“Para ser niños respetuosos, primero debemos ser niños respetados.”

Estamos en época de jornadas de puertas abiertas en los coles y me llegan muchas consultas sobre qué cosas mirar o preguntar a la hora de elegir un cole para vuestras niñas.

Ya escribí un post sobre esto, pero me gustaría añadir algo a aquel artículo porque me doy cuenta de que lo que cada una entiende por respeto es muy diferente y que se vende mucho humo en escuelas que supuestamente entran en la categoría de “respetuosas”.

Antes que nada, decir que hay que olvidarse de la escuela perfecta porque no existe. Y que no quiero que se entienda esto como una crítica destructiva a las escuelas que están intentando hacer las cosas de otra manera si no como una ayuda para tener claro qué es lo que nos venden y que si aun así lo elegimos (porque seguramente sea lo mejor) saber identificar el autoritarismo aunque esté disfrazado de respeto.

Y esto pasa en las escuelas y en el mundo de la crianza respetuosa en general. Consecuencias, represión emocional y frustración innecesaria que se viste de otra cosa para seguir haciendo lo de siempre. Ayer mismo leía en una página con miles de seguidores y ligada a la crianza respetuosa juegos para hacer a las niñas que consistían en frustrarlas a propósito para que aprendieran.

Luego pienso que es una página que aporta muchas cosas buenas, que es muy importante que haya gente con nombre promoviendo un cambio en la forma de ver a las niñas pero aun así ¡qué importante me parece seguir cuestionando lo que hacemos cada día, para no caer de nuevo en el adultocentrismo!

En fin, lo que quería contaros hoy era un par de experiencias que viví hace unos años en escuelas “respetuosas”. Que pueden parecer insignificantes pero para mi demostraban mucho de su mirada hacia la infancia.

La primera fue el primer día que salí al patio con las peques. Había una niña que sin conocerme de nada me pedía brazos. La cogí y eso me permitía perfectamente acompañar al resto, ya que no había en ese momento conflictos ni nadie más me necesitaba y había muchas adultas. Se acercaron a mi y me dijeron que la bajara. Que si no, podía estar todo el recreo en mis brazos.

La segunda fue un clásico. Salimos al patio y había una peque que no quería ponerse el abrigo. Le dije que se lo dejaba en la puerta por si lo quería más tarde. Me dijeron que eso no era posible. Que el abrigo se lo tenía que poner sí o sí.

Pueden parecer cosas más o menos graves. Para mi, en su momento me parecieron definitivas y después de intentar dar mis argumentos y de no quererme escuchar, no acepté el trabajo (por suerte tenía opciones), porque entiendo que a veces las escuelas están limitadas y no puedes ser todo lo respetuosa que te gustaría y que hay cosas que no puedes hacer, pero hay muchas que sí y esas eran dos de ellas.

Después de esa experiencia, estuve en dos escuelas tradicionales. De una me echaron por no poner límites a las niñas. De otra me fuí yo llorando porque la violencia que se ejercía era insoportable. Y soy consciente de que hablo desde el privilegio de quien puede elegir, pero hay cosas que a día de hoy y cada vez más se me hacen intolerables.

En definitiva, que lo que os venía hoy a decir es que si lo que le vas a hacer a una niña: obligarla a ponerse el abrigo, no atender su necesidad de contacto, un juego que le hará llorar, no te gustaría que te lo hicieran a ti, será cualquier cosa, pero respeto no es.

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