Categoría: Personal

MIS LIBROS

“No importa lo ocupado que piensas que estás, debes encontrar tiempo para leer o entregarte a una ignorancia que tú mismo has elegido.” Confucio

Me encanta leer. He sido “devoralibros” desde bien pequeña. Cuando ya era tarde y mi madre venía a decirme que apagara la luz, al darse la vuelta, yo volvía a encenderla para seguir leyendo.

Ahora tengo poco tiempo y leo mucho menos de lo que me gustaría. También leo mucho en el móvil, artículos, blogs… pero no es lo mismo. Hago el esfuerzo de dejar eso de lado y leer libros, en papel si puede ser.

Me habéis pedido muchas veces que escribiera un post con recomendaciones de libros y aquí está. He leído muchísimo sobre crianza y educación porque me apasiona, porque siempre quiero saber más y acumulo una gran lista de libros por leer sobre el tema que nunca acaba y no sé cuanto tiempo hace que no leo una novela. En fin aquí van algunos libros que he leído separados por temas y una pequeña opinión. Espero que os sirva.

Los primeros libros que leí cuando empecé en este mundo fueron sobre todo de crianza. Leí a Carlos González, Rosa Jové, Aletha Solter… son libros sencillos, básicos sobre crianza que en su día me encantaron pero ahora mismo a lo mejor no recomendaría quizá por eso mismo y por que tienen cosas que no me parecen del todo respetuosas. A pesar de eso el de lactancia de Carlos gonzález o Dormir sin lágrimas de Rosa me parece que están bien. Años después he leído ¡Dulces sueños! un libro muy completo sobre sueño infantil pero que me resulto muy largo y tedioso con muchoos datos. Creo que hay libros de crianza más completos y que encajan más con mi forma de pensar como los dos de los que siempre hablo de Yolanda González Amar sin miedo a malcriar y Educar sin miedo a escuchar. Completísimos. De crianza tambien leí y estos sí recomiendo mucho: El concepto del continuum y El bebé es un mamífero. Crianza incondicional de Alfie Kohn también está bien. El cerebro del niño no me gustó. Tampoco el famoso libro: Como hablar para que los niños escuchen o el de Comunicación no violenta. Estos dos últimos no por el contenido que creo que es bueno, sino porque son libros que una vez leídos sin un trabajo posterior se quedan en nada, se olvida. Me parece que no se interioriza y se cambia la manera de hablar solo con el libro.

Sobre parto y lactancia recomiendo Parir de Ibone Olza, Pariremos con placer de Casilda Rodrigañez, Parir sin miedo de Consuelo Ruiz y Somos la leche de Alba Padró. De alimentación y BLW, Aprender a comer solo y Sin dientes y a bocados.

Recomiendo muchísmo todos los libros de Alice Miller, duros pero necesarios para entender sobre las consecuencias del autoritarismo.

Sobre pedagogías he leído también mucho. De Waldorf no os recomiendo nada aunque tengan alguna cosa interesante en general no me gusta, aquí escribí sobre ello. El famoso libro Educar en el asombro no lo recuerdo que me marcara especialmente, tampoco me aportó el último de Rosa Jové: “La escuela más feliz” no me gustó La nueva educación de César Bona ni el de Disciplina Positiva de Jane Nelsen, aquí hablé sobre el tema. Recomiendo mucho a Rebeca Wild y soprendentemente a lo mejor para algunos a María montessori. Leí todos sus libros en su día, los devoré, me encantaron y auqnue no soy fan del método, también escribí sobre ello, me parecen libros interesantes, fáciles de leer para ser de hace cien años y que aportan mucho. Recomiendo especialmente El secreto de la infancia y La mente Absorbente. El libro de Moverse en libertad de Emmi Pikler no es que sea un libro que dijera ¡me ha encantado! pero los fundamentos sí, lo recomiendo para educadoras infantiles y si no es con el libro, leer sobre ello por ahí, es muy muy interesante. Las leyes naturales del niño, lo veo guay por ejemplo si trabajas en la pública y tienes poca libertad de actuación y quieres montessorizar el espacio. Sobre pedagogía libertaria, muy recomendables estos dos: Dejadnos aprender de Txelu y Nada por sentado de Miguel Flores.

Sobre desescolarización me han encantado El fracaso de la escuela, de John Holt y Yo nunca fui a la escuela, de Andre Stern. los recomiendo muchísimo. Ahora mismo estoy con Aprender en libertad de Peter Gray y me está encantando también.

