo lo que le dicen, está cansado, ha tenido poco tiempo libre, es normal que quiera evadirse, nosotros también lo hacemos.

¿Significa esto que dejo a mi hija estar todo el día con el móvil? No. Pero es que tampoco lo estaría. Cuando me relajé con el tema y dejé de intentar prohibir y limitar, ella comenzó a dejarlo cuando se cansaba. Dice: ya no quiero más y lo apaga. Al principio es cierto que hubo un tiempo que al habérselo intentado limitar lo quería muchísimo y cometí el error de quitar el límite de golpe, pero cuando vió que podía tenerlo siempre que lo pedía ya empezó a dejarlo y empezó a ser una actividad más como otra cualquiera.

Lo que he podido comprobar en este tiempo es que en el parque o cuando está con niños no lo pide nunca. Normal. Pasamos mucho tiempo fuera e intentamos que esté con niños la mayor parte del día. Lo pide en casa cuando está aburrida y nunca se le niega. Si vemos que pasa demasiado tiempo le hacemos una propuesta y siempre la acepta y lo deja, jugar con ella a algo, pintar con témperas, lo que sea…

En el cómputo de horas del día pasa muy poco tiempo con las pantallas (que irá aumentando a medida que se haga mayor porque también tendrá más cosas que hacer con ella) y no me preocupa la verdad. Porque veo que tiene otros intereses, mucho tiempo al aire libre, que en cuanto le das una propuesta atractiva la acepta y la prefiere y no tengo que prohibir ni limitar, con lo que eso supone en la crianza. Que en cuanto tenga acceso limitado se dará atracones de tecnología, que siempre lo estará deseando porque sabe que es algo prohibido, que crea mucho malestar familiar…

Es mi forma de entenderlo y hasta ahora me va bien. No tiene que ser la de todo el mundo. Y no dudo en cambiar algún día de opinión si viera que la situación lo requiere. Porque de eso va la crianza y la vida en general, de ir aprendiendo sobre la marcha y estar abierto a desaprender y volver a aprender. “Solo los imbéciles no cambian de opinión.”

Ah y otra cosa os cuento, nunca se lo ofrezco yo, no lo utilizo para poder hacer cosas (no lo juzgo eh) sino que aprovecho cuando está con ello para hacer algo. Como con la comida basura utilizo la técnica de no ofrecer no prohibir, es decir, no lo utilizo delante de ella porque sé que me lo pedirá ni se lo propongo nunca. Simplemente me baso en dárselo siempre que me lo pida, sin importancia, y observo y espero. A veces lo deja porque se cansa o aburre y quiere hacer otra cosa y a veces si considero que lleva mucho le hago propuestas que nunca rechaza. Hasta ahora es lo que hacemos. Ya os contaré dentro de cinco años que tal vamos.

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EL CARRO CON PINCHOS

“Para ser un adulto independiente y seguro debió haber sido un bebé dependiente, apegado, sostenido, en pocas palabras amado.” Sue Gerhardt

La semana pasada fue la Semana Europea del Porteo y quería aprovechar para hablar un poquito de crianza, que hace mucho que no hablo y de porteo, que poco lo he hecho. Hablé solo un poco aquí.

Hice una sección del blog en la que he escrito varios artículos sobre aspectos de la crianza de Mia que no son los comunes, por qué no lleva pendientes, por qué no va a la escuela infantil o por qué no la hemos sentado por ejemplo. Podéis leerlos aquí. Hoy os voy a contar por qué no usamos carro hasta que tuvo aproximadamente un año.

Todo padre ha experimentado la “cuna y carro con pinchos”, ese momento en el que vas a colocar al bebé allí y se pone a llorar como un loco o ese otro en que lo dejas dormido y no aguanta más de diez minutos. Todos lo hemos vivido, todos sabemos que ocurre pero todos seguimos insistiendo porque tienen que acostumbrarse. La presión externa es muy fuerte. El instinto nos dice que les cojamos, pero como será que a pesar de sentirlo, no lo hacemos, porque pensamos que así les vamos a malacostumbrar.

Los bebés no pueden manipularnos, lloran porque piden lo que necesitan, que es estar junto al cuerpo de la madre. Cuando están dormidos tienen muchos microdespertares y si en uno de ellos se notan en una cama solos se desvelarán.

Yo me sabía la teoría pero aun así también lo intenté y evidentemente Mia no dormía seguido más de diez minutos de siesta en una cama. Así que hasta el año durmió todas las siestas en la mochila. Dormía dos y tres horas del tirón. A veces pedía teta entre medias y ahí la tenía. Para mi era muy cómodo. Podía sentarme y trabajar con el ordenador, leer, pasear, cocinar…

Pero el porteo no es algo que llevemos en los genes, es algo que nos hemos inventado porque lamentablemente vivimos en la sociedad que vivimos y no podemos permitirnos el lujo de estar tumbados con el bebé encima sin movernos durante tres horas (habrá alguna que sí).

Y como es un invento, hay que aprender a usarlo. Yo tenía claro que quería portear, pedí como regalo una mochila ergonómica (muy importante que lo sea, se ven todavía muchísimas mochilas “colgonas” y bebés mirando hacia delante) y la usé practicamente desde que nació. Es cierto que al principio no le gustaba mucho (esto no te lo cuentan y piensas “oh no mi hija no va a querer nunca mochila”) pero enseguida le cogió el gusto. Después, cuando fue un poquito más mayor la usé en la espalda (recomiendo mucho aprender a pasarles atrás, te da la vida).

Invito a darle una oportunidad, y dos y tres porque a veces no nos resulta cómodo de primeras. A probar, a intentarlo, con fulares, con mochila y a perder el miedo a todas esas cosas que nos dicen que pasarán si les tenemos siempre en brazos. Un niño que va en el carro y se queja, se queja y se vuelve a quejar, acabará acostumbrándose a que no le atiendan, es cierto, pero hay que preguntarse ¿a costa de qué? Porque eso lamentablemente tiene más que ver con la sumisión que con la independencia.

¡YA TENEMOS ESPACIO PARA EL PRÓXIMO TALLER EN VALENCIA! SERÁ EN LA ESCUELA INFANTIL MI KITA. EL 22 DE JUNIO DE 10:30 A 13:30 HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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LA IDEALIZACIÓN DE NUESTRA INFANCIA


“Cuanto más idealizamos el pasado y nos negamos a reconocer nuestros sufrimientos de la infancia, más los pasamos inconscientemente a la próxima generación.” Alice Miller

El domingo fue el Día de la Madre aquí en España y las redes se llenaron de mensajes de amor, de madres perfectas y de idealización de infancias.

Esto, que por un lado es natural, que los hijos idealicen a sus padres, es por otro lado peligroso y falso. Los padres se equivocan, todos, unos más que otros pero es importante madurar, reflexionar y no quedarse estancado en cuando teníamos cinco años y pensábamos que nuestros padres eran Dios.

La mayoría de adultos de ahora venimos de crianzas y escuelas autoriatarias. Hemos vivido los castigos, las amenazas, los chantajes, los insultos, los cachetes… Muchos incluso siguen viviendo cosas de estas con sus padres a día de hoy, a pesar de ser ya adultos.

Lo que ocurre es que el niño no es capaz de odiar a sus padres por el daño que le hacen, ya sea físico o emocional. Los sigue queriendo e idolatrando (todos conocemos casos terribles de niños víctimas de violencias graves que siguen queriendo estar con sus progenitores). El niño lo que hace es dejar de quererse a sí mismo cada vez que es castigado, dañado, humillado.

Y esos niños que no reconocen ese daño se convierten en adultos que siguen creyendo que sus padres lo hicieron por su bien, que lo merecían, que eso les hizo convertirse en mejores personas, que eso les hizo fuertes, que están bien.

Mi padre me dejaba llorar y estoy bien, mi madre me pegaba y no pasa nada, mi padre me castigaba porque es que me portaba fatal, mi madre me daba con la zapatilla, ¡qué divertido!

Decimos eso, le restamos importancia y lo defendemos porque es lo más fácil, lo menos duro. Ponernos en la piel del niño que éramos e intentar sentir lo que sentíamos en ese momento duele. Reconocer que nuestros padres nos hicieron daño (porque no tenían más recursos, no porque no nos quisieran) duele.

Y entonces, así seguimos. 30 años despúes pensando que nuestros padres lo hicieron genial con nosotros. Que todo lo bueno que somos es gracias a que nos hicieron sentir mal y no gracias a todo lo demás. Y esto tristemente nos aleja mucho de ser mejores padres o educadores y de romper con ese tipo de relación para empezar a tratar a los niños con más respeto. Si creemos que nosostros lo merecíamos, pensaremos que nustros niños también, que es lo mejor para ellos.

