“Cuantas menos cosas haga un juguete, más cosas hará la mente del niño.”

Se acerca la Navidad y los Reyes y me preguntáis mucho por el tema de los juguetes. Ya escribí hace tiempo sobre los juguetes para bebés, podeís leerlo aquí. Básicamente decía que no los necesitan y que incluso pueden tener inconvenientes. Ahora vengo a contaros qué otros juguetes podéis ahorraros y cuáles creo que merecen más la pena.

Es difícil no caer en el consumismo y comprar juguetes pero podemos intentar comprar menos, de materiales naturales, de segunda mano o juguetes que vayan a usar mucho. Y eso último es de lo que quería hablar. De esos juguetes que compramos porque nos gustan, porque son “educativos”, porque es lo típico, porque son bonitos… que son los juguetes estructurados del estilo: puzzles, encajables y todos aquellos que solo tienen una opción. Sí, el material Montessori también lo es y está muerto de risa en muchas casas (que estas cosas no siempre se cuentan).

Este tipo de juguetes no es que me parezcan malos ni mucho menos, son interesantes, pueden ser divertidos y entretenidos. A lo que voy es a que tienen una vida muy corta y creo que no merece la pena su inversión. Son juguetes de los que las niñas se cansan rápido, el tiempo que pasan con ellos es muy corto, no dan mucho juego y se quedan abandonados en una estantería muy pronto.

En una escuela donde van a ser usados por muchas niñas puede tener más sentido, aunque me consta que no son los juguetes más usados allí tampoco. Pero en casa no tendría muchos juguetes de este tipo. Son mucho más interesantes los juguetes desestructurados y todo lo que tiene que ver con el juego simbólico, con el movimiento o la creatividad.

Antes de comprar un juguete, para mi es importante pensar. ¿Cuánto tiempo va a utilizar esto? Piezas de Lego, una cocinita, pinturas, unos patines… son ejemplos de juguetes que dan mucho juego y pueden durar mucho. Aun así, muchas veces, igual que cuando eran bebés, les gusta jugar con lo real y no con juguetes, construir una cuna con cojines, servir el té en tacitas de verdad o disfrazarse con nuestra ropa. Vamos que en esto de jugar muchas veces menos es más.

Para acabar el post quiero añadir una reflexión que colgué el otro día sobre las pistolas de juguete. Los juguetes no son ni buenos ni malos porque ningún juego está bien o mal. Si una niña juega a matar, a robar un banco, a hacer un pase de modelo, con pistolas o barbies, o lo que sea que quiera jugar, te puede gustar más o menos pero juzgar o cuestionar su juego es cuestionarla a ella. El juego ha de ser libre y mientras no haga daño a otras deberíamos permitirlo siempre porque si están jugando a eso es porque eso es lo que necesitan en ese momento.

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