Hasta aquí mis recomendaciones, ya tenéis para haceros una lista también. ¿Y vosotras, que me recomendáis a mi?

OS RECUERDO QUE EL 26 DE ESTE MES ESTARÉ EN LA RIOJA, EN ALFARO, CON EL TALLER NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. EDUCANDO SIN PREMIOS, CASTIGOS NI CONSECUENCIAS. EL 23 DE NOVIEMBRE EN MADRID Y EL 30 EN BARCELONA.

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SER MAESTRA DE INFANTIL

Hoy se ha convocado una huelga de educadores infantiles por un convenio justo. Las condiciones laborales de una educadora infantil son indignantes. Los sueldos no llegan a los 900 euros, las ratios son altísimas para dar una correcta atención a los más pequeños y para estar bien física y emocionalmente y la mayoría trabajan gratis muchas horas extra cada día.

Voy a aprovechar la ocasión para contaros mi experiencia trabajando de maestra de infantil en una escuela privada. Ya os conté en este post algunas cosas que me hicieron dejar la escuela infantil tradicional pero hoy quiero contaros algunas más sobre las condiciones en las que trabajaba.

Como sabéis los que me leéis desde hace tiempo no estoy a favor de que pongan escuelas gratuitas desde los cuatro meses, porque creo que ese dinero debería ir a las bajas de maternidad. También sabéis que creo que los niños pequeños donde mejor están es en casa y no en instituciones y que por eso mi hija no va a la escuela. Pero eso no tiene nada que ver con la realidad que existe, de que hay familias que no tienen otra opción y de que las educadoras se dejan la piel cada día para que sus niños estén bien a pesar de tener unas condiciones laborales deprimentes.

Las ratios de España en la etapa 0-3 son inhumanas. Cualquier persona que ha estado con un bebé sabe lo duro que es y la demanda que exige cuidarlo. ¿Os imagináis con 8? Efectivamente están desatendidos. Sobre todo emocionalmente. Porque es imposible atender las demandas de ocho bebés una sola persona.

Yo tenía 29 niños de 4 años. Y no, tampoco podía atenderlos emocionalmente a todos. Ni prevenir conflictos, ni dar a cada uno lo que necesitaba. Al estrés que esto supone se sumaban los padres que (entiendo su posición) venían después enfadados porque a su hijo le habían mordido o es que se había caído en el patio y no lo habías visto.

Como el sistema está como está, se sumaba también el papeleo que te exigen tener al día y como a los niños hay que dirigirlos en su aprendizaje todo el tiempo, también programar actividades, propuestas y un montón de cosas que si cambiáramos la mirada y les dejáramos jugar libremente nos ahorraríamos y podríamos así centrarnos más en ellos.

Pero es que lo peor de todo lo anterior es que en la gran mayoría de escuelas, todo esto se hace fuera del horario de trabajo. Y gratis claro. Yo hacía: tutorías con los padres, reuniones de ciclo, de etapa, de nivel, cursos de formación, papeleo, preparación de material, decoraciones (que ni siquiera nos dejaban guardar de un año para otro, nos hacían tirarlas), preparación de fiestas, notas… en mis tardes. Había semanas que todas las tardes terminaba a las 8 y a veces incluso hacía cosas en el descanso de la comida.

Cuando la escuela lo necesitaba era obligatorio hacer horas extras por la mañana o por la tarde. Y más de un sábado y de dos también tenías que ir a pasar el día gratis en alguna actividad.

Esta es la realidad que se vive en muchas escuelas infantiles. Muchas contratando maestras de infantil pero pagándolas como educadoras, por debajo de su nivel profesioal. (Siendo una verguenza hacerlo y pagar a las educadoras lo que se les paga).

Yo en definitiva tuve suerte. Me escribe mucha gente contándome sus experiencias de estrés, ansiedad… muchas acaban abandonando su vocación por esta razón pero muchas aunque quieren no pueden. Por todo esto hoy quería dar todo mi apoyo a la HUELGA DE EDUCADORES INFANTILES.

¡YA TENEMOS ESPACIO PARA EL PRÓXIMO TALLER EN VALENCIA! SERÁ EN LA ESCUELA INFANTIL MI KITA. EL 22 DE JUNIO DE 10:30 A 13:30 HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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41+5

“Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer.” Michel Odent

Creo que no me olvidaré de esa cifra nunca. De 41 semanas y cinco días estaba cuando me provocaron el parto.