Evidentemente que no quiero decir que tengamos que odiar a nuestros padres, podemos perdonarlos y entender que hicieron lo que podían con lo que tenían. Pero solo analizando que hubo cosas que no estuvieron bien, que te produjeron dolor, que te hacían sentir mal podrás romper con ese modelo, empezar a hacerlo de otra manera y cambiar tu propia mirada hacia la infancia. Te invito a revisar la tuya.

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LOS MORDISCOS

“Nadie nace malo.” Alice Miller

Hoy vengo a hablar de un tema del que me habéis hecho muchas consultas y que preocupa tanto a padres como a educadores infantiles.

Es una realidad que los niños muerden. Unos más que otros pero todos suelen hacerlo en alguna ocasión y muchas veces no sabemos como afrontar la situación, qué decir, qué hacer y como acabar con ello.

Es cierto que los niños escolarizados suelen morder mucho más, esto es normal y ocurre sencillamente porque una de las causas de que los niños muerdan es la frustración y los niños pequeños no están preparados aún para estar con tantos niños de su misma edad en un entorno en el que se originan muchos conflictos que no saben gestionar. Muchos niños queriendo el mismo juguete por ejemplo ocasiona muchas ocasiones de frustrarse. El niño ante estos sentimientos muerde para descargar su rabia.

Pueden morder también al sentirse solos, por necesidad de cariño, de atención. Decimos mucho eso de: lo hace para llamar la atención, como si fuera algo malo, y entonces les regañamos o castigamos más. Y es al revés. Si un niño está pidiendo atención hay que darle esa atención pero de forma positiva. Ocurre una cosa muy triste, y es que los niños, con tal de que les hagamos caso, son capaces de hacer cosas para que les regañemos. Así al menos se sienten atendidos.

Pueden morder también por sentirse muy limitados, en su movimiento, en sus decisiones, todo esto hace que se carguen de rabia y terminen mordiendo.

Por otro lado, a veces los niños pequeños simplemente están jugando, probando, a ver que pasa si hago esto. ¡Anda, mis padres gritan, qué divertido, voy a hacerlo otra vez!

Sea cual sea el motivo por el que el niño muerde, lo que debemos hacer es más o menos lo mismo siempre. No castigar ni regañar, porque esto además de que no sirve para nada, puede empeorar el problema. Si por ejemplo el niño lo hacía porque se sentía mal, se sentirá peor. Si lo hacía para llamar tu atención y se la das así, lo seguirá haciendo. Y si lo hace como un juego para ver que pasa y tu reaccin le hace gracia también seguirá.

Con lo cual la clave no está en qué hacer cuando el niño muerde sino en prevenir para que no muerda. Que sus necesidades afectivas y emocionales estén cubiertas. Un niño que se siente querido, que es escuchado, que tiene libertad, evidentemente morderá menos. Intentar que en su día a día no se encuentre muy limitado ni frustado. Y cuando esto no es posible todo lo que nos gustaría, por el ambiente, como en una escuela, la prevención está en tener mil ojos, estar cerca de los niños que más suelen morder y evitar en la medida de lo posible que suceda, aunque no siempre vamos a llegar a tiempo. Para evitarlo no tenemos que decir nada, solo ponernos delante como un límite físico y nada más.

¿Y si ya han morido? Si ya han mordido, ni charlas ,ni no se muerde, ni mira lo que le has hecho. Un niño pequeño no puede empatizar ni entender nada y ya hemos dicho que no queremos que se sienta peor así que intentaremos darle más atención, más cariño a ese niño en la medida de lo posible, para que se encuentre mejor. Atenderemos al niño que ha sido mordido obviamente, pero no nos olvidemos del que muerde, que si ha hecho eso, seguramente tampoco se sienta bien.

¿Y cuando nos muerden a nosotros? Lo mismo, evitaremos, en la medida de lo posible tomarlo como un juego, gritar (aunque es cierto que a veces nos hacen daño de verdad), no le daremos mucha importancia y la conducta desaparecerá en poco tiempo.

Podemos poner palabras a lo que sienten: entiendo que estás enfadado por esto, veo que no te ha gustado que te quiten el juguete, por ejemplo. Eso les ayuda mucho a sentirse comprendidos y no juzgados, en definitiva a sentirse mejor, la que es sin duda la mejor prevención.

OS RECUERDO QUE EL 27 DE ABRIL HAY TALLER DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD EN LEGANÉS, TENÉIS TODA LA INFO EN FACEBOOK, INSTAGRAM Y EN LA WEB. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR CUALQUIERA DE LAS TRES VÍAS. LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

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LA EMPATÍA O LA TEORÍA DE LA MENTE

“Un niño criado con empatía aprenderá a tratar con empatía a las demás personas.”

Digo muchas veces que les pedimos cosas a los niños para las que aún no están preparados. Que queremos enseñarles cosas que no se enseñan, que se adquieren simplemente cuando están preparados para ello.

Queremos que los niños pequeños compartan, que no hagan daño a otros, que pidan perdón, que empaticen. Y para ello no nos queda otra que obligarles porque de ellos es algo que no puede salir. Un niño no puede empatizar si no tiene teoría de la mente.

La teoría de la mente es un proceso que comienza a adquirirse alrededor de los tres años. Permite al niño ponerse en el lugar del otro, leer su mente. Os dejo un vídeo donde podéis verlo muy bien explicado aquí.

Pretender que un niño de menos de tres, cuatro años empatice con otro es una batalla perdida. No es capaz. Intentar de mil maneras diferentes que entienda que hace daño a otro, que tiene que compartir, que sienta lo que otros sienten es perder el tiempo. Porque lo va a aprender sí, pero cuando esté preparado, no necesita que forcemos nada.

Lo que si que podemos hacer para que un niño el día de mañana sea más empático es ser empáticos con él. Un niño que ha sido escuchado, al que se le ha permitido sentir y ha sido acompañado emocionalmente puede preocuparse de lo que sienten los demás.

Un niño con el que no se ha empatizado, es decir, que se le ha dejado llorar sin consolar, al que no se le ha permitido enfadarse, que su miedo ha sido ignorado será un adulto anclado en cubrir su necesidad de ser escuchado y comprendido. Obviamente que alguien así no puede preocuparse por lo que sienten los demás, si nunca antes alguien se preocupó por lo que él sentía.

La teoría de la mente además nos demuestra que es mentira el mito de que los niños nos manipulan. Cuando lloran, cuando quieren que les cojamos en brazos, no es un capricho, no pueden manipularnos, no pueden saber lo que estamos sintiendo. Lloran, nos reclaman, se quejan porque lo necesitan, porque vienen preparados para ello. Para poder manipularnos deberían saber que pasa por nuestras cabezas.

Debemos relajarnos cuando veamos que nuestro hijo no comparte, cuando pega a otro niño y no le da ninguna pena y pretendemos que le de un besito, cuando queremos incluso que empaticen con nosotros. Les estamos pidiendo demasiado. Pidámosles menos y empaticemos con ellos un poquito más.

EDUCACIÓN FEMINISTA

“La revolución será feminista o no será.”
Ayer fue el Día Internacional contra la Violencia de género y quería aprovechar la ocasión para hablar de qué podemos hacer los adultos, padres y educadores para ayudar a combatir esta lacra que cada año sufren tantas mujeres y niñas.
Todos deberíamos ser feministas. Porque o eres feminista o eres machista. No hay más. Parece una obviedad pero todavía hoy hay que explicarle a muchísimas personas que si crees en la igualdad es que eres feminista.
Partiendo de esa base, podemos empezar a hablar de educar en feminismo. Porque el gobierno invierte dinero, no todo el que debería pero ese es otro tema, en aplicar medidas necesarias pero insuficientes para las víctimas. Teléfonos para denunciar, órdenes de alejamiento y demás medidas directas que aunque dejan mucho que desear, pueden ayudar pero no solucionan el problema. Salvando las distancias, es como cuando un niño pega y le castigamos. De nada sirve solo fijarnos en la conducta y querer acabar con ella. Tenemos que ir más allá y entender por qué los hombres nos están matando. Ellos a nosotras. Por ser mujeres. Solo así podremos erradicar el problema. Yendo al fondo de la cuestión.
Y la raíz de este problema no es más que una sociedad machista que desde que nacemos nos educa a las niñas a ser sumisas y a los hombres a dominar. Cuando un hombre mata a una mujer es la punta de un iceberg, pero debajo hay todo un sistema que lo sostiene basado en cosas como publicidad machista, humor machista, micromachismos y también la educación que recibimos. Entonces, sí, hay que tomar medidas para ayudar a las víctimas pero es urgente que también se comience a trabajar desde la base del iceberg para que algún día no tengamos que salir a la calle a decir NI UNA MENOS.
Los que tenemos hijos o trabajamos con niños tenemos una gran responsabilidad. En nuestras manos está el futuro de nuestra sociedad y tenemos mucho poder para cambiar las cosas. Ya escribí “Como educar a un niño y a una niña en un mundo machista.”, pero hoy quiero ir un paso más allá y dar ideas de cosas que podemos hacer en nuestro día a día.
Primero revisarnos. Dar ejemplo. Tanto hombres como mujeres venimos de una educación machista, por lo tanto seguramente repitamos roles y tengamos trabajo por hacer. Cosas tan sutiles como criticar a las mujeres o hablar de sus cuerpos y su apariencia física cosifican a la mujer. Los roles que les mostramos en casa, la forma, las palabras con las que nos dirigimos a niños y a niñas es diferente. Deberíamos hacer un ejercicio de reflexión sobre esto. Frases como, qué fuerte estás, que guapa eres, se repiten demasiadas veces en diferentes contextos.
También es importante como educadores darles a los niños referentes. En las aulas el discurso, los libros de texto, la historia es machista. Por tanto, es tarea nuestra buscar escritoras, artistas, deportistas… y que los niños puedan tener una visión más justa e igualitaria del mundo.
Pero si hay que hacer algo urgentemente para educar en feminismo es hablar. Tenemos que hablar con los niños y adolescentes. A veces creemos que los más pequeños no pueden entendernos y quizá es así en parte, pero hay que explicarles las cosas, como que las tiendas tienen separados los juguetes y la ropa en dos colores y que eso es una tontería. Si no se lo decimos lo estamos normalizando. El tiempo se encargará de que lo entiendan.
Hay que hablar, según la edad, de machismo, de sexo, del porno, del amor romántico, de los roles de genéro… cada cosa a su edad pero tienen que saberlo. No se trata de prohibirles el reggaetón o jugar con barbies, eso solo les manda el mensaje de que sus gustos no son válidos y sentirán que les juzgamos por ello. Se trata de aprovechar eso para hablar de las letras de las canciones, de la sexualización de las muñecas, de lo que vemos en la televisión… Insisto, si no se habla estamos dejando que la sociedad sea quien los eduque y no será en feminismo, eso seguro.
Por suerte, si algo bueno han traído las nuevas tecnologías, es entre otras cosas, la posibilidad de tener el conomiento en la palma de nuestra mano. Creo y quizá estoy siendo optimista, que la juventud gracias a esto, está más informada que nunca, que el feminismo viene fuerte y es imparable pero aun así creo que nos queda muchísimo camino por recorrer, sería bueno que los niños pudieran hacerlo de nuestra mano y no seentirse así tan desprotegidos en esto como seguramente nos sentimos en su día todos nosotros.
 

DEJAD DE REGAÑAR

“No busques culpables, busca soluciones.”

Parece que casi todos tenemos bastante claro que pegar a un niño está mal, muchos sabemos que gritar y castigar también, pero hay algo que se hace continuamente, que me desagrada muchísimo y que no sirve para nada bueno, regañar.

¿A qué me refiero con regañar? A sermonear, a reprender el comportamiento de alguien. Lo hacemos no solo con los niños, también en relaciones de adultos y me parece horrible y que está demasiado normalizado.

¿Significa entonces que no hay que decir nunca nada a los niños, ni cuando creemos que se están equivocando? No es eso. Me refiero a las formas. No es lo mismo decir: “Se te ha caído el agua, mira cógelo así con las dos manos”, que decir: “Ya has tirado el agua otra vez, ten cuidado”. Es muy muy diferente. Que el vaso se haya caído ya es suficiente muestra de que nos hemos equivocado. Nadie se equivoca queriendo. A nadie le gusta que le hagan sentir mal por un error.

Vamos a hacer un ejercicio de empatía para ponernos en el lugar de un niño al que le regañan. Imaginad que en el trabajo te regaña tu jefe por algo que has hecho, te echa una charla, o que tu pareja en casa te regaña porque has dejado algo fuera de lugar. Y te dicen: “María, que desastre el trabajo que te pedí ayer” o ¨Luis te he dicho cien veces que no dejes eso ahí.” ¿Cómo te sientes cuando alguien te habla así? ¿Crees que eso te hace mejorar?

Cuando alguien te regaña no está buscando soluciones sino culpables. Está lanzando su odio hacia ti, no intenta mejorar la relación ni que mejores tú, solo quiere sentirse mejor haciéndote sentir mal.

Como decía al principio, no sirve para nada bueno. Decirle a un niño: “No se insulta, no se pega, no se hace eso… ” sabemos que no sirve. Lo sabemos porque los niños siguen pegando, insultando o haciendo eso que nos molesta. Habrá que ver por qué hacen lo que hacen. Si tu frase empieza por “No se…” estás regañando. (Odio ese “SE” impersonal que usamos con los niños).

Para lo que sirve es para que el que ha sido regañado se sienta atacado y quiera defenderse. Acordaros del jefe. Nos regaña, ¿acaso pensaremos en hacer mejor nuestro trabajo? o pensaremos: “Le odio”. Trabajaremos con presión y con miedo la próxima vez. Eso no nos hará mejores desde luego.

Si un niño me dice tonta, no sirve de nada que le diga eso no se dice. Lo primero es que el niño lo ha aprendido de los mayores, usan muy bien las palabras en el momento adecuado, igual que nosotros. Así que regañarle por algo que le hemos enseñado nosotros es cuanto menos, incoherente. Y lo segundo es que es su forma de decirnos que está enfadado. Enfadarme yo con él porque me ha dicho tonta es ponerme a su altura en una posición infantil. ¿De verdad tiene importancia que me diga tonta? ¿Me hace daño? ¿Qué tal decirle “veo que estás muy enfadado conmigo”? El respeto se gana respetando. Si es mayor podemos preguntarle ¿por qué me dices eso? por ejemplo, sin juzgar.

A lo que voy es que nos pasamos el día regañando, corrigiendo, desgastándonos y que eso hace que los niños se sientan peor. Y ya sabemos que un niño que se siente mal no se porta bien. Regañamos pensando que así se portarán mejor y conseguimos todo lo contrario. Si me equivoco y alguien me dice: “no te preocupes, nos pasa a todos” me anima a hacerlo mejor.

Cambiemos la forma en que nos relacionamos con los niños y ellos cambiarán. Y sí, ya sé que alguien pensará: ¡Qué locura, que un niño te llame tonta y no decirle nada! No me hagáis caso, decirle: Eso no se dice. Pero ya os lo digo, no os servirá de nada.

NO PASA NADA

“Cuando empezamos a ser más conscientes de aquello que nos pasa a nosotros, nos es más fácil entender y conectar con el otro. Cuando comprendemos más al otro, también le podemos amar más.” Yvonne Laborda

No pasa nada, les decimos a los niños muchas, muchas veces. Cuando se caen, si se les rompe algo, si lloran por alguna cosa. Lo hacemos con la mejor intención, para restarle importancia, porque pensamos que así pasará antes pero sucede justamente al revés.
Imagina que te das en la pierna con el pico de la mesa y pegas un grito. ¿Qué te hace sentir mejor que te digan: oye no grites que eso no es nada o que te dgan: uff eso duele como te entiendo? Ahora imagina que has roto con tu pareja y estás llorando, ¿prefieres que te digan, ya pasó, ya está, vale ya de llorar, no es nada o que te abracen y te digan: llora lo que quieras, entiendo tu dolor, debes sentirte fatal?
Los niños como los adultos necesitan comprensión. El primer paso para ayudarles a desarrollar sanamente su mundo emocional es dejarles que sientan, y no juzgar ni ignorar sus emociones. Cuando nos reímos de sus miedos, nos enfadamos por sus llantos o ignoramos su tristeza, les estamos diciendo que sentirse así está mal. Decir que no pasa nada cuando para ellos sí que pasa es negar lo que están sintiendo.
A nosotros nos puede parecer una tontería el motivo de por qué lloran, pero lo que a nosotros nos parezca da igual. Para ellos es importante, están tristes y quieren que se les entienda. Además un niño que es comprendido saldrá mucho antes de su estado que uno que no. Si me pongo a llorar porque se me ha roto un juguete y mi mamá se ríe, me ignora o le resta importancia, eso no me ayudará a estar mejor. Porque encima de que estoy triste por mi muñeca rota, se suma que mi madre se ríe de mi o me ignora, lo que hará que me sienta aún peor.