Hace unos días, en Oviedo, una mujer era llevada a la fuerza por la policía al hospital para inducirle un parto en contra de su voluntad porque estaba de 42 semanas de embarazo. Los medios, bastante desinformados por cierto, han hecho de la noticia un circo y a mi me ha revuelto las tripas y traído malos recuerdos. Casi dos años después me dispongo a contar mi parto.

Si había algo que me atormentaba durante el embarazo, era justo lo que ocurrió. Pasarme de la semana 41 y que me tuvieran que inducir el parto. Tenía mi plan preparado de hace tiempo. Quería un parto lo más natural posible, no por hippie, no por moda, no porque me creía más fuerte que nadie (como mucha gente cree), simplemente porque es lo mejor para la madre y para el bebé, a todos los niveles. Esto no es una opinión, son las recomendaciones de la OMS.

Sabía que si me pasaba de fecha todo mi plan se iría al carajo. Los partos inducidos suelen ser partos complicados que llevan incluídos lo que se conoce como “cascada de intervenciones”, porque una lleva a la otra. Yo me las llevé casi todas, prostaglandinas que me provocaron horas de contracciones pero no hicieron que dilatara absolutamente nada, maniobra de Hamilton (tengo que agradecer que me consultaran, se hace muchas veces sin consentimiento), rotura de bolsa para ver si se aceleraba algo, oxitocina sintética que provoca unas contracciones inaguantables que hicieron que tuviera que ponerme la epidural, lo que conllevó a que no pudiera moverme, que hizo que tuviera que permanecer en la postura clásica y “antinatural” que hace que al bebé le cueste más salir, lo que hizo que junto a mi cansancio extremo después de 24 horas de sufrimiento finalmente tuviera que venir una ginecóloga con una ventosa a sacar a Mia. Me faltó la cesárea para el completo.

Todo esto ocurrió porque yo estaba de 41 semanas y 5 días y no se podía esperar más. Eran las recomendaciones “oficiales”, en el hospital me dieron un folleto horrible que no te daba pie a dudar, según ellos era peligrosísimo esperar un día más. Había acudido con 41+3 y ya querían inducirme, les pedí dos días más para ver si conseguía ponerme de parto pero esto no ocurrió y no tuve otra opción.

Hoy sé que podía haber esperado más sin aumentar los riesgos. Hoy tengo información más actualizada y me da pena no haber podido tener el parto que quería y haber tenido que pasar lo que pasé debido al miedo. Si hoy estuviera de 41+5 quizá me hubiera vuelto a mi casa a seguir esperando y quién sabe si hubiera venido la policía a buscarme. Aunque creo que lo más seguro es que no, ¿sabéis por qué?, porque yo no había decidido parir en casa, como en el caso de la mujer de Oviedo.

Por cierto, parir en casa es legal, es un derecho, es seguro y no tiene más riesgos que hacerlo en un hospital. #NosotrasParimosNosotrasDecidimos

YA TENGO FECHA PARA EL PRÓXIMO TALLER EN VALENCIA. SERÁ EL SÁBADO 22 DE JUNIO. HABLARÉ DE EDUCAR SIN PREMIOS Y CASTIGOS, DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR FACEBOOK, INSTAGRAM O POR MAIL.

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NO SOY UNA MADRE PERFECTA

Con esto de las redes sociales ocurre una cosa. Que como normalmente mostramos nuestra mejor cara, lo bonito, lo divertido… y en mi caso además como se trata de un blog en el que se critica mucho todas esas cosas que los adultos hacemos mal con los niños, podría parecer que yo nunca me equivoco, que soy una madre perfecta. Pero nada más lejos de la realidad. Ni lo soy ni lo quiero ser.

Desde que nació Mia me he equivocado muchas veces. En cosas más y menos importantes. He cambiado mi opinión respecto a otras. He dicho que iba a hacer una cosa y he acabado haciendo otra. Y sé que me equivocaré muchísimas veces más. Porque somos personas, con nuestras mochilas y nuestra realidad y hacemos lo que podemos con lo que tenemos, (aunque esto no debería ser excusa para no querer mejorar). Igual que los niños, nosotros también estamos aprendiendo, en este caso a ser padres y aprender siempre implica cometer errores.

Cada vez que me equivoco tengo una oportunidad para mostrarle a mi hija que no hay que ser perfecta, que uno se puede equivocar y que está bien pedir perdón. El error debería servirnos para ser mejores y no para quedarnos anclados en él. Porque si hay algo con lo que cargamos los padres, las madres sobre todo, es con la culpa. A los niños les regañamos cuando se equivocan y solemos hacer lo mismo con nosotros mismos.