Esto no quiere decir que tengamos que asustarle sé más o hacer un drama donde no lo hay, si un niño se cae y nos ve una cara de espanto será peor, pero eso no significa que debamos quitarle importancia a su dolor. Además con niños muy pequeños a veces sí que nos tocará distraerlos porque no pueden entender los límites o porqué no pueden tocar eso o abrir ese cajón.

En definitiva, acompañemos las emociones de los niños, pongámosle nombre y demos importancia a lo que les pasa. Porque no es lo mismo decir: no te pongas así, te he dicho mil veces que no te voy a comprar más chuches, que decir: entiendo que estés enfadado, sé que te encantan las chuches pero no puedo comprártelas porque no son buenas para ti. Es muy diferente. Su reacción también lo será. No dejarán de llorar de inmediato porque les comprendamos,eso está claro, pero os aseguro que no se sentirán igual. Probadlo y me contáis.

¿POR QUÉ MI HIJA NO VA A LA ESCUELA INFANTIL?

“Es antinatural que los niños vayan a la guardería y sus padres les vean solo dos o tres horas al día” Carlos González

Lo primero porque puedo y porque quiero. Esto lo quiero dejar claro porque respeto profundamente a los que no quieren quedarse en casa cuidando de un niño pequeño porque necesitan realizarse fuera en sus trabajos. Y obviamente soy consciente de que hay muchas personas que quieren y no pueden cuidar a sus bebés porque tienen que volver a trabajar para no ser despedidas, para llegar a fin de mes o por razones varias.
Yo he elegido quedarme con mi hija porque puedo. Como contaba en el post de: Yo tampoco quería ir al cole, al entrar en el mundo de la educación alternativa y de la crianza respetuosa cambió mi vida. No solo a nivel profesional sino también en lo personal. Hubo en cambio de consciencia respecto a muchos aspectos sobre como vivimos y a la forma de consumo que tenemos que me hizo cambiar y aprender a vivir con menos y necesitar muy poco. Y este cambio es, entre otras cosas, lo que me permite poder estar en casa con Mia.
Y lo he elegido porque quiero. Soy maestra de infantil y Madre de Día, con lo cual, me dedico a cuidar niños. Me gusta, me realiza y por tanto disfruto y obviamente prefiero estar con ella que con los hijos de otros aunque sea duro y cansado y nadie te pague por ello, pero ese es otro tema…
Pero además lo hago porque estoy convencida de que es lo mejor para ella. Al sistema le interesa que te pongas pronto a trabajar, a los cuatro meses exactamente. Cuando aún ni tu cuerpo ni tu mente están preparados para separarte del bebé. No lo digo yo, lo dice la evidencia científica. Criando no produces. Y entonces el sistema te ofrece las escuelas infantiles y te dice que son lo mejor. Hablan de conciliación y los partidos supuestamente más modernos hacen propuestas para hacer escuelas públicas desde los 4 meses. Conciliar no es dejar a tu bebé ocho o más horas en una escuela. Pero ese tampoco es el tema…
El tema es que nos hacen creer que lo mejor para el bebé es la escuela. Porque se inmuniza, porque socializa, porque le estimulan, porque así espabila, que sepa que no es el centro de atención… y demás cosas que he oído tantas veces ya que se acaban aceptando como verdades. Pero no son ciertas.
Los bebés tienen un sistema inmunitario que se está desarrollando. Exponerlos a un espacio cerrado lleno de virus es malo para su salud. Que un niño caiga enfermo cada quince días, con su respectivo antibiótico o medicamento no le hace más fuerte, sino todo lo contrario.
Si has estudiado algo sobre el desarrollo del niño de 0-3, sabrás que los niños más o menos hasta esa edad no socializan, no hacen juego simbólico, sino en paralelo. Es cierto que disfrutan de estar con niños, cosa que se puede lograr en parques y con la familia. Pero un niño que no ha ido a la escuela infantil no tiene problemas de socialización porque allí lo que hará será pelearse por un juguete, morderse, tirarse del pelo… no pueden hacer otra cosa. Además ¿es realmente socializadora la escuela? Otro día hablaré de ello…
Un niño que va a la escuela infantil no está más espabilado ni más estimulado que uno que no. Creo que se confunde estar espabilado con que un aula de 1-2 años con 20 niños que quieren lo mismo y falta de manos para atenderlos correctamente puede convertirse en la jungla y entonces prima la ley del más fuerte. Pero eso nada tiene que ver con estar espabilado. La estimulación es post para otro día también. De antemano digo: a los niños, a no ser que tengan problemas, no hay que estimularlos. Yo no hago nada para que mi hija aprenda, solo dejándoles material adecuado y libertad lo aprenderá todo sola.
Y si eres profe de infantil, también sabrás que es normal y saludable que el niño se sienta el centro de atención. No puede ser de otra forma, es madurativo. Hasta alrededor de los tres años no puede entender las necesidades del otro. Está en una etapa egocéntrica. Cree que el mundo gira en torno a él y necesita que así sea para desarrollarse, por eso es una locura que una persona esté sola para atender física y emocionalmente a veinte niños. No puede.
Y antes de acabar, repito que soy profe de infantil. Que me parece una profesión preciosa y necesaria. Que las maestras hacen una labor muy dura y muy poco reconocida. Que al final vivimos en un mundo en el que existen las escuelas, porque no todas las familias tienen las mismas necesidades ni las mismas opciones y me parece bien. Si les llevas como si no. Pero al menos, creo que ayuda mucho saber que no es una necesidad del niño, que no le hará más listo, ni más sociable ni más espabilado. Y teniendo esto claro, si decides escolarizar,  será más fácil encontrar una escuela que responda a sus necesidades de la mejor manera. Porque no, no todas las escuelas son iguales. Pero como os imagináis… eso también es otro tema y os lo cuento otro día.

LAS MANUALIDADES

“Todo niño es un artista, porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.” Ken Robinson

Erik tiene tres años y ayer, que fue el día de la familia, tuvo que dejar su juego a desgana para que le pusiera pintura en los pies y los plantara en un folio. El mes pasado tuvo que pegar unas orejas, con mi ayuda, a uno de los 24 conejos que había hecho para Pascua. Mañana pintará con pintura de dedos una flor para la fiesta de la primavera y para Navidad haremos tarjetas en las que pegará papelitos verdes dentro de un arbolito dibujado por mí. Yo odio este tipo de actividades, Erik también. Creo que a los únicos a los que les gustan es a sus papás. Erik hay días que no quiere ir cole.
Como contaba en el artículo de el baile  de fin de curso, en la escuela infantil, y en primaria también ocurre mucho, se hacen un montón de cosas absurdas que además de gastar energía y tiempo tanto para los niños como para las profes, creo que no sirven para nada, e incluso que son perjudiciales.
Para fomentar la creatividad, la capacidad para crear e inventar, algo de lo que tanto se habla ahora en educación, quizá este tipo de actividades sea lo peor que hay para ese fin. Decirle a un niño de qué color pintar eso, cómo y dónde poner esa pegatina, cómo dibujar aquello, y dónde colocar esas orejas al conejo, deja nula opción a la creatividad. Todo ya está creado por otros, solo hay que acatar órdenes.
Por otro lado, no solemos dejar a los niños opción de hacerlo o no, suelen ser actividades dirigidas e impuestas, no queremos que ningún papá se quede sin regalo, y si vemos que no hay forma de que lo haga, siempre podemos hacerlo las profes, si total, el fin es que el niño saque un regalito. ¿Porque era ese el fin no?
Porque divertirse con este tipo de actividades, los niños no se divierten. Aprender, no aprenden nada que no puedan hacer jugando o con actividades libres que ellos elijan. Y la creatividad, ya hemos visto que fomentarla no la fomentan. Entonces, ¿Por qué seguimos haciéndolas?
En el aula debe haber tijeras, pegamento, pinturas y material creativo a disposición de los niños para el que quiera utilizarlo. Deben ser libres para crear lo que quieran y libres para regalárselo a quien quieran. Porque obligar a un niño que no quiere a hacer una manualidad para dársela a alguien, es de todo menos un regalo.
Me da la sensación de que las maestras intentamos llenar muchos espacios haciendo cosas porque creemos que si no hacemos nada y los niños juegan todo el rato, están perdiendo el tiempo, cuando es justo lo contrario, están perdiendo el tiempo haciendo estas actividades y es mil veces más productivo para ellos el juego libre.
Un voto para dejar de lado las manualidades obligatorias, y lo siento mucho por los papás que se quedarán sin tarjeta de Navidad, pero estoy segura de que las maestras que se pasan tardes recortando orejitas y ojos de conejo de cartulina me lo agradecerán.

LAS EMOCIONES

“Enfadarse con un niño enfadado, gritarle a un niño que grita, y pegarle a un niño que pega, es como embarrarle de lodo porque se ha ensuciado y esperar que así se limpie.” L. R. Knost
Hugo tiene cinco años y está pasando el momento más difícil de lo que lleva de vida. Acaba de tener una hermanita y está muy celoso. Su forma de expresarlo es con potentes rabietas y contestando mal a cualquier adulto que intente hablar con él. Su profe cada vez que se pone así porque algo no sale como él quiere, le castiga y se enfada diciéndole que hasta que no se calme no le va a hacer caso y que esas no son formas de ponerse. No soporta verle fuera de sus casillas. Hugo no quiere ir al cole.
Las emociones están de moda. Se habla de inteligencia emocional, tenemos en las aulas cuentos sobre las emociones, hablamos de ellas y hacemos actividades para desarrollarlas porque nos han dicho que eso hará de los niños mejores personas. La intención es buena, pero lo estamos enfocando mal. Las emociones no se educan, se viven.
Los niños sienten, mucho y muy intensamente, y lo que los adultos solemos hacer es reprimir sus emociones en vez de acompañarlas. Tendemos a pensar que hay emociones positivas y negativas y esto no es cierto. Las emociones son todas buenas y necesarias, otra cosa es que sean más o menos agradables.
Cuando un niño está triste, enfadado o siente miedo nos suele molestar, probablemente porque es lo mismo que hicieron con nosotros, porque huimos de esas emociones, porque no nos dejaron vivirlas y queremos librar a los niños de ello cuanto antes. Por eso, cuando un niño llora ledecimos que deje de hacerlo, cuando se enfada y tiene una rabieta nos solemos enfadar con ellos y cuando tienen miedo, o bien menospreciamos su sentimientos diciendo que no pasa nada o incluso nos reímos de ellos. Y esto nada tiene que ver con acompañar las emociones de los niños y ayudarles a entenderlas y así poder vivirlas, sino que reprime algo que existe por una razón y que si no es expresado, esa rabia, miedo o tristeza se quedará dentro y es entonces cuando vendrá el problema.

Para acompañar las emociones de los niños basta con ponernos a su altura y decirles que entendemos lo que están sintiendo, podemos decir “veo que estás muy enfadado porque Fulanito te ha quitado el juguete”, “veo que estás triste porque echas de menos a mamá” o “entiendo que te de miedo entrar ahí”. Poniendo nombre a sus emociones los niños sienten que está bien llorar o enfadarse y entonces podrán salir de ahí gracias a que han podido vivirlo. Si un niño se enfada y nos enfadamos con él, más enfadado estará, porque se sumará a su razón inicial que el adulto no le permite sentirse como quiere, por lo que entenderá que hay algo malo en él y que está mal sentir lo que se siente.
Todos queremos niños empáticos, que se conviertan en adolescentes que nos cuenten lo que les pasa y como se sienten, pero desde que son pequeñitos no hacemos más que negarles lo que está pasando, ninguneándolos no dando importancia a sus pequeñas frustraciones que para ellos son terribles. Los cuentos y actividades pueden estar muy bien pero si queremos tener niños sanos emocionalmente empecemos por el principio y dejemos de reprimir y comencemos a dejarles vivir.

HACER LAS PACES

“La libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor.” Albert Camus
Isabel tiene cinco años y está todo el día peleándose con Cristina. Se pelean por todo y acaban pegándose, gritándose y una de las dos siempre termina llorando y viniendo a mi a decirme que la otra ya no quiere ser su amiga ni jugar con ella. Yo intento resolverlo como puedo. Las animo a hacer las paces, les digo que tienen que jugar juntas, ser amigas y darse un beso. El pack completo. Ellas obedecen y a los diez minutos están igual. Esta claro que todo eso que hago no sirve para nada. Isabel hay días que no quiere ir al cole.
Imaginemos por un momento que nosotros somos Isabel. Discutimos con alguien en la calle o tenemos un conflicto con un amigo y viene alguien a decirnos que tenemos que llevarnos bien, estar juntos, ser amigos y encima nos obligan a darle un beso o un abrazo. Creo que se entiende que eso es lo que menos nos apetece cuando estamos enfadados con alguien y que no está bien obligar a los niños a hacerlo por una sencilla razón, invalida lo que sienten.
El niño puede sentirse enfadado, disgustado, triste con la otra persona y no les dejamos vivir eso cuando les imponemos que se besen, estén juntos o sean amigos cuando no es lo que les apetece. Tienen derecho a querer alejarse del otro, a estar solos y a no dar muestras de afecto cuando no les nace.
Esto nos ocurre a los adultos porque estamos muy acostumbrados a huir de los conflictos. No nos gustan, nos dan miedo y no nos damos cuenta que forman parte de la vida, que nos ayudan a crecer y a ser mejores. Los niños viven sus conflictos también intensamente y es cierto que se enfadan y a ellos solos se les pasa y normalmente enseguida están jugando otra vez como si nada, pero eso no niega que sus sentimientos sean reales y tengan derecho a vivirlos.
Intervenimos mucho en los conflictos de los niños, demasiado. Nos gusta ser jueces y determinar quien fue el culpable y ha de pedir perdón. Pero el perdón, como el compartir, como el dar un abrazo o un beso a un amigo tiene que salir de uno, no puede venir impuesto. Pedimos perdón a alguien cuando empatizamos con la persona y somos conscientes de que le hemos hecho daño. Decirle a un niño que pida perdón por algo que no entiende, es un perdón vacío, como un gracias o un por favor obligado, que no enseña nada, más que obediencia al adulto o incluso que puedo hacer lo que quiera mientras luego diga perdón.
He visto a muchos niños pequeños que muerden o pegan y acto seguido dan un beso. No tiene sentido. Eso no hace que dejen de pegar o morder ni sana el dolor del otro. Cuando sean más mayores y puedan comprender, y si han tenido modelos de disculpa en su entorno, pedirán perdón, harán las paces, y darán abrazos si lo sienten y les apetece.
Así que podemos ahorrarnos muchas charlas con los pequeños con cosas como “tenéis que ser todos amiguitos”, cosa que no es cierta, no tienen por qué serlo. “Tenéis que hacer las paces y daros un abrazo” (luego hablamos de consentimiento), y dejar los perdones para cuando a cada uno le salgan. Eso sí, como digo siempre, podemos ser su mejor ejemplo y pedirles perdón a ellos cuando nos equivoquemos, mostrándoles que todos podemos cometer errores y puede que nos perdonen y que nos dejen darles un beso o un abrazo o puede que no, y estará bien también.

EDUCAR A UN NIÑO EN UN MUNDO MACHISTA

Hijo eres un bebé fuerte, un campeón pero también eres precioso, un bombón.
Hijo, te visto de azul, de verde, de rosa y de morado. Porque no hay colores para niñas y colores para niños. Porque no hay por qué diferenciaros por lo que lleváis puesto.
Hijo puedes jugar al fútbol, a las muñecas, a ser pirata o princesa. A lo que te haga feliz.
Hijo si te gustan los coches está bien y si te gustan las barbies también.
Hijo no tienes que ser siempre fuerte y valiente. Puedes tener miedo y llorar. Ser sensible y delicado. Puedes ser como quieras. Llorar es de hombres, mujeres y niños.
Hijo, si alguien te dice que corres o pegas como una niña no te lo tomes como un insulto. Ser como una niña nunca debería serlo. Las niñas al igual que los niños son geniales. Y pueden correr y pegar incluso mejor.
Hijo puedes bailar o jugar al baloncesto, no hay actividades de niños y de niñas.
Hijo, puedes vestirte como te dé la gana, llevar el pelo largo, ponerte un vestido de princesa, pintarte las uñas, lo que te haga sentir bien.
Hijo, aunque la televisión y lo sociedad te hagan ver lo contrario, ten claro que las chicas no son solo un cuerpo. No las juzgues por su físico.
Hijo, aunque en los libros y en la tele apenas aparezcan, tienes que saber que hay mujeres increíbles que han hecho cosas maravillosas a lo largo de la historia.
Hijo, no toques nunca el cuerpo de una chica sin su permiso ni la violentes por la calle diciéndole cosas. Es desagradable y es acosarla.
Hijo, la pornografía es violenta con las mujeres y nada tiene que ver con el sexo sano. La prostitución es pagar a una mujer pobre para violarla, tenemos que luchar para acabar con ella.
Hijo, no está bien presionar, chantajear, insistir a una chica para que te bese o se acueste contigo. Y te pueden decir que sí y luego que no. Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión. Tienes que respetarlo.
Hijo, hacer humor sexualizando mujeres, reírte de ellas o no decirles nada a los amigos que lo hacen perpetúa el machismo con el que queremos acabar.
Hijo, si tienes pareja, no tienes que ayudarla con la casa y los niños. Son responsabilidad tuya igual que de ella. Implícate y asume lo tuyo.
Hijo, se aliado de las mujeres, feminista y lucha por la igualdad de hombres y mujeres. Tienes que entender que este mundo en el que vivimos es mucho más duro para ellas que para ti. No se lo pongas más difícil.