Hagas lo que hagas te sentirás culpable. Pero la culpa es un sentimiento muy malo que no aporta nada. No podemos volver atrás a reparar lo hecho. Lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre como puedo hacerlo mejor la próxima vez.

Una noche cuando Mia tenía unos tres meses, estaba agotada, llevaba una hora en la teta y me dolían muchísimo los pezones. Le puse un chupete y me sentí culpable. Yo, que sabía que podía interferir en la lactancia, que podía ser perjudicial, que sabía que no lo necesitaba y que había dicho muchas veces que no se lo pondría.

Cuando tenía un año le puse el móvil en el coche para los viajes porque no podía ir sola a ninguna parte con ella porque lloraba todo el camino. Me sentí culpable también. Yo, que me había dicho a mí misma que hasta los dos años no se acercaría a una pantalla.

Hoy miro aquello con perspectiva y lo que me parecía horrible hoy me parece que no tiene ninguna importancia. Entiendo por qué lo hice y eso es lo que importa.

Me he encontrado muchas veces diciendo cosas y repitiendo frases las cuales luego critico en numerosas ocasiones. Tenemos algunas cosas tan interiorizadas que se nos escapan y nos salen automáticamente si no lo pensamos mucho. Es normal y darse cuenta es el primer paso.

Hay momentos que no la he hablado o tratado como me gustaría, a veces no he estado todo lo presente que debería o no la he respondido todo lo rápido que necesitaba. Soy consciente de que la razón de que esto ocurriese era el cansancio, el sueño, la soledad…

Criamos en soledad, (una pareja también es criar en soledad). Porque ocuparse de un niño, o de varios, de una casa, de un trabajo sin tribu, es demasiado para una o dos personas. Criar de esta manera hace que a veces nos veamos desbordados y lamentablemente esto lo pagan los más indefensos. Los niños.

Tener esto presente es importante para tomar medidas. Si yo sé que anoche me enfadé con ella porque no se dormía porque en realidad yo estaba muy cansada, igual puedo acostarme antes y así estaré mejor al día siguiente. Si yo sé que la obligué a la fuerza a sentarse en la silla del coche porque llegábamos tarde a algún sitio, igual puedo salir con más tiempo la próxima vez y así ir más tranquilas.

Se trata de no caer en la culpa sino de utilizar esos “errores” para aprender y hacerlo mejor la próxima vez. Evidentemente que a veces no podremos descansar más tiempo, tener un relevo o salir antes de casa, pero solo el hecho de saber por qué actuamos como actuamos con ellos, es un gran paso.

Porque lo grave no está en lo que he hecho mal con el niño sino en pensar que le he regañado porque es que no para, que le he he gritado porque es un desobediente o que le he obligado a hacer algo por su bien. Solo el hecho de saber que lo que ha ocurrido es por cómo estás tú y no por lo que ha hecho el niño te coloca en una posición diferente desde la cual puedes decirle al niño: Siento haberte tratatado así. Y eso, es una de entre un millón de formas de ser una buena madre.

OS RECUERDO QUE EL 27 DE ABRIL HAY TALLER DE NORMAS, LÍMITES Y LIBERTAD EN LEGANÉS, TENÉIS TODA LA INFO EN FACEBOOK, INSTAGRAM Y EN LA WEB. PARA APUNTAROS PODÉIS PONEROS EN CONTACTO CONMIGO POR CUALQUIERA DE LAS TRES VÍAS. LAS PLAZAS SON LIMITADAS.

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“HIJITIS”

“Me pregunto si podremos dejar de usar la palabra “mamitis” para describir de manera enferma a niños emocionalmente sanos.” Candelaria Aguado

Hoy quería contaros algo de lo que apenas se habla en maternidad. Hay muchos tabués alrededor de la crianza, muchas cosas que nadie dice y muchas otras que están equivocadas.

Mia ha cumplido recientemente 18 meses. Una edad clave respecto a la separación de la madre. Biológicamente es cuando el bebé empieza a formar vínculos fuertes con otros y a separarse poquito a poco de mamá. (Es un proceso, que nadie piense que el día que los cumple ya no quiere saber nada de su madre).

Pero casualmente ha sido cuando yo también he sentido la necesidad de separarme de ella y he sentido que estaba preparada. La naturaleza es que es muy sabia. Sé que hay mamás a las que les pasa antes y a otras a las que les pasa después. Yo solo os cuento mi experiencia.

Decía que hay cosas en la maternidad de las que no se habla. Y la “hijitis” es una de ellas. Igual que la “mamitis”, la “hijitis” es sana y natural, aunque la sociedad nos haga creer lo contrario, juzgando ambas como algo malo y enfermizo.

El bebé viene preparado para estar con su mamá y obviamente es dependiente. Pero es que la mamá también viene preparada para estar con su cría. No es más que la naturaleza haciendo su trabajo. Es supervivencia. A nadie se le ocurriría decir que un cachorro de perro tiene “mamitis” y que su mamá perra tiene “hijitis”.

Obviamente que no es lo mismo con cuatro meses que con un año. Como digo, es un proceso. Los primeros meses a mi me generaba ansiedad el solo hecho de salir de casa a algún sitio sin ella. Poco a poco esos tiempos han sido más largos y aunque pensaba que nunca llegaría el momento, ahora puedo irme una tarde con amigas sabiendo que ella y yo estaremos bien.

Las mamás a través del parto y la lactancia, generamos hormonas que nos hacen querer estar con nuestros bebés. No es casual las madres que se despiden llorando cuando los dejan en la escuela infantil, que están en sus trabajos deseando que llegue el momento de volverles a ver, que aunque están cansadas y necesitan separarse por momentos de las criaturas, al rato las echan de menos. Las necesitan.

Pero esto no se dice. No está bien visto. Tienes que salir, rehacer tu vida. Le vas a malacostumbrar, le estás malcriando, tienes que hacer cosas en pareja sin niños, tienes que volver a trabajar, tienes que dejarle que esté con otros. Existe una presión con esto. A quien le apetezca hacerlo, estupendo, yo no juzgo a nadie. Lo entiendo además, criar en soledad como criamos es abrumador. Pero no es para lo que estamos preparadas, ni mamás ni bebés. Una cosa es querer y otra que te lo impongan.

Obviando esta realidad, pasan cosas como lo de los permisos iguales e intransferibles. porque se está dejando de lado que madre y padre no son lo mismo, ni física ni emocionalmente después de un parto.

Las mamás recibimos presión por todos lados. Dale teta, pero no más de seis meses. Tienes que ser madre, pero en cuanto lo seas, tienes que separarte del niño. ¿A qué se le tiene tanto miedo? ¿Quizá al sistema no le interesa niños emocionalemente sanos?

Como he explicado otras veces, la dependencia bien respondida es lo que dará lugar a la independencia en un futuro, al contrario de lo que se piensa. Un niño con “mamitis” necesita una madre con “hijitis” para vincularse bien y desde ese entorno seguro podrá el día de mañana independizarse mejor.

MI EXPERIENCIA EDUCATIVA

“Since I was a child I had to interrupt my education to go to school.” George Bernard Shaw
Today I want to tell you about my experience in the educational system, how I lived it and how I remember it. The truth is that in general I was a lucky girl, for several reasons, but I still regret losing so much of my life sitting in a chair.

The first reason is that I did not go to school until I was three years old , and yes, that’s great luck. Although I could not be with Mom and Dad, which would have been ideal, I could be at home with a person for me, who could give me their full attention.
I was lucky also because when I entered the nursery school, at that time, we practically played all day, everything was much more playful, there were not so many rules , so much discipline, nor chips , nor directed activities.

I was lucky because when I entered elementary school and started school, I was a girl who enjoyed classes, I loved reading, I liked to learn, I wanted September to come, the traditional method used was good for me, at least the first years , but I know and being realistic, I know that it was not like that for everyone, most of the classmates did not want to go, they did not enjoy it.
This lasted a couple of years, in the third year of primary school the homework already took me a long time and I hated it. I did not always do them, I looked for ways to do them at recess or copy them from someone in a hole. But despite not doing them, they generated horrible pressure.

When we traveled to visit my family in Argentina at Christmas, as we were leaving for a month, they sent me an awful lot of work to do. I did not do it all, my parents did not oblige me either, but I was there, I knew I had to do it and it anguished me. I had to enjoy holidays and people but the happy duties did not allow me to disconnect.

Course to course the thing was getting boring and increasingly difficult, but as I said I was lucky, because I have a good memory, and that, in the system we have a lot of help. I was studying the day before, memorizing like a parrot, and letting go of the exam so that I would never remember anything of that again.

High school was spent inventing a thousand ways to entertain me in class and survive the dead hours in which teachers read the textbook. We sent notes with friends, made drawings, wrote songs, letters, anything was more entertaining than listening to the teacher. I went from feeling overwhelmed and bored to feeling cheated and angry. I did not want to waste my time studying things that I knew I was going to forget so I invented a thousand ways to pass the exams without doing it. I’m not proud of it but I’m not ashamed either. I survived.