NO HAY QUE COMPARTIR

“Muy lenta y dolorosamente aprendí que cuando yo empecé a enseñar menos, los niños empezaron a aprender más.” John Holt
Rebeca tiene cuatro años, es de la clase de al lado y está harta de compartir. Cuando sale al patio y coge un triciclo siempre hay otro niño que también lo quiere. Su profe cuando ve que ya ha estado un rato, la baja aunque ella no quiere y se lo da a otro niño. Le dice, Rebeca hay que compartir. Cuando en clase coge una muñeca y otro niño la quiere y se lo dice a la profe, esta le quita la muñeca y Rebeca se queda llorando. Ella le dice que hay que compartir. Sus padres cuentan que cuando va al parque no quiere prestar sus juguetes, que la obligan a compartir, no quieren que Rebeca sea una egoísta y le dicen que si no comparte, los demás no van a compartir con ella. Rebeca hay días que no quiere ir al cole.
El tema de compartir en los niños se ha entendido mal y está mal planteado. Compartir, dice el diccionario que es, dar parte de lo que uno tiene para que otro lo disfrute. No dice en ningún sitio que compartir sea que una persona externa me quite algo de las manos y se lo de a otra. Eso es quitar, robar, pero no compartir. Compartir tiene que salir de uno. Nadie te puede obligar a compartir, como mucho te obligan a dárselo. Pero compartir no se puede enseñar. Ser generoso se adquiere viendo como los demás lo son, teniendo el ejemplo de los adultos.
Haciendo esto de quitarle a un niño algo de las manos para dárselo a otro, u obligándole y haciéndole sentir mal por ello, no vamos a conseguir que sea más generoso, nada tiene que ver una cosa con otra. Como mucho se estará llevando una lección de que uno puede quitarle a otro las cosas de las manos porque así lo considere.
Pensemos por un momento en nosotros mismos. ¿Somos generosos? ¿Cuánto? ¿Le dejaríamos nuestro móvil, nuestro coche, nuestra casa a uno que pasa por el parque? ¿A un conocido? Para los niños sus juguetes, son sus tesoros y tienen todo el derecho del mundo a no querer dejarlos, como nosotros a no querer prestar nuestro teléfono a cualquiera. Además en los primeros años están en una fase egocéntrica en la que todo gira en torno a ellos, no pueden empatizar. Poco a poco irán entendiendo que los demás tienen necesidades y podrán querer compartir, o no, y estará bien. Cada uno es libre de prestar o no lo que quiere.
Imaginemos que estamos concentrados en un libro, o haciendo una manualidad y llega alguien y nos dice, se acabó tu tiempo, le toca al siguiente, te lo quita de las manos y se lo da a otra persona. Pensaríamos que vaya falta de respeto. Pues se lo hacemos a los niños constantemente. Su juego y su concentración también son importantes.
Por esto yo siempre propongo lo siguiente. Primero dejar deintervenir tanto, y darles la oportunidad de resolverlo solos. Nos sorprenderá. Seguramente quien tenga el objeto deseado no lo querrá soltar y el otro puede que decida irse. Y si vemos que necesitan ayuda podemos explicarles y poner palabras a lo que pasa: Rebeca tiene ese triciclo, se que tú también lo quieres pero está ella ahora con él. Si lo suelta podrás cogerlo. Esto que puede parecer que solo beneficia a Rebeca, en realidad no es así. El día de mañana, su compañero podrá estar tranquilo cuando coja un triciclo o cualquier otra cosa, porque sabrá que puede disfrutar de ello todo el tiempo que quiera y que no debe preocuparse porque vaya a venir un adulto justiciero a quitarle su gran tesoro.

EDUCAR A UNA NIÑA EN UN MUNDO MACHISTA

Hija, eres una bebé preciosa, un bombón, pero también eres fuerte y una campeona.
Hija, te visto de rosa, de verde, de rojo y de azul. Porque no hay colores para niñas y colores para niños. Porque no hay por qué diferenciaros por lo que lleváis puesto.
Hija, puedes jugar al fútbol, a las muñecas, a ser princesa o guerrera. A lo que te haga feliz.
Hija, si te gustan las barbies está bien, y si te gustan los coches también.
Hija, no tienes que ser delicada. Puedes ser valiente, jugar a luchar y mancharte. Ah y si un niño te pega no es porque te quiere. 
Hija, eso que haces si no es de señoritas tampoco es de señoritos. Si está mal, está mal para todos.
Hija, puedes jugar al baloncesto y odiar bailar, no hay actividades de niñas y de niños.
Hija, puedes vestirte como te de la gana, con vestido, con pantalones, con chándal, con falda…con lo que te haga sentir más cómoda.
Hija, si te apetece depilarte y usar sujetador está muy bien, pero si no quieres hacerlo también lo está. Haz lo que te haga sentir bien a ti. Que no te importe lo que piensen los demás.
Hija, no tienes que ser como esas que salen en la tele, ni estar delgada. Deberías cuidar tu alimentación y hacer ejercicio para estar sana. Tú ya eres bella como eres, que nadie te haga creer lo contrario.
Hija, no tienes por qué maquillarte ni usar tacones. Eres perfecta tal cual eres. Pero si decides usarlo está genial. Que nadie te diga lo que tienes que hacer con tu cuerpo.
Hija puedes estudiar lo que quieras, puedes ser ingeniera, futbolista, médico o directora. Que nadie te diga hasta donde puedes llegar.
Hija, no tienes por qué echarte novio. Tú ya estás completa. Pero si encuentras a alguien con quien compartir tu vida que sea alguien que no piense que es superior a ti o que eres de su propiedad. Los celos no indican amor. 
Hija, no permitas que nadie te controle tu vida, ni que te diga con quien puedes juntarte o en que gastarte tu dinero. Quien bien te quiere no te hará llorar.
Hija, puedes acostarte con quien te apetezca. Pero también puedes decir que no siempre que quieras. No tienes obligación de complacer a nadie. Tienes derecho a cambiar de opinión. Tu cuerpo es tuyo y siempre puedes decidir que hacer con él, quien puede tocarlo y quien no.
Hija, no tienes que ser madre si no te apetece. Si lo decides estará genial también. Haz con tu vida siempre lo que te diga el corazón.
Hija, si decides tener hijos edúcalos por igual si son niñas o niños pero enséñales que el mundo en el que vivimos no es igual para todos y que ser niña es mucho más difícil.
Hija, nunca dejes de luchar por un mundo más justo para todos.

LAS CARITAS CONTENTAS DE SUPERNANNY

“Cuando un niño se siente seguro de sí mismo, deja de buscar aprobación en cada paso que da.” M. Montessori
Clara tiene 5 años y es una niña risueña y tranquila. Cada vez que hace un dibujo o cualquier cosa viene corriendo a enseñármelo. A veces solo ha hecho una línea en un folio pero necesita que le diga que es precioso todo lo que hace continuamente. Cuando llegan las cinco siempre me pide que le pinte una carita contenta en la mano porque se ha portado muy bien. Clara los días que no se lleva un premio a casa no quiere ir al cole.
Parece que el tema de los castigos y por qué no son una buena herramienta educativa se entiende bastante bien pero lo de los premios cuesta un poco más. Todos sabemos que si refuerzo un comportamiento el niño lo repetirá. Pero ocurre algo importante que se nos pasa por alto. Una pregunta que muchos no nos hacemos. ¿Cuál era el objetivo realmente, que lo repita sin más? Me explico.
Si yo le doy a Clara una pegatina por haberse comido las espinacas. Clara puede que se las coma para conseguir la pegatina. ¿Hará eso que se coma las espinacas? Puede. ¿Es ese mi objetivo? No debería. Mi objetivo debería ser que coma verduras y lo disfrute. Que el día de mañana siga comiéndolas. Para eso puedo prepararlas de diferentes formas, ser ejemplo y comerlas yo… pero si le doy un premio por hacerlo, no haré que le gusten más, solo lo hará por el premio y seguramente acabe aborreciéndolas, justamente lo contrario de lo que pretendía.
Si obligo a un niño a compartir su juguete y entonces le digo efusivamente “Muy bien” conseguiré que “comparta” pero lo hará por buscar mi aprobación (cosa que es horrible, hacer cosas que no queremos para buscar la aprobación de los demás). Quizá lo que yo quería en realidad era que el niño compartiera de corazón. Y eso solo se da cuando uno quiere. Nadie puede obligarte a sentir lo que no sientes. Compartir sale de uno mismo, sino no es compartir, es otra cosa.
¿Significa esto que no puedo alegrarme por los logros de los niños? Claro que no. Si un niño hace algo que nos gusta, y de verdad nos alegra obviamente que podemos mostrar nuestros sentimientos, está bien apoyar a los niños. De lo que hablo es de manipular el comportamiento de los niños a través de los premios. De utilizar el elogio para conseguir que hagan cosas.
Decirle a un niño “Muy bien” ante cualquier cosa, no refuerza su autoestima sino que le hace más inseguro porque dependerá siempre del juicio de los demás. Un niño que hace un dibujo por el placer de hacerlo y recibe un premio, el próximo día ya no lo hará por el placer sino por el premio, por lo que perderá el interés que tenía.
En realidad todos buscamos que los niños compartan, que coman verdura, que saluden, que sean cariñosos. Pero queremos que lo sean no que lo hagan sin más. Así que para eso solo podemos hacer una cosa que es dar ejemplo. Lo otro es manipulación en toda regla.
¿Y entonces qué puedo decir en vez de “muy bien”? Prueba a describir más que a juzgar. No es lo mismo decir veo que has dibujado una línea roja en un folio que decir: Es precioso. Haced la prueba. 

NORMAS Y LÍMITES

“Ojalá podamos ser desobedientes cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común” Eduardo Galeano

Sergio tiene tres años y está siempre castigado porque no para. A este niño lo que le faltan son límites (es la frase más repetida que usan todos los profes para referirse a él). Yo siempre pienso, pero si estamos todo el día poniéndoselos: para, siéntate, no se pega, escucha, ahora no se habla, ahora no se corre, no se grita, eso no se hace, eso no se dice… Si hay algo que tiene Sergio en su vida son normas y límites. Quizá demasiados, quizá desmedidos, quizá lo que nos está queriendo decir con su actitud es que nos estamos pasando. Sergio no quiere ir al cole.

Hay una frase que todo maestro y padre ha escuchado alguna vez en la vida. Es ese tipo de clichés que si todo el mundo dice será por algo, así que lo asumimos sin pararnos a reflexionar mucho en él. Dice así: Los niños necesitan límites, les dan seguridad. ¿Qué quiere decir esto exactamente? ¿Qué tiene de cierta esta expresión? Vamos por partes.

Los límites están en la vida. No es que los niños los necesiten es que existen y se los van a encontrar. Un bebé que gatea se encuentra con una puerta que no puede pasar, eso es un límite. El límite no se pone diciéndole a un bebé que no toque el enchufe, el límite es físico cuando ponemos un protector de enchufes. El límite no es decirle a un niño que no se puede tocar la figurita de porcelana, está en quitarla de su alcance. Los límites cuando son físicos son naturales y forman parte de la vida de los niños, otra cosa es quererles enseñar antes de tiempo a obedecer y a que por miedo no hagan las cosas que no queremos que hagan. Eso nada tiene que ver con los límites.

Por otro lado hay otro tipo de límites que sí hay que ponerles a los niños porque ellos son pequeños y nosotros estamos para cuidarles. Son los límites de salud y seguridad. No te dejo que cruces la calle sin darme la mano, no puedes comer chuches a todas horas, no puedes estar solo en la piscina ni coger el cuchillo. Aquí también entran los límites de: no dejo que te hagas daño, ni que nadie te lo haga, ni que abuses de nadie ni que nadie abuse de ti. 

Y estos deberían ser los únicos límites que deberían tener los niños pequeños hasta más o menos los tres años. Lo demás no lo van a entender, no pueden cumplirlo, y no les da seguridad sino que les crea una frustración innecesaria, de la que hablaré otro día, porque es otro gran cliché.

A partir de más o menos los tres años los niños ya pueden entender otro tipo de normas sociales, y poco a poco irán adquiriéndolas. Pero no se trata de llenarles de límites tampoco. Sigue siendo muchísimo lo que les pedimos y una lucha de poder en la mayoría de los casos. Termínate el plato, ponte el abrigo, no corras, estate quieto, no te levantes… Lo mejor es que sean pocos y razonables. Si nos pasamos el día con el “no” en la boca dejará de tener sentido para ellos. Dejémoslos para cosas importantes. Y sin olvidar, que la mayoría los podemos evitar si somos previsores. No teniendo chuches en casa evitamos poner ese límdite. Y siendo ejemplo. Si estamos todo el día con el móvil es hipócrita no dejarles ver la tablet. En definitiva menos límites y más valores.


EL VESTUARIO

“Ser disciplinado como esclavo crea el temperamento esperado de esclavos… Golpear a los niños y aplicarles otros tipos de castigo corporal no es la herramienta apropiada para quien busca formar hombres inteligentes, buenos y sabios” John Locke

Ayer estuve en la piscina con mi bebé. Hemos empezado matronatación y es cierto, que el momento vestuario con un niño, con el calor que hace allí, es toda una aventura. Entiendo el estrés. Entiendo las prisas. Puedo entender el cabreo. Pero no puedo entender pegar a un hijo.
Cuando entras en el mundo de la crianza respetuosa, pasa como cuando te vas a comprar un coche y lo ves por todos lados, o te enteras de que estás embarazada y no haces más que ver carritos de bebé. Comienzas a ver violencia por todas partes y cosas que antes normalizabas, y no te producían nada, ahora te duelen profundamente.
Había en el vestuario una mamá desesperada. Tenía dos niños. Uno tendría cinco años y el otro dos, mas o menos. El mayor venía del agua, y la mamá estaba intentando vestirlo mientras se resistía y quería salir corriendo.
La madre no paraba de gritar: Que pares, que te estés quieto, fatal, te vas a quedar sin merendar, eres malo, me tienes harta… Solo se le oía a ella en todo el vestuario. Realmente no podía más.
El pequeño le contestaba: Tú si que eres mala mamá, fatal tú. Yo no podía dejar de mirar la escena mientras me vestía. Pensaba, ¿no se supone que llevamos a los peques a la piscina para disfrutar? Esto es una lucha. Los dos lo están pasando mal. ¿Qué necesidad?
De repente oigo unas risas. El pequeño se había escapado y se había metido bajo el agua de la ducha vestido. Un grito, dos azotes en el culo, uno a cada uno. Y los dos comienzan a llorar desconsolados.
Me quedé bloqueada. Sentí lástima. Un niño no merece que le peguen por jugar, por mojarse, por ser niño. No merece que le peguen nunca. Quise decirle a la madre que no se pega. Además de que no se puede. Pero, ¿quién soy yo para meterme en cómo educa cada uno a sus hijos?
Después en casa, dándole vueltas pensé en lo ocurrido. En qué quizá sí deberíamos meternos, igual que nos meteríamos si un hombre está pegando a una mujer. Porque sino, ¿quién los va a proteger? Y a la vez pensaba en esa madre. Que es presa de su cansancio y de su ira. Que quiere a sus hijos más que a nada en el mundo y aún así no tiene herramientas ni estrategias para hacerlo de otra forma y tiene que pegarles. Sentí lástima por ella también.
Y en ese círculo vicioso me he quedado dando vueltas, por si me vuelve a pasar. Y otra vez no sabría como actuar. No sabría si mirar al niño a los ojos y decirle que no merece que nadie le haga daño. Si mirar a la madre y decirle que entiendo lo agotador que debe ser ir a la piscina con dos niños tan pequeños. O no hacer nada porque ya se sabe, no hay que meterse en la vida de los demás.