Mathematics, which I did not study and I just liked, nailed them and I did not mind passing my exam to the one next to me to get a ten like me. For some that is cheating, I saw it as helping my friends, but the system as we know it wants us competitive non-cooperative .

Luckily again, in college I was able to study the career I wanted. I had good teachers, I enjoyed some classes, I wanted to go to several (I also spent a lot of time in the cafeteria learning things that are also very valuable for life) and I remember it with love. But I also had many hours lost sitting in a desk. I perfected my strategies to entertain myself and I printed literature books that I liked on paper sheets, so they looked like notes and I read hours and hours during many classes.

I was never an outstanding girl. I got tired of listening to my teachers say that if I tried harder I could be excellent. I did not want to try harder or be excellent. I wanted to play and be with my friends. I was satisfied with a 5. As I said, I was lucky because my parents did not ask me much more either. 

When I finished college and until today, I’m still studying. This time on my own I have read about what has interested me, I have taken courses that I wanted to do, I have gone to talks, I have researched, I have shared with other people and I have been able to put it into practice. These last years have been a real learning, real, productive, motivating, fun, meaningful, useful and have made me discover that this is the only way to learn something well, from passion, interest and desire. Everything else is not learning, it’s something else. And you? How has your experience been?

 

MIS PADRES

“Hay dos regalos que podemos dar a los hijos: raíces para crecer y alas para volar.”

Hoy cumpl0 30 años. Hace 30 años mis padres también tenían 30 y me tuvieron a mi. Yo siempre dije que quería ser mamá antes de los 30 y aquí estoy, intentándolo hacer tan bien como ellos, que sin haber leído ni un solo libro sobre crianza, sin saber ni la mitad de lo que yo se, lo hicieron realmente bien y son todo un ejemplo para mi.
Mis padres nunca se burlaron de mi, porque llorara o porque tuviera miedo. Nunca me humillaron ni me insultaron ni me hicieron sentir menos.
Mis padres nunca usaron el chantaje para conseguir que me portara bien. Nunca me etiquetaron como niña buena o niña mala.
Mis padres no usaban el castigo para corregir los comportamientos, hablaban conmigo y me explicaban las cosas.
Mis padres no le daban mucha importancia a las notas, no me premiaban ni me regañaban por eso, tampoco me exigían de más ni me agobiaban con los deberes.
Mis padres nunca me obligaron a hacer una actividad extraescolar, me dejaban elegir lo que me gustaba, me daban muchas opciones y si no quería dejaban que no fuera.
Mis padres me dejaron siempre mucha libertad, más de la que se solía dejar, no eran rígidos con la hora de volver a casa y confiaban en que fuera sola al médico o a comprar.
Mis padres han sido la llave que me ha hecho descubrir el mundo. Me han acercado al buen cine, a la buena música y me han contagiado el gusto por leer.
Mis padres han sido un ejemplo de la importancia de tener amigos y cuidarlos. De ser generoso con los demás.
Mis padres me han hecho sentir que el mundo es un lugar seguro y agradezco por eso no ser una persona desconfiada y miedosa.
Mis padres me han dejado siempre ser quien yo quería ser, en todos los aspectos y apoyándome en todas las decisiones.
Mis padres nunca me han dicho como tenía que vestir, como tenía que ser, me han aceptado tal y como soy sin querer cambiarme.
Mis padres han sido y son mis amigos, con los que nunca ha habido tabúes y he podido hablar de todo. Porque creo que la gente que dice que no se puede ser amigo de los padres es porque ellos no lo son.
Por todo esto me siento una afortunada. Se suele decir que uno está orgulloso de sus hijos, yo lo estoy de mis padres. Espero estar a su altura.
Gracias.