LOS CASTIGOS

“¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien primero tenemos que hacerle sentir mal?” Jane Nelsen
Sergio tiene seis años y todos los días está castigado. Un día por pegar, otro día por desobedecer, otro día por correr. Es alumno mío desde los tres años. Siempre ha sido igual y a pesar de que lleva tres siendo castigado todos los días su comportamiento no varía. Y yo me pregunto, ¿entonces para qué le castigo? Sergio tampoco quiere ir al cole.
Castigamos a los niños porque no sabemos hacer otra cosa ante un supuesto “mal comportamiento”. Es lo que normalmente hicieron con nosotros y es lo que hace la mayoría. El niño se porta mal y creemos que si le quitamos algo que le gusta como tiempo para jugar, o le ignoramos, que es otra forma de castigo, el niño para evitarlo, no volverá a portarse mal. Pero no es tan sencillo y además está claro que no funciona, al menos a largo plazo. Y sí, tiene consecuencias.
Castigar forma parte de la corriente pedagógica del conductismo. El psicólogo Skinner descubrió que si a una rata le dabas una descarga eléctrica cuando se acercaba a un sitio, la rata se dejaba de acercar. Se extrapoló esto al comportamiento humano y se creyó que sería tan sencillo como su experimento de laboratorio. Pero no es así.
El comportamiento humano es complejo. Los niños hacen cosas, que para nosotros no son correctas, como pegar, contestar, moverse. Son cosas naturales en el niño pequeño. Pero a nosotros nos molestan y queremos que esas conductas desaparezcan. El problema es que al castigar a un niño la conducta parece que desaparece por un tiempo. El niño que está castigado no está pegando ni corriendo ni gritando. Y quizá hasta pueda controlarse por un tiempo para no volverlo a hacer. Pero no ha aprendido nada sobre no hacer daño a los demás, solo está intentando evitar el castigo. No confundamos el respeto con el miedo. 
Me explico. Si yo no mato gente no es para no ir a la cárcel. Es porque sé que no está bien. Nosotros lo que queremos es que el niño no pegue a los demás porque entienda que hace daño, no para evitar el castigo. Pero eso lo alcanzará poco a poco, gracias a su madurez y nuestro acompañamiento. Nunca gracias a los castigos. 
¿Y por qué digo que son perjudiciales? Porque hay algo que sí enseñan los castigos. Enseñan un modelo de abuso de poder en el que puedo hacer sentir mal a otra persona cuando no me gusta lo que hace. Y un mensaje para el niño: cuando hago algo mal merezco que me hagan daño.
Castigamos a los bebés cuando les regañamos porque tocan un enchufe y pretendemos que para evitar nuestro enfado el bebé no toque eso, en vez de tapar el enchufe. Castigamos a los niños en la silla de pensar, cuando en lo único que deben estar pensando es en que nos odian por hacerles eso. Castigamos a los adolescentes cuando con una mirada hacemos que se callen o no digan algo que nos molesta. Y luego cuando somos adultos seguimos castigando a nuestros amigos o a nuestra pareja retirándoles la palabra cuando nos enfadamos con ellos. Creo que no es el mejor modelo a seguir para relacionarnos con la gente que más queremos.

BULLYING

“Si un niño se “porta mal” es porque se siente mal” Rebeca Wild
Diego tiene cinco años, es de diciembre, de los pequeños de la clase, y es fan incondicional de Luis y Raúl que son de enero, tienen seis años y los líderes de la clase. Sí, en infantil ya hay líderes. Diego solo quiere hacer lo que ellos hacen y jugar a lo que ellos juegan. Pero Luis y Raúl no quieren jugar con él, le pegan, le insultan y se ríen de él porque es más pequeño. Jessica, su madre, viene a hablar conmigo, está preocupada. Hablo con la psicopedagoga del centro que me dice que hay que intentar que jueguen todos juntos, ¿se puede obligar a alguien a querer estar con alguien? Hablo con la mamá de Luis. Me dice que todo lo que le cuento que su hijo hace y dice a Diego son las cosas que a él le hace y le dice su hermano mayor. El bullying comienza en infantil y yo estoy perdida. Ah, Diego tampoco quiere ir al cole.
Diego ahora tendrá nueve años y espero que no abuse de otros niños más débiles que él ni que nadie se ría de él, le pegue o le insulte a diario.
Desde hace un tiempo la palabra bullying está en boca de todos. Los coles hacen protocolos antibullying, los padres hablan seriamente con sus hijos, y mientras algunos niños siguen sufriendo esta lacra día tras día que se lleva todos los años la vida de unos cuantos.
El acoso escolar, como la violencia machista, ha existido siempre, solo que ahora gracias a los medios lo escuchamos más. Aunque rápidamente queremos etiquetar a la víctima y al acosador, la cosa no es tan sencilla. El niño que acosa es víctima a su vez de otros y sólo está repitiendo patrones para poder sobrevivir.
Tenemos que empezar a cambiar la visión del niño que se porta mal. Un niño que se porta mal no se siente bien. El bebé que muerde a otro bebé en la escuela infantil quizá eche de menos a su madre y aún no sabe comunicarse, el niño que pega a su madre quizá está celoso de su hermano y no sabe expresarlo con palabras. El niño que acosa a otro es víctima también del sistema y está sufriendo.
Vivimos en un mundo violento y los niños reciben esa violencia de la televisión, de la calle y de nosotros. Cuando insultamos a la vecina, o al conductor del coche de al lado. Cuando les gritamos o insultamos a ellos o a nuestra pareja. Cuando nos reímos de alguien que sale en la tele. Todo lo ven y todo lo van a repetir. Los niños lo absorben todo, lo bueno y lo malo.
Detrás de un niño que hace bullying puede haber mil cosas, un padre que maltrata a su madre, un hermano que le acosa a él, una crianza muy autoritaria basada en el miedo. Al final ese niño se siente muy inseguro y necesita acosar a otros para volver a sentirse fuerte porque le han hecho sentir pequeño.

Por tanto, vamos a proteger siempre a la “víctima” , sí, pero no nos olvidemos de que el que acosa necesita también ayuda y que castigarle, regañarle, humillarle, no hará mas que hacerle sentir peor y eso empeorará el problema. Y no olvidemos que si los niños son violentos lo han aprendido de los adultos. Así que si hay un culpable aquí, somos nosotros.  

LAS MALDITAS FICHAS

“Una prueba de lo acertado de la intervención educativa es la felicidad del niño” M.Montessori

Pablo tiene tres años y unos ojos grandes preciosos. Es un niño travieso y divertido. No le interesa absolutamente nada más en la vida que jugar con sus amigos, como es lógico y normal. Su profe me dice que está muy cansada de él, porque lleva una hora delante de una ficha y no ha empezado a hacerla. ¡Una hora! Pablo está llorando. Le veo y se me parte el corazón. Me bloqueo y no se qué decir. Ya nos lo han dicho cien veces desde dirección: las fichas tienen que salir hechas. Pablo hay días que tampoco quiere ir al cole.
Ahora Pablo tendrá unos 7 años y espero que en su escuela hayan desaparecido los libros de texto, aunque sé que estoy pidiendo demasiado.
Definitivamente hemos perdido el norte. Nos estamos cargando el aprendizaje. Pensad por un momento en un niño de dos años. Los niños nacen con un instinto de querer descubrir y aprender todo, pero con cosas como esta no hacemos mas que conseguir que lo odien, que no quieran ni les interese nada relacionado con la escuela. Los niños pequeños necesitan descubrir el mundo de forma concreta, tocando, estando, experimentando, viviendo.
Las fichas, para el que lo desconozca, no dejan de ser hojas que rellenar poniendo una pegatina, uniendo dibujos o escribiendo algo. Es, entre muchas otras, una de las cosas más absurdas que me he encontrado en la escuela infantil. Realmente el que piense que un niño va a aprender lo que es grande y pequeño, poniendo una pegatina en una hoja, es que desconoce muchísimo cómo aprende un niño.

¿Conocéis a alguien que no sepa lo que es un círculo? Yo tampoco. Entonces, ¿por qué nos esforzamos tanto en que los niños aprendan cosas que de sobra van a aprender sin nosotros? ¿No será que tenemos que demostrar como maestros que estamos haciendo algo?
Muchas escuelas como a la que iba Pablo, tienen acuerdos con las editoriales que les obligan a tener libros de texto con fichas. Me gané más de una charla por permitir que los niños las hicieran rápido y muchas veces mal para poderse ir a jugar. Los padres estaban pagando esos libros y había que tomárselas en serio. Pero en mi fuero interno no podía martirizarlos con algo que sabía no solo que no les gustaba, y no servía para nada, sino que además era perjudicial para su aprendizaje. Les estaba robando el placer de aprender.
Los niños aprenden todas esas cosas que queremos enseñarles, a pesar de nosotros. Las aprenden en las conversaciones, haciendo cosas, en la vida misma. No necesitan ninguna ficha. Ellos traen todo el potencial para aprenderlas. Nos empeñamos en meter con calzador los colores, las estaciones, los animales… con canciones, juegos, bits de inteligencia… Cuanto más estrambótico mejor, como si nos fuera la vida en ello, como si no fueran a aprenderlo si no lo hacemos. Y no, no lo necesitan. Lo van a aprender. Confiemos un poco más en los niños. Les estamos tomando por inútiles.