UNA CRÍTICA A LA PEDAGOGÍA WALDORF

“Cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionarle que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta.” G. K. Chesterton
Hace ya unos meses que escribí el post : Yo tampoco quería ir al cole. En él os contaba por qué dejé la escuela tradicional y os prometí que os contaría la segunda parte de la historia, de cómo llegué a las pedagogías alternativas y lo que pasó después.
Pues bien, por el mes de abril de aquel año dejé aquella escuela y aunque en un principio quise dejar también la profesión, alguien más listo me dijo: ¿Por qué no buscas algo diferente? A ti te gusta ser maestra, lo que no te gusta son las formas. Existen otros métodos. Investiga.
Y eso hice. En septiembre comenzaba un máster de pedagogía Waldorf. Sonaba todo muy bien. Muy diferente a lo que yo conocía. Supuestamente más respetuoso. Era lo que yo buscaba y me inscribí.
Los primeros meses estaba fascinada. Visitamos la escuela y era preciosa. No había fichas, no había gritos, no había juguetes de plástico sino materiales de madera, casitas y toboganes dentro del aula. Me emocionaba de verdad al darme cuenta que había otra forma de educar que encajaba mucho más conmigo.
Pasó el tiempo y empezaba a descubrir que aunque el método tenía algunas cosas buenas no era perfecto. Nos hablaron de cómo era primaria en sus escuelas. Y aunque es cierto que no usaban libros de texto, sino que los creaban ellos, no dejaban de ser aulas en las que los alumnos estaban sentados mirando al maestro que es el que explicaba la lección. A través de cuentos, todo muy creativo y espiritual pero era el mismo perro con distinto collar. Los niños no dirigían su propio aprendizaje, seguía viniendo de fuera con un currículum inflexible y con nada de margen de improvisación. Había estado investigando en esa época sobre escuelas libres y sabía que existían modelos mucho más respetuosos con el niño y en los que de verdad eran ellos los que aprendían cada uno a su ritmo y en base a sus intereses.
En infantil, que era la formación en concreto que yo estaba estudiando todo era muchísimo más libre, es cierto. Los niños no tenían acceso a ninguna noción matemática, ni de escritura ni lectura durante esa etapa hasta los seis años. El día se basaba en el juego libre dentro y fuera del aula y en algunas propuestas de actividades como hacer pan, pintar, leer cuentos, cantar. Hasta ahí bien, hasta que llegaron las prácticas.
Durante el período de prácticas pude desencantarme del todo con el método. Veía repetidas las cosas de las que venía huyendo en la escuela tradicional, solo que ahora eran más sutiles. Castigos disfrazados de consecuencias, imposición a realizar actividades, rigidez ante los temas a tratar (solo se podían leer los cuentos tradicionales, cantar canciones de un solo tipo, usar ciertos colores para pintar y aunque un niño se mostrara interesado por los números, se le negaba el acceso a ese conocimiento). Todo esto bañado de una fantasía, llena de hadas, gnomos y príncipes que acabó por espantarme del todo y hacerme terminar el curso con una sensación amarga de que no me había servido casi para nada.
Por suerte, una compañera que estaba viviendo la experiencia de la misma forma que yo, me habló de un método que me iba a encantar y que nada tenía que ver con Waldorf. Montessori. Me apunté a un curso de iniciación de un fin de semana y muy rápido entendí que ese sí era mi sitio. Pero esa es otra historia y ya os la cuento otro día…

YO TAMPOCO QUERÍA IR AL COLE

“No puedo enseñar así por más tiempo. Si os enteráis de algún trabajo en el que no tenga que hacer daño a los niños para ganarme la vida, hacédmelo saber.” John Taylor Gatto
Rocío tiene 20 años, acaba de terminar la carrera y no puede creerse que va a empezar a trabajar en un cole de infantil como tutora. Es su sueño. Tiene mil ideas y está emocionada, pero cuando lleva un mes allí ya no está tan contenta y no entiende por qué. Pasan los meses y cada vez tiene menos ilusión. A pesar de que los niños la adoran, ella no está bien. Se siente estresada, cansada, ha empezado a tener problemas con las compañeras, con la jefa y a tener crisis de ansiedad. La gente le dice que es normal, que ya se acostumbrará. Aguanta allí tres años hasta que un día no puede más y decide dejar atrás el que creía su sueño y no volver más. Rocío tampoco quería ir al cole.
A pesar de que la carrera de magisterio deja mucho que desear y de que está anticuada en metodologías y demás formas de hacer, creo que todas salimos de allí con ilusión y ganas de cambiar las cosas, de por fin tener un aula con niños y disfrutar de la profesión. Pero somos muchas las que nos damos de bruces con la realidad de un sistema educativo que deja poco margen de actuación, que tiene muchas trabas y que nos pone muchas zancadillas para disfrutar de verdad de estar con los niños.
Esta es mi experiencia y cada una tendrá la suya, pero me consta que muchas cosas se están haciendo mal en muchos sitios. Que no era la única que lo estaba pasando mal. Que hay mucha gente que quiere huir de las escuelas infantiles y mucha que no puede.
29 niños de 4 años en muy pocos metros cuadrados es muy estresante. Tienes varias opciones: coges el rol de sargento, los tienes firmes y callados para que no se te descontrolen, o tomas el rol de animadora que tanto me disgusta, de estar cantando y haciendo teatro todo el día para que estén entretenidos y tampoco se te descontrolen. Y luego está la opción 3, que fue la que acabó conmigo y me trajo problemas. Dejar que se descontrolen, que jueguen, que salten, que se peleen, que hagan trenes con las sillas, castillos con las mesas, que no vayan en fila, que coman lo que quieran… Eso sí, las tres son agotadoras por igual, aunque unas mejores que otras.
Lo peor era bajar a la piscina. Todos los días me decían que nos iban a poner un ayudante, pero acabó el curso y nunca vino. Bajaba con los 29, los desvestía, se bañaban y luego tenía que vestirlos a todos, en media hora, con el calor del vestuario, mientras camisetas y calcetines volaban por los aires y se mezclaban unos con otros. Todo esto rezando para que la camiseta que le había puesto a Berta, fuera la de Berta y no la de Juan, porque sino al día siguiente tendría bronca de su madre. Como aquel día que Luis se fue con los zapatos cambiados, el derecho en el izquierdo y recibí una nota diciendo que era inadmisible lo que había ocurrido y que no me iban a consentir que volviera a pasar.
Bueno miento, lo peor no era eso. Lo peor era la violencia y lo peor es cuando la normalizas. Porque gritar es violencia, zarandear es violencia, meter una cuchara en la boca a la fuerza es violencia, humillar es violencia, dar en la boca a un bebé por morder es violencia, insultar es violencia, tener a un niño castigado sin moverse es violencia. Y hubo un día en que vi claro que o me iba o acabaría convirtiéndome en esas personas que me horrorizaban tanto cuando pisé el cole por primera vez. 

Por suerte elegí lo primero y a esas personas en realidad les debería dar las gracias, me enseñaron aunque quizá no de la mejor forma, el tipo de maestra a la que nunca me gustaría parecerme. Salí de allí pensando que mi carrera como maestra había terminado, no quería saber nada más de coles y niños. Pero todo en la vida pasa por algo y siempre digo que si no hubiera estado allí, hoy no estaría aquí. Porque no, no dejé la educación, sino que descubrí un mundo nuevo llamado pedagogías alternativas, con sus luces y sus sombras, pero que me cambió la vida, sí, suena grande, pero es verdad. Pero eso es otra historia y ya os lo cuento otro día…

NO QUIERO OLVIDARLO

Dice la abuela que ya no se acuerda de si yo gatee, que no sabe exactamente cuando me salió el primer diente ni el pelo, que esas cosas se olvidan. Pero yo no quiero olvidarlo.

No quiero olvidar ese olor a recién nacida que me embriagaba y que creo que solo olía yo y hacía que no pudiese parar de olerte.

No quiero olvidar tu primer baño en casa, que te debió relajar mucho porque te hiciste caca dentro de la bañera.

No quiero olvidar mis miedos, mis inseguridades, mis agobios de madre, por si respirabas, por si llorabas, por si estabas bien.

No quiero olvidar que he llorado, de cansancio, de sueño, de alegría y felicidad.

No quiero olvidar todas tus siestas sobre mí. Porque si no eran así, no dormías y a mí me sabían a gloria.

No quiero olvidar tus primeras sonrisas, esas que te agrandan el corazón.

No quiero olvidarme de aquel día en que enganchada a la teta, te reías a carcajadas, con lo que te cuesta ti reírte así.

No quiero olvidarlo, que eres una bebé muy seria y que por eso cuando te ríes es tan especial.

No quiero olvidar el día que te diste la vuelta por primera vez mientras yo tendía la ropa y al girarme vi que estabas boca abajo y la rabia que me dio habérmelo perdido.

No quiero olvidar el primer día que te dimos un trozo de pan, y todos los demás en que te has echado yogur por el pelo y lanzado lentejas por los aires.

No quiero olvidar esas primeras palabras tuyas sin significado (acagua, embé…) que para mí lo significan todo.

No quiero olvidar esa sonrisilla de abuelita, esos morritos y payasadas que te gusta hacer.

No quiero olvidar que a los nueve meses gateaste, a los diez subiste las escaleras de la abuela y a los once te salieron tus primeros dos diente y te quedaste de pie por primera vez.

Y que con un año, todavía apenas tienes pelo.

No quiero olvidar nada de esto. Y como no quiero olvidarlo, lo escribo.

¡FELIZ PRIMER CUMPLEAÑOS MI AMOR! TE QUIERO